Morfema Press

Es lo que es

José Ignacio Gerbasi

A estas alturas de diciembre de 2025, estoy convencido de que en el departamento de «Asignación de Batallas Celestiales» hubo un error de sistema; una cosa es ser un guerrero y otra muy distinta es que Dios me confunda con un multiverso completo de superpoderes. Me puso la resistencia de Superman y la terquedad de John McClane en Duro de Matar, pero también me obligó a sacar la armadura tecnológica de Iron Man para resolver lo imposible, la fuerza bruta de Hulk para no quebrarme y la agilidad mental de Spider-Man para esquivar los golpes de un año que no dio tregua. Me han dado tanta «fuerza» que ya no sé si soy un autor o un integrante de los Avengers en medio del Endgame, pero al final del día, solo puedo mirar al cielo y sonreír, porque si Él me dio esta carga es porque sabía que, aunque yo dudara, mis hombros aguantarían el peso de toda una saga.

En medio de este entrenamiento intensivo, me dio por mudarme de dimensión y aparecer en una reunión donde estaban los filósofos más grandes de la historia. Me senté a la mesa con Sócrates, quien me recordaba que este año solo me enseñó que «no sabía nada» y que ahí radicaba mi nueva sabiduría; Platón me hablaba de salir de la cueva de mis miedos, mientras Aristóteles me instaba a buscar el equilibrio en medio de la tormenta. Marco Aurelio, con su calma estoica, presidía la mesa rodeado de Séneca y Epicteto, quienes asentían cuando el emperador me soltó que lo más extraño de la vida es que a veces necesitamos ser despojados de todo, hasta del orgullo y de las ilusiones materiales, para descubrir nuestra verdadera esencia. Me hicieron entender que tocar fondo no es el fin, sino la base sólida, el bloque de mármol puro sobre el cual se forja una voluntad inquebrantable que ya no depende de lo externo para ser feliz.

En un rincón de esa reunión, el gran maestro Viktor Frankl me tomó del hombro para profundizar en la lección más vital: me explicó que el sufrimiento no es un vacío, sino un espacio donde el ser humano debe decidir quién quiere ser. Frankl me enseñó que no podemos elegir lo que nos sucede, pero somos los dueños absolutos de la respuesta que damos ante el dolor; que aquel que encuentra un «para qué» vivir, es capaz de soportar casi cualquier «cómo». Su enseñanza me caló hondo: este 2025 no fue un muro, fue un puente hacia un propósito superior que solo se alcanza cuando comprendes que tu libertad interior es lo único que nadie te puede arrebatar. Justo entonces, el viejo profesor de setenta años interrumpió el debate con su reloj de arena, siendo más explícito que nunca. Nos hizo mirar cómo cada grano que cae representa un segundo que muere y que jamás volverá; nos explicó que el cristal de arriba se vacía a una velocidad aterradora mientras nosotros perdemos el tiempo en orgullos absurdos, postergando el perdón a los padres o ese abrazo pendiente a los hijos. El reloj nos grita que la vida no es lo que pasará mañana, sino el rastro de arena que estamos dejando hoy, y que reconciliarnos con nuestra raíz es la única forma de que, cuando caiga el último grano, nuestro reloj no haya estado lleno de vacío, sino de amor entregado.

Al final, toda esta sabiduría humana y heroica se rinde ante la mayor de las verdades: Dios es quien le da sentido a cada pieza de este rompecabezas. Sin Su mano guiando mi «fuerza de superhéroe», este año solo habría sido ruido; pero no estuve solo. Siento el manto de la Virgen María protegiéndome en cada caída y el respaldo de mi incansable ejército de Santos: la intercesión de San Judas Tadeo en lo imposible, la disciplina espiritual del Padre Pío, la guía visionaria de Juan Pablo II, la generosidad de San Nicolás de Bari y la humildad transformadora de San Francisco de Asís, el  misericordioso josé Greorio Hernandez. Y al frente de todos ellos, mi protector mayor, el Arcángel San Miguel, quien con su espada desenvainada me recordó en cada batalla el grito que pone todo en su lugar: «Quis ut Deus?» (¿Quién como Dios?). Esa certeza de que nada es superior al Creador fue mi escudo definitivo. Cierro este ciclo con el corazón lleno, agradeciendo a mis lectores por su paciencia infinita y a los portales que me dieron voz. Espero seguir contando con ustedes en el 2026. Muchas bendiciones para todos, y nunca olviden que si el fuego quema, es porque nos está preparando para resurgir de las cenizas como el Ave Fénix, brillando con una luz que solo conocen aquellos que se atrevieron a renacer.

