Morfema Press

Es lo que es

Luis Emilio Bruni

Por Luis Emilio Bruni

Para quienes no son venezolanos, la tortura psicológica y el “menticidio” ejercidos durante 26 años por el régimen chavista pueden entenderse mejor a la luz del lúcido psiquiatra de la resistencia holandesa bajo el nazismo, Joost Meerloo, autor de El estupro de la mente (1956).

El régimen chavista no se limitó a controlar el aparato del Estado: se propuso colonizar la intimidad de los ciudadanos. Desde sus inicios copó los medios de comunicación, falsificó la historia y profanó los símbolos fundacionales de la nación, vaciándolos de significado para rellenarlos con una mitología de estética grotesca.

Al mismo tiempo, el régimen desplegó un sistema de vigilancia y delación masiva, sembró bandas armadas en los barrios y levantó cuerpos de seguridad especializados en el terror ejemplarizante, combinando campañas psicológicas planificadas con torturas, secuestros y asesinatos para sembrar sistemáticamente la desesperanza aprendida. Convirtió el hostigamiento mediático y la amenaza televisada en un espectáculo cotidiano de humillación desde las altas esferas del poder: desde las invasivas cadenas nacionales de Chávez, pasando por las alocuciones cínicas de Jorge Rodríguez y las semanales amenazas criminales de Cabello en la “televisión del Estado”, hasta los ridículos bailes televisados del propio Maduro – metáforas de un descaro amoral que busca someter por el escarnio.

No se trataba solo de dominar: se trataba de quebrar la capacidad de los venezolanos para pensar, recordar y cultivar esperanzas por sí mismos. Meerloo habría reconocido en este régimen una estrategia perfecta de “menticidio”: destruir la mente libre sustituyéndola por reflejos de miedo, cinismo y resignación. Cada protesta aplastada, cada fraude tolerado, cada diálogo frustrado enseñaba silenciosamente que ninguna acción tenía consecuencias y que cualquier intento de cambio solo traería mayor sufrimiento.

El ciudadano se vio reducido a lo que Meerloo describe en su régimen prototípico “Totalitaria”: un ser vigilado, obligado a reírse de sus propias miserias o a callar para sobrevivir, refugiado en la apatía como último escudo psíquico ante un Estado que parecía omnipotente. Era el triunfo casi definitivo del estupro de la mente: una sociedad desgarrada, anómica y exhausta, que empezaba a aceptar como un ineludible destino lo que en un principio había vivido como catástrofe.

En ese paisaje de voluntades abatidas es donde el fenómeno de María Corina Machado adquiere su verdadera dimensión psicológica, política y espiritual. Sus campañas de 2023 y 2024, precedidas por años de discretos, pero efectivos, recorridos por todo el país, no fueron solamente una gesta organizativa impecable ni una cadena de mítines multitudinarios sin precedentes; fueron, ante todo, una verdadera operación masiva de “desmenticidio”: una contraofensiva dirigida al núcleo mismo del estupro mental que el régimen había tratado de consumar casi con éxito total.

Allí donde el poder había sembrado un miedo paralizante, ella rompió el hechizo hablando sin eufemismos de la naturaleza criminal del régimen, empoderando al ciudadano con su responsabilidad personal. Allí donde se había impuesto el silencio vergonzante del exilio interior, ella obligó a pronunciar en voz alta lo que durante años solo pocos murmuraban en privado.

Frente a la logomaquia oficialista, devolvió al lenguaje su función de nombrar las cosas por lo que son y de convocar a la acción, rompiendo con la retórica y las prácticas de una oposición que recurrentemente resultó complaciente, normalizadora y funcional al sistema que decían combatir, y que contribuía con su gaslighting al menticidio en curso.

Lo decisivo, en clave meerloiana, es que María Corina no se limitó a denunciar al verdugo: desmontó la jaula mental que lo hacía invencible. Rompió la narrativa de la impotencia —del “no se puede”, del “ellos siempre se salen con la suya”— y la reemplazó por una ética de responsabilidad ciudadana que devolvía a cada venezolano un lugar activo en la historia. La multitud anómica y culpabilizada se volvió a reconocer como pueblo político, sembrando confianza mutua. El miedo, aunque persistente, dejó de ser el argumento último. Millones de personas que llevaban años votando con desgano o sumidas en la abstención volvieron a involucrarse con una intensidad que el régimen y sus normalizadores no previeron. Ese giro subjetivo —ese cambio en la economía íntima del miedo y de la esperanza— es, precisamente, la emancipación del menticidio.

