Morfema Press

Es lo que es

Marco Rubio

Trancripción completa de la entrevista al Secretario de Estado Marco Rubio en “Face the Nation with Margaret Brennan”, 4 de enero de 2026 (CBS News)

MARGARET BRENNAN: Comenzamos hoy con el secretario de Estado, Marco Rubio, quien se une a nosotros esta mañana desde Miami. Buenos días, señor Secretario.

SECRETARIO DE ESTADO MARCO RUBIO: Buenos días. Buenos días.

MARGARET BRENNAN: El presidente Trump dijo que Estados Unidos dirigirá el país y que Venezuela será en gran medida administrada por—señaló a usted y a algunos otros miembros del gabinete cuando habló al público ayer. Dijo: “Estados Unidos mantiene todas las opciones militares, incluyendo tropas sobre el terreno, hasta que se cumplan plenamente las exigencias de EE. UU.” ¿Cómo planea dirigir el país?

SECRETARIO RUBIO: Bueno, en primer lugar, creo que lo importante que hay que señalar es que la clave de aquello de lo que ese régimen depende es la economía impulsada por el petróleo. Y ahora mismo es una industria petrolera atrasada que realmente necesita mucha ayuda y trabajo; no solo en ese sentido, sino porque además no ayuda a la gente. Nada del dinero del petróleo llega a la gente. Todo se lo roban quienes están en la cima allí, y por eso tenemos una “cuarentena”. Hay una cuarentena ahora mismo en la que los envíos de petróleo sancionados—hay un barco, y ese barco está bajo sanciones de EE. UU.—nosotros conseguimos una orden judicial y lo incautamos. Eso sigue vigente, y es una enorme fuente de presión que seguirá vigente hasta que veamos cambios que no solo favorezcan el interés nacional de Estados Unidos, que es lo número uno, sino que también conduzcan a un futuro mejor para el pueblo de Venezuela. Y ese es el tipo de control al que el presidente se refiere cuando lo dice. Seguimos con esa cuarentena y esperamos ver cambios, no solo en la forma en que se maneja la industria petrolera para beneficio del pueblo, sino también para que detengan el narcotráfico, para que ya no tengamos estos problemas de pandillas, para que saquen a las FARC y al ELN, y para que dejen de acercarse a Hezbollah y a Irán en nuestro propio hemisferio.

En Venezuela, incertidumbre tras la salida de Maduro

MARGARET BRENNAN: Lo que usted está describiendo es más bien presión mediante sanciones, no tropas sobre el terreno. Así que, para que quede claro, ¿no hay un plan de ocupación estadounidense de este país de casi 30 millones de habitantes?

SECRETARIO RUBIO: Bueno, creo que, ante todo, el presidente siempre mantiene abiertas las opciones en todo y en estos asuntos. Ciertamente tiene la capacidad y el derecho, bajo la Constitución de Estados Unidos, de actuar contra amenazas inminentes y urgentes contra el país. Dicho eso, en este momento, creo que lo que usted ve en términos de postura de fuerzas es uno de los mayores despliegues navales de la historia moderna, ciertamente en el hemisferio occidental, y es capaz de detener no solo lanchas del narcotráfico, sino de detener cualquiera de estos barcos sancionados que entran y salen, y realmente paralizar esa parte de cómo el régimen, ya sabe, genera ingresos. Eso seguirá vigente. Lo que el presidente ha dicho, obviamente, es que—y creo que a lo que se refiere es a esta obsesión que tiene la gente con “tropas” y esto o aquello. Él no siente que vaya a descartar públicamente opciones que están disponibles para Estados Unidos, aunque eso no es lo que usted está viendo ahora. Lo que usted está viendo ahora es una cuarentena petrolera que nos permite ejercer una enorme presión sobre lo que ocurra después.

MARGARET BRENNAN: Bueno, él también dijo que Estados Unidos está listo para ejecutar un segundo ataque, mucho más grande, si es necesario. Pero me da curiosidad porque usted acaba de describir al régimen como esencialmente aún en pie. Me pregunto por qué la administración Trump decidió dejarlo intacto y solo arrestar a Nicolás Maduro y a su esposa. La persona que controla la policía, el principal matón, Diosdado Cabello, es el ministro del Interior. Ha sido acusado por Estados Unidos. Estaba en esa acusación que la administración publicó. Es un narco-terrorista. Hay una recompensa de 25 millones de dólares por su captura. Sigue en el poder. El ministro de Defensa, que tiene profundos vínculos con Rusia, tiene 15 millones de dólares de recompensa. Él sigue en el poder. Estoy confundida. ¿Siguen siendo buscados por Estados Unidos? ¿Por qué no los arrestaron si están desmantelando al régimen narco-terrorista?

