Ahora que muchos hablan del fulano «triunfalismo», te voy a contar lo que yo veo: Veo gente ocupada. Trabajando y organizando. Y, a la vez, preocupada. Preguntándose por dónde puede venir el zarpazo. ¿Tarjeta? ¿Candidato? Incertidumbre. Ansiedad. Pero también lucha y fe.

La gente sabe al monstruo que enfrenta. Por esa la diferencia entre la intención de voto por Edmundo (mayoría) y los que creen que el régimen entrega (menos). En un país democrático, no habría duda al respecto, aunque Trump demostró que todo es posible. Sin embargo, un detalle:

Aumenta el número de los que creen que un cambio es posible. ¿Son ilusos, ingenuos? No parece. Entienden lo que significa padecer los abusos del autoritarismo, porque lo sufren en carne propia. No lo leen en un libro ni necesitan que algún iluminado se los explique.

Empero, observan y sienten que crece la ola a favor del cambio. Para transformar esa percepción y estado de ánimo ha sido fundamental la campaña que encabeza María Corina, enorme esfuerzo que se desarrolla en las peores condiciones que se hayan visto en 25 años de chavismo.

Para comenzar, una minucia: a María Corina ni siquiera se le dejó ser candidata. Solo eso. Como decía la vieja cuña, Venezuela es otra. Muy distinta a la de 2012 y ni hablar de 2004. Migración, crisis, censura y una investigación en la CPI que nos recuerda el peligro de disentir.

Personas detenidas y perseguidas, y locales multados, incluido el restaurante de la oligarquía de Corozopando. A pesar de estas acciones, la gente responde, participa y se organiza en respaldo a la alternativa democrática. ¿Cómo disminuir o restar valor a esta gesta ciudadana?

Los partidos afinan la maquinaria para la movilización y defensa del voto, en un proceso marcado por el ventajismo y la manipulación de los centros. Esto último debe subrayarse, ahora que está de moda invertir la carga de la prueba. Todos entienden que la organización es clave.

Descubridores del agua tibia advierten que todo puede salir mal y desembocar en la enésima decepción. Obviamente. Es el riesgo de enfrentar a un régimen que no respeta ninguna ley. Claro que se pueden imponer por las malas. Por eso la preocupación que salta en toda.

¿Y qué se puede hacer frente a eso? ¿Cantar «Cuatro cirios» de Javier Solís? No, ocuparse. Trabajar. Unir. Mantener viva la esperanza. Creer que como sociedad podemos tomar las riendas de nuestro destino. Sumar cabeza y corazón. Porque esto también puede salir bien. Se ve.

Vía @pppenaloza