Por eso puede decirse, sin exageración retórica, que la verdadera hazaña de María Corina Machado no ha sido solo desafiar pacíficamente a una maquinaria represiva a punta de mística y organización. Fue, sobre todo, liberar a una nación del yugo de la mente estuprada. Una proeza de sanación colectiva que los detractores del Premio Nobel bien podrían añadir a la larga lista de sus méritos. Al devolver a las palabras su peso, a los símbolos su dignidad y a las personas su condición de sujetos, quebró el hechizo psicológico sobre el que se sostenía el poder totalitario.

Aun cuando el cambio político formal no se haya consumado, algo fundamental se ha roto en la estructura del miedo: la inmensa mayoría de los venezolanos ha dejado de ver al régimen como un destino inexorable y ahora lo ve como un obstáculo contingente de corto plazo. Este despertar es irreversible. La batalla por la mente —que es siempre la batalla decisiva— se ha decantado del lado de la dignidad recuperada y de una esperanza que ya no es ilusión inducida, sino fruto de una conciencia que ha pasado por el abismo, y no está dispuesta a caer de nuevo en las garras del menticidio chavista, ni de ningún otro signo.

Por Luis Emilio Bruni

En gran medida, es cierto que al régimen chavista solo le queda la fuerza y la represión brutal para sostenerse en el poder. Desde el punto de vista internacional perdió irreversiblemente y para siempre el título de “autocracia electoral” y pasó a ser percibido como lo que es, una autocracia militarizada y corrupta.

Pero consciente de que la coerción y el terror no son suficientes en el mediano y largo plazo, en su inútil afán de confeccionar algún nuevo disfraz de legitimidad, el régimen repotencia la acción coordinada de su vasta red de patronazgo clientelar, que incluye políticos de “oposición”, “líderes” empresariales, analistas “pragmáticos”, periodistas “objetivos”, y los muy de moda “prestigiosos” académicos que pretenden vender la idea de que están más allá del bien y del mal.   

Para la abrumadora mayoría de los venezolanos, conscientes de la encrucijada histórica en la que estamos para salvar a la nación de la degradación moral en la que la ha sido sumida, y evitar que su gentilicio y su historia se disipen irreversiblemente en el abismo del chavismo, es imprescindible tener conciencia de cómo opera dicha red de patronazgo. Se necesita poder identificar a todos los actores nacionales e internacionales que cotidianamente operan públicamente, con grandes medios de difusión a su disposición, para desmoralizar, confundir y vilipendiar a la noble causa de la nación de recuperar su libertad, su soberanía, el Estado de Derecho y la plena vigencia de todos sus derechos humanos.

Y vaya que los venezolanos están conscientes. Lo que los científicos políticos y sociales denominan “redes de patronazgo” en Venezuela se define con mucha precisión como una red interconectada de varios tipos de operadores identificados popularmente como alacranes, normalizadores y enchufados.

Existe una extensa literatura académica internacional que analiza detalladamente el funcionamiento de las redes de patronazgo en regímenes autocráticos. Esta literatura incluye una amplia variedad de casos históricos y contemporáneos con decenas de miles de artículos disponibles en los principales repositorios de literatura científica. Dada la relevancia del tema para las circunstancias venezolanas, sería un deber histórico de la Academia Venezolana de Ciencias Políticas y Sociales encomendar a sus nuevos miembros un extensivo trabajo de investigación sobre cómo funciona una red de patronazgo en el contexto de una autocracia con las características del régimen venezolano. La pregunta de investigación podría ser algo así como: ¿Cuáles son las categorías de actores que operan en ella? ¿Quiénes son? ¿Cómo identificarlos?