Vamos por más…

José Ignacio Gerbasi @jgerbasi

Por José Ignacio Gerbasi

Hoy, 30 de noviembre de 2025, la liturgia tiñe el mundo de un suave y solemne color morado. Con un susurro de fe, se ha encendido la primera vela y, con su tenue fulgor, se inaugura el tiempo más íntimo y esperanzador de nuestro calendario: el Adviento. No es un simple conteo de días hasta la fiesta de Navidad; es una profunda invitación a la espera activa, un verdadero bálsamo para el alma cansada.

El significado de la palabra Adviento es «llegada». Al encender la primera vela de nuestra Corona, la luminaria de la Esperanza, estamos haciendo mucho más que seguir una bella tradición; estamos elevando un grito de fe inquebrantable en medio de la incertidumbre.
Miramos la llama titilante, y en ella vemos reflejada la promesa inquebrantable de Dios, una caricia directa a nuestro espíritu:

«Cada lágrima que has derramado, cada obstáculo que has enfrentado, cada temor que ha intentado robarte la paz… querido hijo, todo tiene un propósito mayor.»

El Adviento es la época sagrada en que soltamos el control y recordamos, con una conmovedora y absoluta certeza, que los tiempos de Dios son perfectos. Es Él quien está orquestando el universo. Si hoy parece que la oscuridad se extiende, la llama de la vela nos recuerda que la Luz está a punto de llegar, y Su presencia lo transformará todo.

Este Primer Domingo es un momento hermoso, urgente y necesario para hacer una pausa. Detengámonos en la quietud de este instante. Silenciemos el ruido estridente del mundo, la prisa de las compras y las preocupaciones asfixiantes del mañana.

Reflexionemos con devoción sobre el verdadero significado de la Navidad. No son el árbol adornado, ni los regalos envueltos; es el milagro asombroso y humilde de que el Dios Todopoderoso se hizo vulnerable por amor a nosotros, naciendo en un pesebre.

Si tu corazón está exhausto, si te sientes a la deriva o si las luchas del año te han dejado profundas heridas, este es tu momento de sanación. El Adviento te suplica que te prepares para recibir a Jesús con un corazón renovado, limpio y dispuesto:

• Permite que la esperanza borre el resentimiento.
• Permite que la paz divina disuelva la ansiedad.
• Permite que el amor de Dios te haga sentir amado, digno y valioso de nuevo.

La certeza que emana de este tiempo litúrgico es que, tomados firmemente de la mano de Dios, todo, absolutamente todo, saldrá bien.

Puede que estas Navidades no sean exactamente como las habíamos planeado, pero serán, inefablemente, como Dios lo ha planeado. Él tiene un designio tejido con hilos de amor eterno. Él nunca llega tarde, y jamás se equivoca. El mismo poder sublime que movió las estrellas para guiar a los pastores, está obrando ahora mismo en tu vida y en tu familia.

El Adviento es el tiempo de la entrega total, el tiempo de decir desde lo más profundo del ser: «Confío». Confío en que, aunque mis ojos humanos no vean el final del camino, mi Padre celestial lo ve todo y me lleva con paso seguro.

Al contemplar esa pequeña y valiente llama de la primera vela, abracemos la esperanza de que el Niño Dios que viene a nacer es la fuente inagotable de nuestra paz y nuestra alegría. Que esta luz nos guíe en la oscuridad, nos consuele en la aflicción y nos dé la certeza absoluta de que, porque Él viene, nuestra espera jamás será en vano.

Que estas palabras resuenen como un eco divino en tu alma:

«Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.»
(Jeremías 29:11)
¡Que estas Navidades, y todo lo que el futuro depare, estén eternamente bendecidos por sus tiempos perfectos!

Vamos por más…
@jgerbasi

En tiempos de incertidumbre, como los que vivimos hoy, es fácil sentirse abrumado por las circunstancias externas. La pandemia, los cambios sociales, las crisis económicas y personales nos han llevado a cuestionar nuestra estabilidad y sentido de propósito. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijera que la vida no es lo que vemos, sino lo que interpretamos de lo que vemos? ¿Qué tal si te contara que la realidad no es un hecho inmutable, sino una creación constante de nuestra mente? La vida es una persecución, pero no de algo externo, sino de nosotros mismos. Perseguimos respuestas, certezas, felicidad, éxito, pero en el camino olvidamos que la clave no está en lo que ocurre, sino en cómo lo interpretamos. Nuestra mente es un filtro poderoso que moldea cada experiencia, cada desafío, cada momento. Lo que vemos no es la realidad objetiva, sino una versión subjetiva influenciada por nuestras creencias, valores, historias y emociones.