SECRETARIO RUBIO: ¿Está confundida? No sé por qué eso le resulta confuso—

MARGARET BRENNAN: —siguen en el poder.

SECRETARIO RUBIO: O sea, es muy simple. Usted no va a entrar y “cerrarlo” todo de una vez. Usted va a entrar y capturar—pero sí, pero no puede entrar y capturar a cinco personas así como así. Ya se están quejando de esta operación. Imagínese los gritos que oiríamos de todos los demás si de verdad tuviéramos que ir y quedarnos allí cuatro días para capturar a otras cuatro personas. Capturamos al objetivo prioritario. La persona número uno en la lista era el tipo que afirmaba ser presidente del país cuando no lo era, y fue arrestado junto con su esposa, que también estaba acusada. Y esa fue una operación bastante sofisticada y, francamente, complicada.

MARGARET BRENNAN: Lo fue.

SECRETARIO RUBIO: No es fácil aterrizar helicópteros en medio de la mayor base militar del país; el tipo vivía en una base militar; aterrizar en tres minutos, tumbar su puerta, agarrarlo, ponerle esposas, leerle sus derechos, meterlo en un helicóptero y salir del país sin perder a ningún estadounidense ni ningún activo estadounidense. Esa no es una misión fácil. Y usted me pregunta: ¿por qué no hicimos eso en otros cinco lugares al mismo tiempo? Eso es absurdo. Yo sí creo que esta es una de las misiones más audaces, complicadas y sofisticadas que este país ha llevado a cabo en muchísimo tiempo. Enorme crédito para el personal militar de EE. UU. que la ejecutó. Fue increíble y un éxito tremendo. Y hoy, un narcotraficante acusado, que no era el presidente legítimo de Venezuela—

MARGARET BRENNAN: Correcto.

SECRETARIO RUBIO: —a quien no reconocemos; la administración Biden no lo reconocía; sesenta y tantos países no lo reconocen; la Unión Europea no lo reconoce; y muchos países de América Latina no lo reconocen— era un narcotraficante acusado. Fue arrestado. Su esposa también fue arrestada—

MARGARET BRENNAN: Correcto, pero los otros—

SECRETARIO RUBIO: —y ahora enfrentan a la justicia en el sistema de tribunales estadounidense—

MARGARET BRENNAN: —los otros que también fueron acusados siguen en el poder. Ese es el punto de mi pregunta. Pero usted habló de no ser el presidente legítimo—

SECRETARIO RUBIO: —¿así que usted quería que aterrizáramos en otras cinco bases militares?

MARGARET BRENNAN: No, le pregunto por qué decidió que ese sería el límite de la operación militar. Pero respecto a lo que usted dijo, que Maduro no era el presidente legítimo—

SECRETARIO RUBIO: Él—él era el tipo que afirmaba ser el presidente.

MARGARET BRENNAN: Correcto. Bueno, la oposición—

SECRETARIO RUBIO: —Era el objetivo principal.

MARGARET BRENNAN: Bien. La líder opositora María Corina Machado y Edmundo González ganaron esa elección de 2024, según su propio relato. Usted dijo que fueron de las primeras personas a las que llamó cuando era secretario de Estado; dijo que Edmundo González es el presidente legítimo de Venezuela. ¿Sigue siendo esa la política de Estados Unidos? Y si es así, ¿está trabajando en una transición para que esos líderes electos dirijan el país?

SECRETARIO RUBIO: Bueno, creo que hay un par de cosas. Siento una enorme admiración por María Corina Machado. Admiro a Edmundo. Tenemos todas esas opiniones sobre la elección que ocurrió la última vez; y no solo nosotros, sino muchos otros países del mundo. Eso está ahí. Pero también está la misión en la que estamos ahora. Hemos sido muy claros desde el principio, porque creo que mucha gente analiza todo lo que pasa en política exterior a través del lente de lo que pasó de 2001 a, ya sabe, 2015 o 16. Todo el aparato de política exterior piensa que todo es Libia, que todo es Irak, que todo es Afganistán. Esto no es Medio Oriente. Y nuestra misión aquí es muy diferente. Este es el hemisferio occidental. En el hemisferio occidental tenemos un país, potencialmente un país muy rico, que bajo el control de este régimen se ha acercado a Irán. Se ha acercado a Hezbollah. Ha permitido que bandas de narcotráfico operen con impunidad desde su propio territorio; permite que barcos con drogas salgan desde su territorio. Y estamos abordando eso. Y, por cierto, ocho o nueve millones de personas—el mayor evento de migración masiva en la historia moderna—han salido de ese país desde 2014—

[DIÁLOGO SUPERPUESTO]

MARGARET BRENNAN: Correcto, pero ese régimen sigue en el poder—

SECRETARIO RUBIO: —también impactando en nosotros. Eso es lo que estamos abordando ahora.