Las redes de patronazgo son estructuras informales que operan fuera de las instituciones oficiales y se basan en relaciones personales de reciprocidad entre patrones, clientes  e intermediarios. Estas redes se caracterizan por la distribución estratégica de recursos materiales (como contratos estatales, licencias comerciales o acceso a financiamientos) y no materiales (como protección política, inmunidad legal, reconocimientos o estatus social) para garantizar la lealtad y el control político. Su función principal es consolidar el poder del régimen mediante la creación de dependencias mutuas, la cooptación de opositores y la centralización de recursos, lo que permite gestionar la disidencia y mantener la estabilidad del sistema. Además, estas redes son altamente adaptables, sobreviviendo a mutaciones del régimen y ajustándose a nuevas circunstancias políticas y económicas. Sostienen los estudios que su existencia socava las instituciones formales, perpetúa la corrupción y dificulta las transiciones democráticas, ya que crean estructuras de poder paralelas y relaciones de dependencia que complican cualquier esfuerzo de transición o democratización. Muchos de los actores en esas redes puede que ni siquiera estén conscientes de que su red particular está cooptada en la “red de redes”, ya que generan narrativas legitimadoras que alivian cualquier cargo de conciencia.

Quienes no comprendieron el giro estratégico de Maria Corina Machado y trataron de banalizarlo, aplicándole a ella lo que ella misma había sostenido en el pasado sobre el colaboracionismo del G4, no lograron captar que la estrategia iba mucho más allá de simplemente «votar y cobrar». Se trataba de establecer un hito irreversible que expusiera por completo, no solo al régimen en su totalidad —incluyendo a todos los poderes del Estado en su conjunto—, sino también a toda la red de colaboracionistas y normalizadores.

 Esta red, integrada por políticos, empresarios, encuestadores y otros actores, ha quedado progresivamente al descubierto, hasta llegar a su última línea de defensa: los académicos. Hoy, sus máscaras se desploman estrepitosamente ante los ojos de los venezolanos. Al igual que el régimen, perdieron la guerra narrativa. Ya nadie les compra sus cuentos de camino sobre la polarización, las sanciones, o sobre el supuesto radicalismo de MCM y los millones de ciudadanos que la apoyan. La comunidad e instituciones internacionales tampoco les creen. Allí también perdieron irreversiblemente la narrativa y el dinero que gastan en sus viajes normalizadores. Que vayan a tratar de convencer a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que el problema en Venezuela es de dos grupos radicalizados que se contraponen, a ver cómo les va.  

Por ejemplo, toda esa reflexión presentada por los voceros del Foro Cívico en una reciente entrevista con el medio TalCual Digital – que si el conflicto es simétrico o asimétrico, que si no importa la dimensión de “una de las partes” o de “la otra”, que si los conflictos son inherentes a cualquier sociedad, o a la vida humana misma, etc. – son solo eufemismos para evitar caracterizar el horror. Hasta llegan a sostener que el conflicto surge porque no tenemos ¡“los mecanismos para dirimir los conflictos naturales que hay en cualquier sociedad”! O sea, que el origen de todo este horror yace en que no sabemos dirimir los conflictos que tiene cualquier sociedad por ejemplo como la danesa, la japonesa o la suiza. Esgrimen el enunciado paradójico de que se necesita la unión de la nación y de los ciudadanos para exigir el cumplimiento de la ley invitando “a espacios de diálogos entre ciudadanos que puedan articular un movimiento social que le exija a AMBAS PARTES” nada más y nada menos que el cumplimiento de la ley y el apego a la Constitución para hacer valer la soberanía popular.  ¡¿Es que hay dos partes que no respetan la soberanía popular?! Escúchenlo ustedes mismos (minuto 55:42: https://www.youtube.com/live/t_1S_ycnmDM).

En vez de presentar los resultados electorales del 28 de Julio como hacen cientos de miles de venezolanos en la diáspora, dicen que en sus giras entregan los resultados de un “proceso de diálogo” que generó “la agenda social y de derecho”, que vendría a ser algo así como la alternativa para suplantar todas las premisas del movimiento ciudadano sin precedentes liderado hoy por MCM. Un diálogo genuino e inclusivo en todos los niveles de la sociedad, dicen, pero que nadie conoce y del que nadie está enterado.