La filosofía y la psicología han explorado durante siglos la naturaleza de la realidad. Desde los antiguos estoicos hasta los modernos neurocientíficos, hay un consenso: nuestra percepción del mundo es una interpretación. Lo que para uno es una tragedia, para otro puede ser una oportunidad. Lo que para algunos es un obstáculo insuperable, para otros es un desafío que los impulsa a crecer. Como decía el filósofo Epicteto: «No son las cosas las que nos perturban, sino nuestra interpretación de ellas». Esta idea, que parece simple, encierra un poder transformador: podemos elegir cómo ver las cosas.

Imagina que estás frente a un problema. Puedes verlo como una barrera que te impide avanzar o como una oportunidad para aprender, fortalecerte y reinventarte. La diferencia no está en el problema, sino en tu interpretación. Y aquí radica el poder transformador de nuestra mente: podemos elegir cómo ver las cosas. El psicólogo Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, escribió en su libro El hombre en busca de sentido: «Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos». Frankl entendió que, incluso en las circunstancias más oscuras, siempre tenemos la libertad de elegir nuestra actitud.

La neurociencia ha demostrado que nuestros pensamientos no solo influyen en nuestro estado de ánimo, sino que también modifican la estructura de nuestro cerebro. Cada pensamiento genera conexiones neuronales, y cuando repetimos un pensamiento, esas conexiones se fortalecen. Esto significa que, si constantemente te enfocas en lo negativo, tu cerebro se adaptará para ser más eficiente en detectar y procesar lo negativo. Pero, ¿y si cambias el enfoque? El neurocientífico Richard Davidson, pionero en el estudio de las emociones y el cerebro, afirma: «El cerebro es plástico y puede ser moldeado por nuestras experiencias y pensamientos. Podemos entrenarlo para ser más resiliente y positivo».

Observa tus pensamientos. Identifica aquellos que te limitan, que te hacen sentir pequeño, que te roban la paz. No los juzgues, simplemente obsérvalos. Luego, cámbialos. Sustituye el «no puedo» por «voy a intentarlo», el «esto es un desastre» por «esto es una oportunidad para aprender». Al hacerlo, no solo estás cambiando tu estado de ánimo, sino que estás remodelando tu cerebro. Estás creando nuevas conexiones neuronales que te llevarán a ver el mundo de manera más positiva y constructiva.

En un mundo lleno de incertidumbre, es tentador ver las dificultades como enemigos. Pero ¿qué pasaría si las viéramos como maestros? Cada desafío es una invitación a crecer, a aprender, a reinventarnos. La clave está en cambiar nuestra interpretación. El filósofo Friedrich Nietzsche lo expresó de manera inspiradora: «Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo». Esta frase nos recuerda que encontrar un propósito y un sentido en medio de las dificultades nos da la fuerza para superarlas.

Piensa en las personas que admiras. Es probable que hayan enfrentado grandes dificultades, pero lo que las distingue es cómo las interpretaron. En lugar de verse como víctimas, se vieron como protagonistas de su propia historia. Transformaron el dolor en propósito, el miedo en valentía, la incertidumbre en creatividad. Como decía Carl Jung: «No soy lo que me sucedió, soy lo que elegí ser».

Hoy, en medio de la incertidumbre, te invito a reflexionar: ¿cómo estás interpretando tu realidad? ¿Estás viendo los desafíos como obstáculos o como oportunidades? ¿Estás permitiendo que tus pensamientos negativos dominen tu mente, o estás tomando el control para transformarlos? Recuerda, la vida es una persecución, pero no de algo externo, sino de la mejor versión de ti mismo. Cada pensamiento, cada interpretación, cada decisión es un paso hacia esa versión. No tienes control sobre todo lo que ocurre, pero sí tienes control sobre cómo lo interpretas y cómo respondes.

La vida no es lo que vemos, sino lo que interpretamos de lo que vemos. Nuestra realidad es una creación constante, moldeada por nuestros pensamientos, creencias y valores. En tiempos de incertidumbre, esta perspectiva es más importante que nunca. Nos recuerda que, aunque no podemos controlar todo lo que nos sucede, sí podemos controlar cómo lo interpretamos y cómo respondemos. Observa tus pensamientos, cambia los negativos por positivos, y verás cómo tu realidad comienza a transformarse. La dificultad no es el final del camino, sino el inicio de una nueva oportunidad. La vida es una persecución, pero la meta no está afuera, está dentro de ti.

