Julio César Arreaza B.

Por Julio César Arreaza B.

Certeza y esperanza son dos palabras que, entrelazadas, configuran una realidad favorable y próxima en el tiempo: que la persona nombrada por el narco usurpador preso, hoy recluido en una prisión federal del estado de Nueva York, no seguirá gobernando ni operando, mejor dicho, bajo las órdenes de su tutor por mucho tiempo más.

Hay un vacío de poder, porque quien pretende gobernar lo hace con toda la gente en su contra. No tenemos presidente, sino una usurpadora interina.

El tutelaje ciertamente tiene límites, indicados y exigidos por el respeto a la dignidad nacional: el tutelaje no abarca la soberanía popular. Y esto lo haremos respetar, duélale a quien le duela.

Tenemos a una líder con legitimidad que goza de algo fundamental en este inédito juego de poderes: la representatividad. El respaldo recibido en las primarias fue del orden del 93% y nos atrevemos a decir que aún lo mantiene. Su presencia en el país es clave para guiar a las grandes mayorías asentadas en los cuatro puntos cardinales de Venezuela hacia el rescate de la democracia mediante elecciones libres, verificables y limpias.

Las Asambleas de 2015 y 2026 ni de lejos gozan hoy de la representación que ostenta María Corina Machado. Se habla de la designación de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, lo cual nos parece innecesario, porque contamos con uno legítimo, cuyo período sigue vigente, designado en su momento, constitucionalmente, por la Asamblea de 2015, y que hoy se encuentra en el exilio, aventado por la tiranía. Su regreso al país es propicio y, además, necesario para que designe, como lo exige la participación activa de la ciudadanía, una junta de gobierno que se encargue de adoptar las medidas necesarias, aunque difíciles, que hagan posible entregar a la próxima presidenta de la República, que elegiremos, Dios mediante, el 24 de julio de 2027, un país con algunas instituciones básicas funcionando con normalidad.

Un país nunca debe gobernarse al margen de la gente.

Venezuela se consolidó en el pasado como un suministrador seguro y confiable de petróleo, desde las presidencias de Betancourt y Kennedy, quienes fueron muy amigos y compartieron la idea de auspiciar regímenes democráticos en el continente. No deseamos, de ninguna manera, que la administración Trump siga perdiendo capital político mediante la equivocada y prolongada decisión de mantener en el poder a los criminales que destruyeron a Venezuela. No duele la puñalada en cuerpo ajeno. El lobo puede perder el pelo, pero no las mañas; esto último puede aplicarse al interinato ilegítimo con el ascenso de los peores en el área militar.

La situación resulta atentatoria contra el marco de principios y valores profundos republicanos de la nación venezolana.

La única garantía de que las inversiones y los contratos petroleros sean respetados es que sean suscritos por autoridades legítimas. Los hampones jamás romperán con sus vicios y será anulado cualquier contrato de interés nacional suscrito por ellos, ya que carecen totalmente de legitimidad y son parte esencial del narcorégimen.

Por cierto, las conversaciones programadas para el 1 de agosto deberán estar precedidas, de verdad, por la liberación de todos los presos políticos y por la eliminación de cualquier medida judicial arbitraria e infundada contra la diáspora.

Tenemos la certeza y la esperanza de que estamos a las puertas de un tiempo nuevo, bajo el liderazgo coherente, bien bregado y legítimamente ganado de María Corina Machado.

¡Libertad plena para los presos políticos!

Todo comenzó con la extracción del capo mayor y la primera delincuente el 3 de enero. Se puso término a 27 años de ignominia y dura dictadura ejercida, con maldad, en contra de un pueblo de sustrato democrático. Esto justifica, en un primer momento, la tutela de Estados Unidos, que decidió dejar a cargo del poder a la misma estructura criminal, ahora descabezada, para evitar así el caos, mientras se adelantan acciones para el desmantelamiento de la dictadura.

Le ha correspondido al régimen interino convertirse, ipso facto, en un suspiro, en un vasallo, lacayo y arrodillado del imperio que un minuto antes denigraba. “Sancho, cosas veredes”. Se fue Alí Babá, pero quedaron los 40 ladrones, opina el pueblo. No están pagando por lo que han hecho.

Inadmisible: a más de 3 meses todavía se mantienen en las mazmorras 500 presos políticos, los ilegítimos interinos se inventaron con su asamblea un adefesio de Ley de Amnistía, para no soltar a los presos políticos y blanquearse ellos, los verdaderos criminales.

El pueblo democrático venezolano observa, estupefacto, el despropósito de tamaña artimaña y no entiende la paciencia del tutor ante la vil injusticia e incumplimiento de la promesa de liberación inmediata. No tiene nombre el sufrimiento innecesario y sádico de los inocentes y sus familias, en un país en que sus instituciones fueron destruidas y, en particular, la justicia se trastocó y fue convertida en el jardín de los Flores, con terrorismo de Estado sumado.

La encuestadora Meganálisis, la más seria y profesional del país, arroja estos datos. Si las elecciones fueran hoy: María Corina Machado 81,2%; Delcy Rodríguez 4,5% y Enrique Márquez 0,9%. Las palabras sobran.

El país reclama el saneamiento político, entender los deseos de las mayorías, reconocer lo que sienten, hablarles a ellas y resolver sus ingentes problemas, en lugar de dejar transcurrir tiempo valioso mientras los interinos borran las trazas de sus delitos.