Uno concluye al escuchar esta entrevista que el conflicto en Venezuela no es entre dos partes, simétricas o asimétricas que sean, como ellos dicen. No, el conflicto resulta que es entre tres partes: 1) el régimen y sus alacranes, 2) el Foro Cívico con sus 150 fundadores y 600 activistas, y 3) el 70 % de los venezolanos aglutinados bajo el liderazgo legitimado de Maria Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Siendo esto así, ¿Por qué ese sector con sus 600 activistas ha de ir a confundir a los aliados internacionales de la causa por la libertad de Venezuela con sus criterios particulares para un diálogo o negociación? La respuesta es muy simple, y es que como individuos libres pueden hacer lo que les dé la gana, y lo harán. Pero no pueden venir ahora a victimizarse si el sector enormemente mayoritario de la ciudadanía contrarresta y se opone a su caracterización del conflicto y a su muy particular versión del diálogo o negociación necesaria. Ellos están en todo su derecho de avanzar esas ideas, y el 70% de los venezolanos están en el suyo de tratar por todos los medios de neutralizar esas acciones, exponiendo pública e internacionalmente lo que ellos querían mantener de bajo perfil. Es deber de cualquier ciudadano venezolano acudir a cualquier institución internacional o gobierno extranjero al que acudan esos voceros (ínfimamente minoritarios) a promocionar esa “tercera vía”, para aclarar cuál es la legítima agenda y la negociación a la que aspira el 70% o más de los venezolanos.

No les corresponde a tres individuos que representan a una organización de 600 activistas, donde ninguno es elegido por ninguno, que dicen que ni siquiera son una ONG porque sus integrantes “van y vienen”, representar a los más de 7 millones de venezolanos que liderados por Maria Corina Machado eligieron a Edmundo González como presidente constitucional de Venezuela. Esto, señores académicos, es un hecho ontológico. Por eso no importa cuales sean sus ideas y opiniones sobre “las partes del conflicto”, sobre las sanciones, sobre las prioridades de una estrategia, no importa si piensan o no en las necesidades de la gente, no importa cuál es su idea de diálogo. Nada de eso importa, porque no tienen la legitimidad para esa representación. No pueden promover esa agenda sin que su ethos se desmorone, por más de que se victimicen.

¿Cómo puede un académico no entenderlo?

He allí una tarea histórica para la Academia Venezolana de Ciencias Políticas y Sociales. 

Expliquen que es una red de patronazgo.

Glosario:

Alacranes: individuos que aparentan ser opositores críticos del régimen, pero que, entre bastidores, en realidad están colaborando en secreto con este para obtener beneficios personales, socavando los esfuerzos por un cambio democrático real.

Normalizadores: individuos que minimizan la gravedad de la situación en Venezuela mientras presionan para que se dialogue y se descienda a compromisos que perpetúan el estatus quo, sin admitir nunca que en realidad el problema es la naturaleza criminal del régimen. A menudo obvian las violaciones de los derechos humanos y la naturaleza autoritaria del régimen.

Enchufados: individuos que se benefician directamente del régimen. Obtienen trato preferencial, acceso a recursos e incluso protección especial dependiendo de a quien están conectados. A menudo participan en actos de corrupción o de competencia desleal.      

Extracción de renta: proceso mediante el cual individuos o grupos se aprovechan de sus vínculos con el poder político para obtener beneficios económicos a expensas de la nación y de los ciudadanos venezolanos. 

Asignación de recursos: la forma en que se distribuyen los recursos entre diferentes grupos o individuos refleja las dinámicas clientelistas. Favorecer a ciertos grupos puede reforzar las estructuras de poder existentes y perpetuar la estabilidad del régimen.

Programas de lealtad política: estrategias diseñadas para recompensar a los partidarios leales y funcionales con beneficios, recursos y contratos, para perpetuar el sistema clientelista y limitar la libre competencia económica. Su principal objetivo es garantizar un marco de competencia desleal a actores empresariales mediocres y sin escrúpulos, que serían naturalmente desplazados en un régimen de libertad. 