¿Qué versión de la realidad vas a crear hoy?

Vamos por más….

@jgerbasi

En tiempos de incertidumbre, como los que vivimos hoy, es fácil sentirse abrumado por las circunstancias externas. La pandemia, los cambios sociales, las crisis económicas y personales nos han llevado a cuestionar nuestra estabilidad y sentido de propósito. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijera que la vida no es lo que vemos, sino lo que interpretamos de lo que vemos? ¿Qué tal si te contara que la realidad no es un hecho inmutable, sino una creación constante de nuestra mente? La vida es una persecución, pero no de algo externo, sino de nosotros mismos. Perseguimos respuestas, certezas, felicidad, éxito, pero en el camino olvidamos que la clave no está en lo que ocurre, sino en cómo lo interpretamos. Nuestra mente es un filtro poderoso que moldea cada experiencia, cada desafío, cada momento. Lo que vemos no es la realidad objetiva, sino una versión subjetiva influenciada por nuestras creencias, valores, historias y emociones.

La filosofía y la psicología han explorado durante siglos la naturaleza de la realidad. Desde los antiguos estoicos hasta los modernos neurocientíficos, hay un consenso: nuestra percepción del mundo es una interpretación. Lo que para uno es una tragedia, para otro puede ser una oportunidad. Lo que para algunos es un obstáculo insuperable, para otros es un desafío que los impulsa a crecer. Como decía el filósofo Epicteto: «No son las cosas las que nos perturban, sino nuestra interpretación de ellas». Esta idea, que parece simple, encierra un poder transformador: podemos elegir cómo ver las cosas.

Imagina que estás frente a un problema. Puedes verlo como una barrera que te impide avanzar o como una oportunidad para aprender, fortalecerte y reinventarte. La diferencia no está en el problema, sino en tu interpretación. Y aquí radica el poder transformador de nuestra mente: podemos elegir cómo ver las cosas. El psicólogo Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, escribió en su libro El hombre en busca de sentido: «Cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos». Frankl entendió que, incluso en las circunstancias más oscuras, siempre tenemos la libertad de elegir nuestra actitud.

La neurociencia ha demostrado que nuestros pensamientos no solo influyen en nuestro estado de ánimo, sino que también modifican la estructura de nuestro cerebro. Cada pensamiento genera conexiones neuronales, y cuando repetimos un pensamiento, esas conexiones se fortalecen. Esto significa que, si constantemente te enfocas en lo negativo, tu cerebro se adaptará para ser más eficiente en detectar y procesar lo negativo. Pero, ¿y si cambias el enfoque? El neurocientífico Richard Davidson, pionero en el estudio de las emociones y el cerebro, afirma: «El cerebro es plástico y puede ser moldeado por nuestras experiencias y pensamientos. Podemos entrenarlo para ser más resiliente y positivo».

Observa tus pensamientos. Identifica aquellos que te limitan, que te hacen sentir pequeño, que te roban la paz. No los juzgues, simplemente obsérvalos. Luego, cámbialos. Sustituye el «no puedo» por «voy a intentarlo», el «esto es un desastre» por «esto es una oportunidad para aprender». Al hacerlo, no solo estás cambiando tu estado de ánimo, sino que estás remodelando tu cerebro. Estás creando nuevas conexiones neuronales que te llevarán a ver el mundo de manera más positiva y constructiva.

En un mundo lleno de incertidumbre, es tentador ver las dificultades como enemigos. Pero ¿qué pasaría si las viéramos como maestros? Cada desafío es una invitación a crecer, a aprender, a reinventarnos. La clave está en cambiar nuestra interpretación. El filósofo Friedrich Nietzsche lo expresó de manera inspiradora: «Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo». Esta frase nos recuerda que encontrar un propósito y un sentido en medio de las dificultades nos da la fuerza para superarlas.

Piensa en las personas que admiras. Es probable que hayan enfrentado grandes dificultades, pero lo que las distingue es cómo las interpretaron. En lugar de verse como víctimas, se vieron como protagonistas de su propia historia. Transformaron el dolor en propósito, el miedo en valentía, la incertidumbre en creatividad. Como decía Carl Jung: «No soy lo que me sucedió, soy lo que elegí ser».