Estamos ante un Estado fallido que lleva más de 27 años de irrespeto a los derechos humanos y de negación de la dignidad humana; una claque que se enriqueció obscenamente al alimón de empobrecer a todo un pueblo.

Esta gente salió de las tinieblas, de la oscuridad más negra, deformados por el odio, clasificando entre amigos y enemigos del mal que ellos representan. Esa minoría irredenta y podrida no puede estar al frente de la sociedad.

El reencuentro se dará entre los venezolanos de bien y jamás con los torturadores, quienes han infligido el más duro sufrimiento a la familia venezolana. No tienen remedio. El statu quo se agotó.

De una cosa estamos seguros: Venezuela va a prosperar cuando tenga una democracia estable, con justicia sin venganza, poderes independientes y garantías para todos.

El objetivo nunca será el fortalecimiento de una dictadura comunista, su potabilización o maquillaje superficial, estamos hartos de convivir con gente que respira crímenes y violencia y mantiene la sociedad en la zozobra.

Los hermanitos Gatopardo se lanzan a la caza para salvarse y consolidarse. Ellos son la misma esencia de lo que había antes, son sus cómplices y, a veces, hasta los ejecutores principales, presentes en la cadena de mando. Los venezolanos nobles son buenos, pero no pendejos.

La recuperación de Venezuela será con un gobierno democrático y estable elegido por la soberanía popular; con leyes y tribunales, con legitimidad y autoridades competentes con proyección de obras a largo plazo. Con el Estado de derecho vendrán las inversiones.

La transición se irá configurando cuando se comiencen a nombrar a ciudadanos con méritos para los altos cargos de Estado; la espuria asamblea acaba de designar a dos factores del chavismo en los cargos de fiscal y defensor del pueblo. Era la oportunidad de oro de concretar pasos efectivos en la ruta de la transición democrática, de pasar de A a B. Nada que ver. No hay avances, sino la misma trampa de siempre y el intento de ir ganando tiempo.

Estamos ante un cambio de época. No podemos convertirnos en indiferentes ante el mal, en un mundo apático a la violencia cuando no le afecta directamente. Marchan displicentes hacia el abismo de la inhumanidad y el fin de la civilización.

¡Libertad plena para los presos políticos!

Por Julio César Arreaza B.

El valor de haber llegado hasta aquí constituye una hazaña que corresponde a la conciencia ciudadana activada. No se trata de un espectáculo verosímil de elecciones, sino de una elección de verdad, como debe ser.  

Los ciudadanos decidieron reivindicar el fundamento de la República, como es la soberanía popular. Dejando de lado el CNE que es Maduro con sus reglas y cartas marcadas. 

Sin la actuación contundente de los ciudadanos, no se puede actuar de manera efectiva contra el régimen. Acudir a las primarias es un acto de resistencia, es asumir la conciencia histórica de darle a Venezuela el destino que le corresponde. Vamos a elegir con nuestro voto al liderazgo del coraje, que nos conducirá a la reconquista de la libertad y de la democracia. Es hora de reemplazar a un “liderazgo” deslegitimado que nos llevó de fracaso en fracaso. 

Enfrentaremos a los responsables de la destrucción política de una sociedad. Con inteligencia grupal vamos caminando hacia el objetivo de la salida del peor régimen y más ladrón de nuestra historia republicana, que aplicó el peor paquete económico y social contra un pueblo, con la tragedia de la denegación de justicia y la sistemática violación de sus derechos humanos.  

Se ha mantenido la corporación criminal con base a la lógica despiadada del hambre, la represión brutal y la supresión de libertades. Venezuela fue condenada a la oscuridad. La normalización forzada no resultó, el 70% de los emprendimientos de restaurantes fracasaron, por costos imposibles de manejar.  

La primaria de la gente le dice No al socialismo, que se nos vendió como el cielo en la tierra y acabó configurando un país distópico, apocalíptico, responsabilidad absoluta de estos criminales y de su “opolaboracion” complaciente y vergonzosa, que ya no tendrá más la responsabilidad del liderazgo.  

Venezuela se convierte en un movimiento social decidido a enterrar al socialismo.  

La realidad lacerante describe que solo en un mes 60.000 venezolanos trataron de entrar por México a los Estados Unidos. La migración solo se resolverá con la salida del usurpador del poder, que trajo miseria y muerte. 

La primaria arrojará más de 8 millones de votos, porque esa cantidad de venezolanos en la diáspora ya votó contra el régimen forajido. 

Clama justicia la destrucción de una generación: la emergencia humanitaria, que ha perdido irreversiblemente su capacidad para desarrollar sus potencialidades.  

Niños que asisten a la escuela destartalada, dos veces a la semana, con improvisados maestros de la “chamba juvenil”.  

La víctima social de esta ignominia ha sido la infancia, se le borró su mundo, sin capacidad de aprender y alimentarse.  

La real y ominosa sanción ha sido este régimen, que nos ha dejado una huella de destrucción. El usurpador sacrifica a un país entero para permanecer en el poder, toda la data de nuestra identidad la tiene Cuba, que es el país ante el cual se ha prosternando el régimen, lesionando la soberanía en forma infame.  

El fin del nuevo liderazgo que surgirá de las primarias es, entre otros, reunir de nuevo a la familia venezolana, hoy dispersa en diferentes países. 

Venezuela encuentra su camino y ha dado un paso trascendente, que merece la admiración del mundo. 

¡Libertad para Javier Tarazona, Emilio Negrín y John Álvarez! ¡No más prisioneros políticos, torturados, asesinados ni exiliados! 

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