Explotación laboral: la red de patronazgo, incluyendo jerarcas y “empresarios”, maximiza la captura de la renta manteniendo a la masa laboral tanto en el sector público como privado en condiciones de esclavitud.   

Asignación de subsidios: la distribución de subsidios gubernamentales puede reflejar dinámicas clientelistas, en las que ciertas industrias, ONGs, o grupos reciben apoyo financiero en función de sus conexiones políticas en lugar de por necesidad real.

Procesos de asignación: métodos y sistemas utilizados para distribuir recursos o beneficios dentro de la red de patronazgo. Funciona como un sistema de competencia, alianzas y equilibrios entre los principales grupos que se comparten el poder.

Luis Emilio Bruni es el fundador y director del «Augmented Cognition Lab» de la Universidad de Aalborg (Dinamarca) dedicado al estudio de la percepción, la cognición, los estados afectivos y la experiencia estética en relación con los medios inmersivos y las tecnologías cognitivas. Es venezolano con Doctorados en  Biología Molecular y Teoría de la Ciencia de la Universidad de Copenhague

Por Luis Emilio Bruni

La guerra psicológica librada por el régimen chavista contra los ciudadanos venezolanos durante el último cuarto de siglo puede haber infligido daños más profundos que los horribles daños físicos y torturas sufridas por decenas de miles de víctimas del régimen, que han documentado sus casos en numerosos expedientes en la Corte Penal Internacional.

Este daño fomentó una mentalidad colectiva de miedo, resignación, humillación e indefensión aprendida durante un período prolongado.

Este trágico hechizo ha sido roto por la tenaz líder opositora que ha recorrido incansablemente el país durante la última década y, con creciente intensidad en los últimos diez meses, ha movilizado a millones de venezolanos. Independientemente del resultado de las elecciones venezolanas del domingo, María Corina Machado ya ha liberado las mentes y los corazones de la abrumadora mayoría de los venezolanos que anhelan un cambio de régimen.

Machado ha reavivado el sentido de nacionalidad entre una población que ha sido sistemáticamente humillada y vilipendiada. Los únicos blancos restantes para los arquitectos de las narrativas patológicas del régimen son los elementos cada vez más alertas de las fuerzas armadas venezolanas y la comunidad internacional democrática.

La potente maquinaria de propaganda del régimen está totalmente dedicada a elaborar una narrativa que legitime lo groseramente ilegítimo: una nueva ola de violaciones generalizadas de los derechos humanos, sin la cual el régimen chavista no tiene ninguna esperanza de conservar el control del poder ejecutivo del país.

La operación psicológica maestra que se está desplegando actualmente combina los tres mecanismos siguientes:

Fabricación de una victoria electoral ficticia

No cabe duda de que las elecciones ya son injustas y opacas. El régimen ya ha cometido una serie de violaciones fundamentales de la ley electoral. El régimen eliminó ilegalmente de la contienda al principal candidato de la oposición después de que María Corina Machado ganara las primarias de la oposición por una mayoría aplastante. Ha obstaculizado el registro de millones de votantes en Venezuela y en el extranjero.

Altera continuamente la naturaleza de los centros de votación a su antojo. A pesar de esto, gracias al apoyo inquebrantable de Machado, el candidato de la oposición, Edmundo González, lidera por márgenes sin precedentes en todas las encuestas creíbles. Para fabricar una narrativa de victoria, el régimen inventa sus propias encuestas, presentadas por empresas desconocidas sin experiencia en el campo.

Intimidación y represión de votantes y líderes de la oposición

La prensa internacional ha sido testigo de las múltiples acciones de obstrucción que ha desplegado el régimen durante la campaña electoral de la oposición. Las audaces estrategias de María Corina Machado para sortear esos obstáculos se han convertido en un mito icónico en Venezuela: personas que la protegen y la transportan en caballos, motocicletas, camiones y canoas indígenas, sorteando los bloqueos oficiales de carreteras y todas las formas concebibles de abuso de autoridad. Sus colaboradores cercanos han sido detenidos u obligados a buscar asilo diplomático y sus partidarios han sido amenazados y hostigados.