MARGARET BRENNAN: Cuando usted habló ayer—

SECRETARIO RUBIO: Bueno, de nuevo, pero no solo estamos abordando al régimen. Estamos abordando los factores que representan una amenaza al interés nacional de Estados Unidos.

MARGARET BRENNAN: Entendido. Usted habló con Delcy Rodríguez, quien ahora—según el presidente Trump—fue juramentada como presidenta, como líder de Venezuela. ¿Ella le prometió que está expulsando a todos esos adversarios estadounidenses del territorio venezolano? ¿Qué exactamente acordó hacer cuando habló con usted?

SECRETARIO RUBIO: Nosotros—nuestros objetivos en cuanto a cómo Venezuela impacta el interés nacional de Estados Unidos no han cambiado, y queremos que se atiendan. Queremos que se detenga el narcotráfico. Queremos que no lleguen más miembros de pandillas hacia nosotros. No queremos ver la presencia iraní y—por cierto—en el pasado la presencia cubana. Queremos que la industria petrolera de ese país no beneficie a piratas y adversarios de Estados Unidos, sino al pueblo. Queremos ver que todo eso ocurra. Insistimos en que ocurra—

MARGARET BRENNAN: ¿Ella se lo prometió?

SECRETARIO RUBIO: —y vamos a trabajar para seguir viendo que ocurra. Bueno, en este momento, Estados Unidos—vamos a ver qué pasa de ahora en adelante; digámoslo así. Obviamente no voy a tener estas conversaciones en los medios. Son asuntos delicados y complicados que requieren un estadismo maduro, y eso es lo que pretendemos hacer. Pero nuestros objetivos siguen siendo los mismos. La diferencia es que la persona que estaba al mando, aunque no legítimamente en el pasado, era alguien con quien no se podía trabajar. Simplemente no se podía trabajar con él. No era una persona que hubiera cumplido jamás ninguno de los acuerdos que hizo; rompió cada acuerdo que hizo; se burló de la administración Biden con el acuerdo que hizo con él; y le ofrecimos, en múltiples ocasiones, la oportunidad de retirarse de la escena de una manera positiva. Eligió no hacerlo—y ahora está en Nueva York—

[DIÁLOGO SUPERPUESTO]

MARGARET BRENNAN: Pero su número dos ahora está dirigiendo el país—su número dos es alguien con quien usted puede trabajar. ¿Eso es lo que está insinuando aquí? ¿Y ella le dijo que hará una transición a la democracia y que la mujer que ganó la elección junto a su compañero, María Corina Machado…?

SECRETARIO RUBIO: Vamos a hacer—vamos a hacer nuestras evaluaciones sobre las personas. Usted me pide que haga una evaluación. Vamos a evaluar sobre la base de lo que hagan, no de lo que digan públicamente en el interín; no de lo que ya sabe—en muchos casos—sobre lo que han hecho en el pasado, sino de lo que hagan de aquí en adelante. Así que lo vamos a averiguar. Usted me pregunta: ¿sé qué decisiones van a tomar las personas? No. Lo que sí sé es esto: si no toman las decisiones correctas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión para asegurar que nuestros intereses estén protegidos, y eso incluye la cuarentena petrolera que está vigente, entre otras cosas. Así que vamos a juzgar en adelante. Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen.

MARGARET BRENNAN: Bien, porque ayer el presidente Trump dijo que María Corina Machado no tiene el apoyo o el respeto dentro del país, y por su propia admisión ella aplastó a Nicolás Maduro en la última elección. Así que suena como que ya se tomó una decisión, pero—

SECRETARIO RUBIO: Ella no estaba en la boleta en la última elección.

MARGARET BRENNAN: No, pero su partido sí.

SECRETARIO RUBIO: Edmundo sí.

MARGARET BRENNAN: Sí.

SECRETARIO RUBIO: Correcto. Así que fue una elección ilegítima, y por eso él no es un presidente legítimo.

MARGARET BRENNAN: Bien, pero ¿hay un acuerdo para una transición a la democracia? Parece que no lo hay.

SECRETARIO RUBIO: Creo que el presidente señaló lo obvio. Pero tiene que haber un poco de realismo aquí, ¿de acuerdo? Una transición—Han tenido este régimen; han tenido este sistema de chavismo en pie durante 15 o 16 años, y todo el mundo pregunta por qué, 24 horas después de que Nicolás Maduro fue arrestado, no hay una elección programada para mañana. Eso es absurdo.