Hoy, en medio de la incertidumbre, te invito a reflexionar: ¿cómo estás interpretando tu realidad? ¿Estás viendo los desafíos como obstáculos o como oportunidades? ¿Estás permitiendo que tus pensamientos negativos dominen tu mente, o estás tomando el control para transformarlos? Recuerda, la vida es una persecución, pero no de algo externo, sino de la mejor versión de ti mismo. Cada pensamiento, cada interpretación, cada decisión es un paso hacia esa versión. No tienes control sobre todo lo que ocurre, pero sí tienes control sobre cómo lo interpretas y cómo respondes.

La vida no es lo que vemos, sino lo que interpretamos de lo que vemos. Nuestra realidad es una creación constante, moldeada por nuestros pensamientos, creencias y valores. En tiempos de incertidumbre, esta perspectiva es más importante que nunca. Nos recuerda que, aunque no podemos controlar todo lo que nos sucede, sí podemos controlar cómo lo interpretamos y cómo respondemos. Observa tus pensamientos, cambia los negativos por positivos, y verás cómo tu realidad comienza a transformarse. La dificultad no es el final del camino, sino el inicio de una nueva oportunidad. La vida es una persecución, pero la meta no está afuera, está dentro de ti.

¿Qué versión de la realidad vas a crear hoy?

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@jgerbasi

Por José Ignacio Gerbasi

En el vasto mundo del deporte, hay momentos que trascienden más allá de las victorias y derrotas, y que nos enseñan sobre la verdadera grandeza. Uno de esos momentos ocurrió cuando Roger Federer, uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos, escribió recientemente una carta ,  profundamente emotiva y sincera a su eterno rival y amigo, Rafael Nadal, al enterarse de que este último se prepara para su retiro del tenis.

Federer comienza su carta con una honestidad que solo los verdaderamente humildes pueden mostrar: «Me has ganado mucho. Más de lo que yo logré vencerte». En estas palabras, no hay rastro de resentimiento, sino una aceptación humilde de la realidad y un reconocimiento del talento extraordinario de Nadal. Este es un testimonio de lo que hace grande a Federer; su capacidad para admirar y aprender de sus competidores.

La carta avanza narrando la inmensa influencia que Rafa tuvo sobre Roger. Desde forzarle a reinventar su juego hasta los intensos rituales de preparación que Nadal sigue religiosamente. «Secretamente, me encantaba todo», admite Federer, mostrando su respeto por la pasión y dedicación de Nadal. Estas líneas nos recuerdan que la verdadera competencia no solo se trata de superar al otro, sino de inspirarse mutuamente para alcanzar nuevas alturas.

Federer y Nadal no solo compartieron la cancha, sino también momentos memorables que quedaron grabados en la historia del tenis. Roger recuerda con cariño el récord de asistencia que rompieron juntos en Ciudad del Cabo, las interminables ceremonias de entrega de trofeos, y especialmente, el momento en que Federer se invitó a sí mismo a la inauguración de la Rafa Nadal Academy en 2016. Estos recuerdos no solo reflejan la camaradería entre ellos, sino también su compromiso conjunto con el desarrollo del deporte.

La anécdota de la Laver Cup de 2022, donde Federer jugó su último partido junto a Nadal como compañero de dobles, es uno de los momentos más conmovedores de la carta. «Compartir la pista contigo esa noche, y compartir esas lágrimas, será para siempre uno de los momentos más especiales de mi carrera», escribe Federer. Este momento no solo marcó el fin de una era, sino que también simbolizó la fuerza de una amistad construida sobre el respeto mutuo y la admiración.

Luis Alfredo Álvarez, el renombrado comentarista deportivo, lo dijo mejor: «No hay nadie más grande, pero más grande que Roger Federer… yo le agregaría, o Rafa Nadal… ¡o ambos, dependiendo del día y el clima!» Esta frase captura la esencia de la grandeza que ambos tenistas han mostrado a lo largo de sus carreras. No es solo su habilidad en la cancha lo que los hace grandes, sino su humildad, humanidad y la capacidad de inspirar a millones de personas en todo el mundo. La humildad de Roger en escribir esta carta es precisamente lo que destaca por qué no hay nadie más grande que él.

La carta de Federer a Nadal es un recordatorio de que la verdadera grandeza no se mide solo por los trofeos y títulos, sino por la humildad y el respeto que mostramos a los demás. Es un testimonio de que, en la vida, como en el deporte, lo que realmente importa es el viaje compartido y las relaciones que construimos en el camino.