Demonización del derecho de los ciudadanos a proteger su voto

Dada su historia de manipulación electoral, el régimen necesita aislar sus conocidos métodos fraudulentos de la destacada y sin precedentes organización de defensa del voto que María Corina Machado ha estado preparando durante meses con sus millones de seguidores.

Para ello, el régimen trabaja activamente en la creación de una matriz de opinión preventiva, presentando falsamente a la oposición como poseedora de un plan desestabilizador, que supuestamente incluye denunciar fraudes sólo para incitar a la violencia.

Con esta demonización preventiva, el régimen anticipa sus intenciones de neutralizar el llamado a respetar los derechos humanos de los venezolanos, preparando el terreno para criminalizar el derecho constitucional de los ciudadanos a exigir transparencia en el escrutinio de manera pacífica y defender su voto de cualquier intención fraudulenta.

Aunque el régimen ha negado la posibilidad de una observación internacional de calidad y en proporciones adecuadas, la comunidad internacional democrática puede contribuir de muchas maneras a prevenir otra violación masiva de los derechos humanos y sus nefastas consecuencias para toda la región.

Los gobiernos, las instituciones y los líderes democráticos de todo el mundo deben mantener la vista puesta en los elementos observables que se encuentran en el centro de esta operación proyectiva demonizadora.

Sólo su acción coordinada puede servir como medida de precaución seria para proteger los derechos humanos de los ciudadanos venezolanos y la integridad de los líderes de la oposición.

Luis Emilio Bruni es profesor asociado en la Universidad de Aalborg en Dinamarca y director del Laboratorio de Cognición Aumentada, dedicado a la investigación neurocientífica sobre la cognición narrativa.

Este artículo fue publicado originalmente en  el Miami Herald el 23 de julio de 2024

La farsa electoral, que desconoce la voluntad mayoritaria en su apoyo a María Corina Machado como candidata, requiere también de los constructores de narrativas que utilizan técnicas de manipulación a favor del régimen

Si la premisa de los venezolanos que quieren vivir en libertad es que “llegar hasta el final” significa reemplazar al régimen por un gobierno democrático y respetuoso del Estado de Derecho, se necesitan dos condiciones de partida para que el candidato de la oposición pueda liderarlos hasta ese final:

  1. Que el candidato esté genuina e incorruptiblemente determinado y comprometido a llegar hasta el final, es decir llegar a unas elecciones libres y no aceptar cualquier farsa electoral – que implica no aceptar los atropellos, trampas, abusos y violaciones constitucionales ejercidos por el régimen para evitar el cambio democrático.
  2. Que el candidato tenga el apoyo de la gran mayoría de ese 90% de electores que quiere decididamente un cambio democrático.   

Obviamente, el objetivo del régimen es eliminar de la carrera a cualquier candidato que cumpla con estos dos requisitos, ya que así el resto de los abusos necesarios para su permanencia fluirían sin obstáculos.

La importancia de lograr la participación de un “sustituto”, tanto para el régimen como para los poderosos intereses económicos nacionales e internacionales que promueven esa tesis, radica en el hecho de que una farsa del régimen solo con los “alacranes cero-coma-algo-porciento” profundizaría su deslegitimación. Este sería el escenario más hostil para esos actores que aspiran a “normalizar” la economía sin cambios políticos reales.

Por otro lado, la misma farsa, pero agregando un “sustituto” que no sea abiertamente identificado como alacrán, y que tácitamente no cumpla con las dos condiciones arriba mencionadas, (porque si las cumple será eliminado de una u otra manera), es el escenario ideal para el chavismo, ya que potencialmente incrementa su legitimidad con respecto a la farsa exclusivamente con los alacranes. La misión no es votar para un “cambio”. La misión es maximizar la participación para maximizar la legitimación de la farsa.

La tarea de los constructores de narrativas es darle apariencia de veracidad numérica y científica a la ficticia factibilidad del éxito opositor en el escenario de la farsa con el sustituto, para disminuir en algo la muy probable alta abstención, y de esta manera maximizar el engatusamiento.