MARGARET BRENNAN: No, no, estoy preguntando sobre lo que usted conversó.

SECRETARIO RUBIO: Estas cosas toman tiempo. Hay un proceso.

MARGARET BRENNAN: Correcto. Y usted—

SECRETARIO RUBIO: No voy a entrar públicamente en detalles sobre nada de eso, salvo para decirle que nuestras expectativas siguen siendo las mismas, y vamos a juzgar a quien sea con quien estemos interactuando de ahora en adelante por si esas condiciones se cumplen o no. Por supuesto que queremos ver a Venezuela transicionar y convertirse en un lugar completamente distinto a lo que es hoy. Pero, obviamente, no esperamos que eso pase en las próximas 15 horas. Lo que sí esperamos es que se mueva en esa dirección. Creemos que está en nuestro interés nacional y, francamente, en el interés del pueblo de Venezuela.

MARGARET BRENNAN: El presidente usó la palabra “petróleo” 20 veces en esa conferencia de prensa. Usted habló de estos enormes activos petroleros que Venezuela tiene. Pero el último enviado del presidente a Venezuela, Elliott Abrams, sostiene públicamente que usted sabe más que la política que está respaldando. Dijo, cito: “Plutócratas venezolanos, o ejecutivos petroleros estadounidenses, parecen estar viniendo a Mar-a-Lago y susurrando sobre lo fácil que sería la vida si simplemente hiciéramos un acuerdo con el régimen una vez que Maduro se haya ido.” ¿Eso fue lo que pasó aquí?

SECRETARIO RUBIO: No, eso no fue lo que pasó aquí. Lo que pasó aquí es que arrestamos a un narcotraficante que ahora va a ser juzgado en Estados Unidos por los crímenes que ha cometido contra nuestro pueblo durante 15 años, y también a la persona que lo ayudó, por supuesto, su esposa, que estaba con él, así que ella también fue arrestada. Eso fue lo que pasó. En cuanto al petróleo, mire: el petróleo es crítico, no solo para impulsar economías en todo el mundo. Es crítico para el futuro de Venezuela. Su industria petrolera está completamente destruida. Está destruida. Todos esos campos petroleros que solían producir mucho y generar riqueza para su país y su gente están en ruinas. Están quebrados. Necesitan reinversión. Es obvio: ellos no tienen la capacidad de levantar esa industria de nuevo. Necesitan inversión de empresas privadas que solo van a invertir bajo ciertas garantías y condiciones. Y eso tiene que beneficiar al pueblo venezolano. Ahora mismo, toda esa riqueza se la roban. Se la roban, y va a manos de oligarcas por todo el mundo y de oligarcas dentro de Venezuela. Un puñado de personas se beneficia. La gente no se beneficia. Además, es muy simple: en el siglo XXI, bajo la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio, en la esfera de control y en el cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y para cualquier otra influencia maligna en el país—en el mundo. Eso sencillamente no va a existir.

MARGARET BRENNAN: Marco Rubio, secretario de Estado, me encantaría seguir hablando con usted, pero me dicen que se nos acabó el tiempo. Tengo que dejarlo aquí.

MARCO RUBIO: Gracias.

Vía ABC

Donald Trump ha iniciado una reestructuración sin precedentes del poder en la Casa Blanca. Bajo su orden directa, el afamado Consejo de Seguridad Nacional ha sido reducido a la mitad y despojado de funciones clave. Se trata de una estructura que, desde el final … de la Segunda Guerra Mundial, había coordinado la acción exterior de Estados Unidos desde el Ala Oeste. Hoy, su poder pasa a manos de Marco Rubio, secretario de Estado y, desde este mes, también asesor de seguridad nacional interino. Leal, discreto y eficaz, Rubio se alza como el verdadero decisor en política exterior y de defensa, y como uno de los más avezados delfines políticos del presidente.