Rafa, mientras te preparas para el último tramo de tu épica carrera, ten la certeza de que tu legado no solo se encuentra en los récords que has establecido, sino en el corazón de todos aquellos a los que has inspirado, incluyendo a tu viejo amigo Roger Federer.

Además, quiero expresar mi profundo agradecimiento tanto a Roger como a Rafa por ser una fuente inagotable de inspiración para mi hija, Ana Gabriela. Su pasión por el tenis, sus triunfos y derrotas, y su carrera representando a Venezuela son un reflejo de los valores que ustedes dos encarnan. Sin duda, Ana Gabriela vivió la mejor época del tenis, aprendiendo y siguiendo el ejemplo de dos gigantes del deporte. Gracias, Roger. Gracias, Rafa.

Vamos por mas…

@jgerbasi

Aquí La carta de Roger Para Rafa., disfrutenla. 

Vamos, Rafa!

Ahora que te preparas para dejar el tenis, tengo algunas cosas que contarte antes de ponerme sentimental.

Empecemos por lo obvio: me has ganado mucho. Más de lo que yo logré vencerte. Me desafiaste de una forma que nadie más podía. En tierra batida, me sentí como si entrara en tu patio trasero, y me hiciste trabajar más duro de lo que nunca pensé que podría sólo para mantenerme firme. Me hiciste reimaginar mi juego, hasta el punto de cambiar el tamaño de la cabeza de mi raqueta, con la esperanza de obtener alguna ventaja.

No soy una persona muy supersticiosa, pero tú lo llevaste al siguiente nivel. Todo tu proceso. Todos esos rituales. Montando tus botellas de agua como soldados de juguete en formación, arreglándote el pelo, ajustándote la ropa interior… Todo ello con la máxima intensidad. Secretamente, me encantaba todo. Porque era tan único, tan tú.

Y sabes qué, Rafa, me hiciste disfrutar aún más del partido.

Vale, quizá no al principio. Después del Open de Australia de 2004, conseguí por primera vez el número 1 del ranking. Pensé que estaba en la cima del mundo. Y lo estaba, hasta dos meses después, cuando entraste en la pista en Miami con tu camiseta roja sin mangas, enseñando esos bíceps, y me derrotaste de forma convincente. Todos los rumores que había oído sobre ti -sobre este increíble joven jugador de Mallorca, un talento generacional, que probablemente ganaría un grande algún día- no eran sólo exageraciones.

Los dos estábamos al principio de nuestro viaje, que acabamos haciendo juntos. Veinte años después, Rafa, tengo que decirlo: Has tenido una carrera increíble. Incluyendo 14 Abiertos de Francia, ¡histórico! Enorgulleciste a España… Enorgulleciste a todo el mundo del tenis.

No dejo de pensar en los recuerdos que hemos compartido. Promoviendo el deporte juntos. Jugando aquel partido sobre mitad hierba, mitad tierra batida. Rompiendo el récord de asistencia de todos los tiempos al jugar ante más de 50.000 aficionados en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Siempre haciéndonos reír. Agotarse mutuamente en la cancha y luego, a veces, tener que sostenerse casi literalmente durante las ceremonias de entrega de trofeos.

Todavía estoy agradecido de que me invitaras a Mallorca para ayudar a lanzar la Rafa Nadal Academy en 2016. En realidad, me invité a mí mismo. Sabía que eras demasiado educado para insistir en que estuviera allí, pero no quería perdérmelo. Siempre has sido un modelo a seguir para los niños de todo el mundo, y Mirka y yo estamos muy contentos de que todos nuestros hijos hayan entrenado en tus academias. Se lo han pasado en grande y han aprendido mucho, como miles de otros jóvenes jugadores. Aunque siempre me preocupó que mis hijos volvieran a casa jugando al tenis como zurdos.

Y luego estaba Londres, la Laver Cup de 2022. Mi partido final. Significó todo para mí que estuvieras allí a mi lado, no como mi rival, sino como mi compañero de dobles. Compartir la pista contigo esa noche, y compartir esas lágrimas, será para siempre uno de los momentos más especiales de mi carrera.

Rafa, sé que estás centrado en el último tramo de tu épica carrera. Hablaremos cuando haya terminado. Por ahora, sólo quiero felicitar a tu familia y a tu equipo, que han desempeñado un papel muy importante en tu éxito. Y quiero que sepas que tu viejo amigo siempre te anima, y te animará igual de fuerte en todo lo que hagas a continuación.

Un saludo siempre, tu admirador, Roger

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