Vale decir, que una farsa, como la que acaba de ser convocada por el CNE, sería una farsa independientemente de si el sustituto es nombrado por un cogollo, por un partido, o por la líder del momento. No solo por la persistencia de las ilegales “inhabilitaciones”, sino también porque no se cubrirán ninguna de las garantías mínimas: no hay tiempo ni intención para una verdadera actualización del registro electoral para incluir a los votantes en el exterior, para establecer una observación internacional genuina, para auditar el sistema, y por ende la farsa está totalmente fuera del acuerdo de Barbados.

Hemos visto en las últimas semanas un intenso esfuerzo para minar y contrarrestar la popularidad y la legitimidad de María Corina Machado, en el que diversos encuestadores, “opinólogos”, e incluso ciertos lideres de oposición, colaboran o se refuerzan entre sí en la construcción de una narrativa con ese fin. Sin embargo, este esfuerzo se ha visto obligado a considerar dos verdades al momento innegables.

La primera es que el líder venezolano con mayor legitimidad y popularidad en este momento histórico es MCM, y que en una elección libre ganaría abrumadoramente, independientemente de los candidatos que se postulen por el régimen, por el alacranato, e incluso por el nutrido club de aspirantes a “sustituto” de la oposición “borderline”. De no haber existido las primarias, los constructores de narrativas hubiesen podido fácilmente fabricar encuestas para negar esta realidad, que se ve y se palpa en la calle.

La segunda verdad innegable es que la supuesta “inhabilitación” es una fabricación, no solo ilegal e inconstitucional, sino también criminal, al premeditar y configurar el forjamiento de documentos pseudo legales. Nadie puede dudar de ello, tanto desde el punto de vista factual como jurídico.    

Como los constructores de narrativas ya no pueden atacar directamente ni la popularidad ni la legitimidad de María Corina Machado, usan técnicas de manipulación en las que se ven obligados a reconocer, e incluso fariseamente alabar, esa popularidad y legitimidad indiscutible, y a partir de allí argumentar con resultados de encuestas tendenciosas la deconstrucción de esa innegable popularidad y legitimidad.

El mecanismo principal para esta deconstrucción es lo que en retorica se denomina “paralipsis”: una figura que enfatiza ciertos aspectos verdaderos e innegables (en este caso la popularidad y legitimidad de MCM), mientras omite o falsea otros aspectos relevantes, introduciendo elementos o ideas nuevas que pasan a  contradecir o a anular el valor de la premisa inicial (por ejemplo, introducir la factibilidad del éxito de la tesis del sustituto, crear falsos dilemas con la violencia o la abstención). Con estos mecanismos, esperan ganar credibilidad manteniendo una apariencia de moderación, cuando efectivamente están actuando para minar la realidad incómoda que inicialmente admitieron y que ya no pueden negar frontalmente.

Para apalancar y buscar darle legitimidad a esa narrativa, concebida a priori, se confeccionan encuestas en las que una serie de “preguntas sugestivas” se disponen en un determinado orden estratégico para guiar sutilmente a los encuestados hacia respuestas que se prestan a ser interpretadas en el marco de la narrativa preconstruida. 

A esta técnica de manipulación se le conoce con el nombre de “efectos del orden de las preguntas”. Las preguntas buscan tendenciosamente laudar el valor de una determinada condición (la inscripción de MCM) para que otra condición, ligeramente menos favorable, parezca más factible o aceptable (la tesis del sustituto). Esto se manifiesta por ejemplo en las preguntas que quieren comparar diferentes niveles de abstención con MCM en el escenario o con el supuesto sustituto, así como los niveles de popularidad electoral de ese candidato electoral abstracto en comparación a los niveles reales de MCM.

Las preguntas ordenadas estratégicamente tienden a prospectar una paralipsis que explota el reconocimiento de que MCM tendría mejores resultados electorales y contaría con menores niveles de abstención que el escenario con el sustituto abstractoSe presenta así al sustituto como segunda opción reconociendo que es marginalmente menos favorable, pero dándolo todavía holgadamente ganador, haciéndolo así una alternativa atractiva, incluso si fuese cualquier “perro callejero” como le hemos oído decir recientemente al analista senior Geoff Ramsey del estadounidense Atlantic Council.  