La Casa Blanca no oculta sus intenciones: preguntado por ABC, un funcionario de la sede presidencial afirmó que Trump considera el Consejo de Seguridad Nacional como «el corazón del Estado profundo», una rémora del pasado que debe ser «desmantelada». El propio presidente recuerda aún que una filtración desde ese equipo expuso al mundo una conversación suya con Volodímir Zelenski, en la que instó al mandatario ucraniano a investigar los presuntos negocios irregulares de la familia Biden en su país. Aquella llamada derivó en su primer juicio político, del que fue finalmente exonerado por el Senado.
Trump y Rubio consideran que esa oficina se había convertido en un obstáculo ideológico y burocrático para su agenda. Hoy, el mando operativo recae en un núcleo cerrado: los secretarios de Estado, Defensa, Justicia y Tesoro responden de forma directa al presidente, sin filtros, sin comités, sin intermediarios. Tras la destitución de Mike Waltz, anterior asesor de Seguridad Nacional, por haber incluido a un periodista en una conversación clasificada sobre Yemen a través de la aplicación Signal, Trump entregó el cargo a Rubio y le concedió plena libertad de maniobra. «Si Trump decide levantar sanciones a Siria, se hace. Ya no hace falta pasar por varios niveles de revisión en el Consejo. El presidente da la orden y se ejecuta», dijo un funcionario a ABC este viernes. El nuevo modelo entierra décadas de procedimientos interagenciales basados en la deliberación interna y el consenso entre los departamentos de Estado, Defensa y la Casa Blanca. La seguridad nacional pasa ahora a ser gestionada de forma directa por los distintos departamentos, bajo una lógica ejecutiva pura.

Clave en esta reconfiguración ha sido una crisis con epicentro en Venezuela, detonada por la llamada «Operación Guacamaya», el rescate secreto de cinco opositores venezolanos que llevaban más de un año encerrados en la embajada de Argentina en Caracas. Su liberación, organizada con apoyo de la administración Trump y ejecutada fuera de los canales diplomáticos convencionales, reveló la fractura entre dos estilos de gestión: el de Marco Rubio, centralizado, disciplinado y jerárquico; y el de Ric Grenell, exembajador en Berlín y antiguo jefe interino de Inteligencia Nacional, hoy una figura con acceso directo a Trump, pero cada vez más marginal.

Grenell, que aspiraba al puesto de secretario de Estado antes de que Trump se inclinara por Rubio, viajó sin autorización previa a Antigua en un jet privado para recoger al exmilitar estadounidense Joe St. Clair, encarcelado durante seis meses por el régimen de Nicolás Maduro. Publicó una foto en redes sociales junto al detenido liberado, y afirmó en el pódcast de Steve Bannon que Trump había autorizado prorrogar la licencia de Chevron para operar en Venezuela. Lo dijo sin respaldo institucional. Y no era cierto.

Trump culpa al Consejo de Seguridad de ser el detonante de su primer juicio político por «impeachment»

La maniobra desató una tormenta en la Casa Blanca. Rubio, que había anunciado públicamente la expiración de esa licencia el 27 de mayo, reaccionó con contundencia. La portavoz del Departamento de Estado zanjó el asunto: «La decisión está tomada», dijo. Solo el presidente y su secretario de Estado tienen autoridad para definir la política exterior de Estados Unidos. El golpe definitivo vino desde el Congreso: tres representantes republicanos por Florida –Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez– amenazaron con bloquear el proyecto estrella de Trump, un amplio paquete económico y migratorio, si se prorrogaba el acuerdo con Chevron. El presidente, presionado desde su base electoral, desautorizó a Grenell, reafirmó el mando de Rubio y consolidó su dominio sobre la política hacia Venezuela. El mensaje fue inequívoco: el aparato de seguridad y diplomacia exterior de EE.UU. ya no opera en base a estructuras colegiadas. Está concentrado en un núcleo ideológicamente alineado, que funciona por fidelidad y ejecución directa. En palabras de un asesor de Trump: «Esto no va de consenso. Va de mandos».

El razonamiento que justificó esta purga institucional fue un artículo publicado por Robert O’Brien –último asesor de seguridad nacional de Trump y actual presidente de la consultora American Global Strategies– junto a Alexander Gray, su director ejecutivo. En él argumentaban que el Consejo estaba plagado de «remanentes» de administraciones anteriores que seguían condicionando la política exterior desde dentro. O’Brien recordaba que, al final del primer mandato de Trump, el NSC contaba con unos 110 funcionarios, y proponía una reducción drástica: «Creemos que la plantilla podría limitarse a 60 personas, como en tiempos del presidente Eisenhower».

El viernes se despidió de sus cargos a decenas de funcionarios que habían sido asignados a la Casa Blanca, sin previo aviso

Según confirmó a ABC un funcionario que presenció el proceso, los despidos fueron abruptos. A las 16:30 se notificó al personal afectado y se les pidió abandonar sus puestos antes de las 17:00. En la sección de Oriente Próximo, el equipo pasó de diez personas a cinco en cuestión de minutos. La mayoría serán reubicados en sus agencias de origen –Estado, Defensa, Tesoro–.

El Consejo estaba formado, en su mayoría, por funcionarios cedidos temporalmente para deliberar y asesorar al presidente, priorizando la seguridad nacional sobre la diplomacia tradicional.

