Por Marco Rubio en The Foridian Press

En 1987, el gobierno de Estados Unidos lanzó una campaña masiva en la lucha antidrogas. Uno de los anuncios más impactantes ilustraba un huevo quemándose y la advertencia: “Este es su cerebro cuando usa drogas”.

En ese entonces, Venezuela era uno de los países más ricos de Suramérica con comunidades vibrantes y una sólida inversión extranjera. Hoy, Venezuela está en ruinas. La realidad de Venezuela ofrece una advertencia similar a la de la campaña antidrogas del gobierno de Estados Unidos: “Este es su país adicto a China”.

La crisis política actual en Venezuela, con imágenes inquietantes de tropas con equipo antidisturbios que brutalizan a manifestantes inocentes, mientras madres jóvenes y sus hijos mueren de hambre por la escasez de alimentos, revelan el fracaso catastrófico del régimen marxista del país. Nicolás Maduro, al igual que su antecesor Hugo Chávez, convirtieron lo que alguna vez fue una de las industrias petroleras más grandes del mundo en una lamentable sombra de lo que era. Los mercenarios del régimen encarcelaron, asesinaron, mataron de hambre y exiliaron a todos aquellos que estuvieran dispuestos a interponerse en su camino, y hoy en día continúan haciéndolo.

Sin embargo, eso no es todo. Cuando Chávez tomó prestados más de 50.000 millones de dólares del Partido Comunista Chino para apoyar a su régimen corrupto, él comprometió la libertad de las futuras generaciones de venezolanos.

La ayuda de Pekín es un salvavidas para Maduro. Esto le ha permitido perpetuar su control ilegítimo, a pesar de las sanciones y la indignación internacional. Sin embargo, ese gesto tuvo un precio alto. Mientras Estados Unidos trabaja para proteger los derechos del pueblo venezolano, el Partido Comunista Chino apoya a Maduro porque el caos en Caracas significa una oportunidad para poder obtener ganancias.

Con el pretexto de ayudar al régimen de Maduro a aliviar su enorme carga de deuda, el Partido Comunista Chino comenzó a explotar los vastos recursos naturales de Venezuela. En 2020, China recibió 324.000 barriles de crudo a diario. En 2021, esa tasa aumentó aproximadamente en 50%, lo que significa que más de la mitad de todas las exportaciones de petróleo de Venezuela ahora van a Pekín. Al precio promedio de hoy, eso podría equivaler a  20.000 millones de dólares al año en ingresos para Venezuela, pero China paga muy por debajo del precio del mercado.

Pekín adopta un enfoque similar cuando se trata del suministro expansivo del oro venezolano, extrayendo el metal precioso valorado en millones de dólares por todo el país como pago de los préstamos chinos. No se trata solo de lingotes en los bancos, sino también del esquema de minería ilegal de Maduro el cual está devastando el Amazonas.

Los nexos de Maduro con el Partido Comunista Chino son un vínculo grotesco que está consumiendo la economía de Venezuela, privando al país de recursos preciosos y contribuyendo a la devastación del medio ambiente. Y no está haciendo absolutamente nada para ayudar al pueblo de Venezuela. Al contrario, Pekín está amplificando activamente su opresión, modificando el “carnet de la patria” de Maduro para copiar el sistema totalitario de crédito social que usa China.

Esto es una lección para todos los que aún no se preocupan por la influencia y las estrategias de inversión encubiertas por parte de Pekín. Es fácil para los inversionistas de Wall Street y corporaciones excusar el autoritarismo del Partido Comunista Chino cuando viven bajo la protección del gobierno americano. Pero el caso de Venezuela deja absolutamente claro que Pekín no es simplemente un “padre estricto”, como afirma Ray Dalio. Al igual que Maduro y sus mercenarios, el Partido Comunista Chino es un parásito que se sostiene mediante la explotación y opresión de otros, incluyendo la del pueblo chino.

Si el Partido Comunista Chino logra suplantar a Estados Unidos como la potencia más importante del mundo y logra rehacer el orden global a su imagen (objetivos que Pekín ha defendido por mucho tiempo y sobre los que está actuando en este mismo momento), veremos muchos más casos como el de Venezuela. Ese no es un mundo en el que nadie debería querer vivir. Es por eso que es fundamental que Estados Unidos continúe contrarrestando la influencia desestabilizadora de los regímenes autoritarios tanto en nuestro hemisferio como en el mundo.


Marco Rubio es senador en el Congreso de Estados Unidos por el estado Florida