Estos “datos” de intención del voto y niveles de abstención son reforzados con ulteriores datos sobre la reconocida impopularidad de Maduro, por lo que el lector de estas encuestas debería concluir que al final de cuentas si se pierde un hipotético 10 % en abstención no sería una catástrofe por lo que la segunda opción es igualmente atractiva.

Obviamente, estos números se leen en un vacío, sin tomar en cuenta el contexto de las condiciones adversas que ya están irreversiblemente sobrevenidas con el adelanto de la fecha para el 28J. Estas condiciones adversas, que establecen la diferencia entre una farsa electoral y unas elecciones libres, son las condiciones a las que solo puede hacer frente un candidato y líder que cumpla con los dos requisitos mencionados al inicio.

La farsa electoral garantiza varias cosas: por supuesto la continuidad del régimen, pero también la posición de ventaja y competencia desleal de operadores económicos nacionales e internacionales, y el alivio de las sanciones para usufructo tanto del régimen como de esos operadores económicos.

Apuntalando esa narrativa, en una reciente encuesta se formulan preguntas evidentemente sesgadas como la siguiente:

“¿En su criterio, considera prudente que haya un acuerdo entre los líderes políticos del país para resolver los problemas económicos de inmediato aun cuando no se resuelvan del todo los problemas políticos?”

Esta pregunta claramente tendenciosa y capciosa está astutamente diseñada para influir en la respuesta del encuestado al incorporar una suposición camuflada y llevar indirectamente al participante hacia una alternativa que puede no ser la suya, pero que favorece la narrativa preestablecida. De hecho, despojando la pregunta de su disfraz eufemístico obtenemos que sería equivalente a preguntar: 

“¿Si te arreglan un poco el problema económico estás dispuesto a seguir viviendo en dictadura?”

Este tipo de razonamientos tiende a preparar el terreno para la aceptación de un sustituto “perdedor”, pero con “vocación de conciliación” para lograr mejoras en la economía ante el escenario de la continuación del régimen. Para entender el nivel de sesgo de la pregunta basta imaginarse la pregunta contraria, que jamás sería incluida en este tipo de encuesta, ya que iría en contra de su narrativa preestablecida: 

¿En su criterio, considera prudente que haya un acuerdo entre los líderes políticos del país para resolver los problemas políticos de inmediato aun cuando no se resuelvan del todo los problemas económicos?

Lógicamente, esta pregunta tiene el sesgo contrario y plantea un argumento alternativo al sugerido por la narrativa preconcebida de la encuesta aludida, el cual considera que los problemas económicos estructurales y profundos de mediano y largo plazo no se pueden resolver hasta tanto no se cambie a un régimen que es violatorio de todo el marco jurídico vigente y de los derechos humanos, y que no garantiza seguridad jurídica para un crecimiento económico, competitivo, abierto, sostenido y con atracción de capitales legítimos…  

Para sostener la inevitabilidad de la tesis del sustituto, los encuesto-opinólogos indirectamente promueven y suscriben el chantaje que emana del régimen y que plantea el “catch 22” de sumisión o violencia.

El chantaje funcionaría así: Se consolida la falacia de la «inhabilitación». Se organiza la farsa con alacranes, y con supuestos “sustitutos” nombrados por cogollos. A la sociedad civil organizada se le convence de que no debería usar ninguna de sus legítimas cartas constitucionales y del derecho natural e internacional, para repudiar, invalidar y probar la ilegitimidad de la farsa, porque si las usa será reprimida con violencia y sus derechos humanos serán ulteriormente violados. Cualquier legitima manifestación sería infiltrada con agentes violentos del caos. Se establece el agravante de crear un estigma para que las víctimas de la eventual violencia física y judicial sean presentadas como causantes de la violencia contra ellas mismas.

No prestarse a la farsa pasa a ser un desvío de la ruta democrática y electoral utilizando la distorsionada narrativa de “la abstención en el pasado” para demonizar cualquier posibilidad de no prestarse a la farsa.

En esto coinciden los alacranes, la oposición “borderline” y los encuesto-opinólogos con sus paralipsis y sus encuestas sesgadas.  

Este artículo se publicó originalmente en La Gran Aldea el 14 de marzo de 2024     

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