Durante el mandato de Joe Biden, su asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, llegó a ser considerado una de las figuras más poderosas del país, pese a no haber sido elegido en las urnas, dada la pérdida progresiva de facultades del expresidente. Reciente revelaciones apuntan a que altos funcionarios de la Casa Blanca ocultaron la incapacidad de Biden y procedieron a gobernar el país sin ser transparentes al respecto, algo que le dio al Consejo de Seguridad un poder desmedido y que no figura de ese modo en la Constitución.

Por Marco Rubio

Durante su histórica campaña de regreso a la presidencia en 2024, el presidente Trump prometió cerrar un capítulo oscuro en la historia constitucional de Estados Unidos: la instrumentalización del propio gobierno estadounidense para silenciar, censurar y suprimir la libertad de expresión de los ciudadanos comunes. El pueblo estadounidense respondió a esta promesa dándole al presidente Trump una victoria aplastante el pasado noviembre.

Todo lo que ha hecho esta administración desde entonces se ha centrado en cumplir las promesas realizadas durante esa campaña. Hoy, me complace anunciar que el Departamento de Estado está dando un paso crucial para cumplir la promesa del presidente de liberar la libertad de expresión en Estados Unidos, aboliendo para siempre el organismo anteriormente conocido como el Centro de Compromiso Global (GEC).

Se suponía que el GEC ya estaba muerto. Pero, como muchos han aprendido por las malas, en Washington, D. C., pocas cosas mueren del todo. Cuando los republicanos en el Congreso suspendieron la financiación del GEC a finales del año pasado, el Departamento de Estado de Biden simplemente cambió su nombre. El GEC se convirtió en la Oficina contra la Manipulación e Interferencia de Información Extranjera (R-FIMI), con la misma plantilla de empleados. Con este nuevo nombre, esperaban sobrevivir a la transición hacia la nueva administración.

Hoy, le ponemos fin. Sea cual sea el nombre que tenga, GEC está muerto. No volverá.

Durante la última media década, organismos como GEC, creados por nuestra propia clase gobernante, casi destruyeron la larga historia de libertad de expresión de Estados Unidos. Los enemigos de la libertad de expresión tenían una nueva jerga para justificar su impulso autoritario. La «desinformación», supuestamente impulsada por gobiernos extranjeros nefastos, era la principal amenaza para «nuestra democracia». Para proteger «nuestra democracia», esta «desinformación» debía ser identificada y erradicada.

La historia de GEC muestra la perniciosa forma en que Washington convierte objetivos públicos loables en un medio para afianzar su propio poder y reducir la libertad de los estadounidenses comunes. GEC nació en 2011 como el Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo (CSCC). El propósito del CSCC era monitorear las narrativas de Al Qaeda y otras organizaciones terroristas y asesorar al gobierno estadounidense sobre qué narrativas antiterroristas utilizar en respuesta.

Pero este noble propósito no duró mucho. A principios de 2016, la administración Obama renombró el CSCC como «Centro de Compromiso Global», eliminando el enfoque explícito en el terrorismo internacional. Luego, tras la histórica victoria de Donald Trump en 2016, pero antes de que asumiera el cargo, la misión del GEC se amplió para abarcar cualquier «esfuerzo de propaganda y desinformación, tanto estatal como no estatal, en el extranjero».

Este cambio no fue casual. El hombre a cargo de Obama en el GEC, Rick Stengel, promocionó sus esfuerzos por proteger la «democracia» al tiempo que la redefinía de modo que «democracia» llegara a significar silenciar a la parte del electorado que no le agrada.

En 2019, Stengel comparó directamente la campaña del presidente Trump con la propaganda extranjera y terrorista.Al escribir , «Trump empleó las mismas técnicas de desinformación que los rusos y las mismas tácticas de miedo que ISIS». Ese mismo año, Stengel escribió un artículo completo sobre «por qué Estados Unidos necesita una ley de incitación al odio».

«No estoy en contra de la propaganda», dijo Stengel una vez . «Todos los países lo hacen, y tienen que hacerlo con su propia población, y no creo necesariamente que sea tan horrible».

Los demasiados abusos de confianza que ocurrieron en el GEC parecían reflejar la oscura visión fundadora de Stengel. 

En 2020, un coronavirus de un laboratorio chino arrasó el mundo, y el GEC apareció con un informe advirtiendo que un «aparato de desinformación ruso» estaba detrás de la especulación pública de que el virus era un «arma biológica diseñada» o que existía debido a «investigaciones realizadas en el instituto de Wuhan». El GEC tachó no solo afirmaciones específicas de propaganda extranjera, sino también a usuarios específicos. Creó listas de miles de cuentas que fueron acusadas de ser vectores de propaganda extranjera simplemente por compartir artículos o incluso seguir ciertas cuentas. Estas listas fueron enviadas a empresas de redes sociales para su “revisión”, pero nadie fue engañado: el propósito era presionar a las empresas privadas para que implementaran más censura y menos libertad de expresión. 

GEC participó con entusiasmo en la Alianza para la Integridad Electoral (EIP), un grupo infame creado bajo condiciones constitucionalmente cuestionables para monitorear la desinformación sobre las elecciones de 2020. La EIP identificó casi exclusivamente cuentas y narrativas asociadas con el presidente Trump y sus partidarios y, de hecho, marcó directamente los tuits del presidente Trump, así como los de sus familiares y amigos de la administración. 

GEC no sólo fue uno de los principales participantes del EIP en términos de señalización de contenidos, sino que también financió al menos una de las cuatro principales organizaciones patrocinadoras del EIP. 

De hecho, cuando no estaba insistiendo directamente a las empresas de redes sociales para que censuraran más, el GEC contrataba a actores privados para que lo hicieran por ellas. Con su presupuesto multimillonario, financiado por los contribuyentes estadounidenses, el GEC canalizó subvenciones a organizaciones de todo el mundo dedicadas a impulsar restricciones a la libertad de expresión con el pretexto de combatir la «desinformación».

Mi decisión de publicar este artículo en The Federalist no es casualidad. Uno de los destinatarios de los dólares de sus contribuyentes fue una entidad británica llamada Índice Global de Desinformación (GDI). El GDI elaboró ​​una vez una lista de los 10 «medios de comunicación en línea más riesgosos» en un intento directo de reducir sus ingresos publicitarios y sacarlos del mercado. Todos esos 10 sitios eran de la derecha política, y The Federalist estaba entre ellos.

Otra entidad que recibió fondos del Departamento de Estado fue NewsGuard, una empresa que evalúa la fiabilidad de varios sitios web, una vez más con el fin de desviar el tráfico y los ingresos publicitarios de aquellos con una calificación baja. NewsGuard afirma ser imparcial, pero su consejo asesor incluye a Rick Stengel, el mismo creador del Centro de Compromiso Global, quien afirma que Donald Trump utiliza tácticas de propaganda de ISIS y cree que hacer propaganda al pueblo estadounidense es algo positivo.

Algunos de los implementadores externos a los que GEC pagó para combatir la supuesta desinformación eran francamente ridículos. Uno de ellos, que siguió recibiendo financiación incluso después de que el Congreso desmantelara GEC, marcó al perro DOGE como un símbolo asociado con los oficiales nazis de las SS. No, no bromeo (ojalá lo hiciera).

En definitiva, el problema no fue que nuestro gobierno eligiera a las personas y ONG equivocadas para controlar la «desinformación». El problema es que eligieron a cualquiera para hacerlo. Toda la industria de la «desinformación», desde sus inicios, ha existido para proteger al establishment estadounidense de las voces de los estadounidenses olvidados. Todo lo que hace es fruto del mismo error: el bulo de que la interferencia, la desinformación y la «intromisión» rusas fueron las causas de la victoria del presidente Trump en 2016, en lugar de un mensaje político ganador que solo él ofrecía.

Esta farsa ya ha durado demasiado tiempo. 

Nuestra república se basa en depositar la confianza en la ciudadanía común. Nuestros Padres Fundadores dieron el paso audaz de creer que los ciudadanos comunes pueden filtrar la información, decidir qué políticas y candidatos son los mejores y votar en consecuencia.

Nuestros «expertos en desinformación» rechazan esta tesis y, en el proceso, rechazan nuestra propia república democrática. Si los ciudadanos necesitan que el gobierno intervenga y les diga qué es desinformación y qué no, entonces el poder no reside en absoluto en el pueblo, sino en quienes escriben la propaganda que le dice al público qué creer.

La administración Trump rechaza esta actitud antiamericana. El pueblo estadounidense no necesita una agencia oscura que lo «proteja» de las mentiras presionando a X para que bloquee usuarios o intentando sacar del mercado a The Federalist. Esta administración combatirá las narrativas falsas con narrativas verdaderas, no con amenazas de mano dura que decreten que solo una «verdad» sea visible en línea.

Finalmente, al tiempo que renovamos el compromiso de este país con sus principios constitucionales fundamentales de libertad de expresión en el país, nos mantendremos vigilantes en el extranjero, no solo ante las amenazas de adversarios como la China comunista, sino también de países inesperados donde la censura autoritaria está sofocando gradualmente la verdadera libertad de expresión. No tenemos miedo. En su nacimiento, Estados Unidos fue un faro solitario de libertad para el mundo. Si es necesario, con gusto volveremos a ser ese faro solitario.

Marco Rubio es el secretario de Estado de Estados Unidos y ex senador estadounidense de Florida.

Por Marco Rubio en The Foridian Press

En 1987, el gobierno de Estados Unidos lanzó una campaña masiva en la lucha antidrogas. Uno de los anuncios más impactantes ilustraba un huevo quemándose y la advertencia: “Este es su cerebro cuando usa drogas”.

En ese entonces, Venezuela era uno de los países más ricos de Suramérica con comunidades vibrantes y una sólida inversión extranjera. Hoy, Venezuela está en ruinas. La realidad de Venezuela ofrece una advertencia similar a la de la campaña antidrogas del gobierno de Estados Unidos: “Este es su país adicto a China”.

La crisis política actual en Venezuela, con imágenes inquietantes de tropas con equipo antidisturbios que brutalizan a manifestantes inocentes, mientras madres jóvenes y sus hijos mueren de hambre por la escasez de alimentos, revelan el fracaso catastrófico del régimen marxista del país. Nicolás Maduro, al igual que su antecesor Hugo Chávez, convirtieron lo que alguna vez fue una de las industrias petroleras más grandes del mundo en una lamentable sombra de lo que era. Los mercenarios del régimen encarcelaron, asesinaron, mataron de hambre y exiliaron a todos aquellos que estuvieran dispuestos a interponerse en su camino, y hoy en día continúan haciéndolo.

Sin embargo, eso no es todo. Cuando Chávez tomó prestados más de 50.000 millones de dólares del Partido Comunista Chino para apoyar a su régimen corrupto, él comprometió la libertad de las futuras generaciones de venezolanos.

La ayuda de Pekín es un salvavidas para Maduro. Esto le ha permitido perpetuar su control ilegítimo, a pesar de las sanciones y la indignación internacional. Sin embargo, ese gesto tuvo un precio alto. Mientras Estados Unidos trabaja para proteger los derechos del pueblo venezolano, el Partido Comunista Chino apoya a Maduro porque el caos en Caracas significa una oportunidad para poder obtener ganancias.

Con el pretexto de ayudar al régimen de Maduro a aliviar su enorme carga de deuda, el Partido Comunista Chino comenzó a explotar los vastos recursos naturales de Venezuela. En 2020, China recibió 324.000 barriles de crudo a diario. En 2021, esa tasa aumentó aproximadamente en 50%, lo que significa que más de la mitad de todas las exportaciones de petróleo de Venezuela ahora van a Pekín. Al precio promedio de hoy, eso podría equivaler a  20.000 millones de dólares al año en ingresos para Venezuela, pero China paga muy por debajo del precio del mercado.

Pekín adopta un enfoque similar cuando se trata del suministro expansivo del oro venezolano, extrayendo el metal precioso valorado en millones de dólares por todo el país como pago de los préstamos chinos. No se trata solo de lingotes en los bancos, sino también del esquema de minería ilegal de Maduro el cual está devastando el Amazonas.

Los nexos de Maduro con el Partido Comunista Chino son un vínculo grotesco que está consumiendo la economía de Venezuela, privando al país de recursos preciosos y contribuyendo a la devastación del medio ambiente. Y no está haciendo absolutamente nada para ayudar al pueblo de Venezuela. Al contrario, Pekín está amplificando activamente su opresión, modificando el “carnet de la patria” de Maduro para copiar el sistema totalitario de crédito social que usa China.

Esto es una lección para todos los que aún no se preocupan por la influencia y las estrategias de inversión encubiertas por parte de Pekín. Es fácil para los inversionistas de Wall Street y corporaciones excusar el autoritarismo del Partido Comunista Chino cuando viven bajo la protección del gobierno americano. Pero el caso de Venezuela deja absolutamente claro que Pekín no es simplemente un “padre estricto”, como afirma Ray Dalio. Al igual que Maduro y sus mercenarios, el Partido Comunista Chino es un parásito que se sostiene mediante la explotación y opresión de otros, incluyendo la del pueblo chino.

Si el Partido Comunista Chino logra suplantar a Estados Unidos como la potencia más importante del mundo y logra rehacer el orden global a su imagen (objetivos que Pekín ha defendido por mucho tiempo y sobre los que está actuando en este mismo momento), veremos muchos más casos como el de Venezuela. Ese no es un mundo en el que nadie debería querer vivir. Es por eso que es fundamental que Estados Unidos continúe contrarrestando la influencia desestabilizadora de los regímenes autoritarios tanto en nuestro hemisferio como en el mundo.


Marco Rubio es senador en el Congreso de Estados Unidos por el estado Florida

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