Pedro Urruchurtu

Pedro Urruchurtu, coordinador de relaciones internacionales de la líder democrática María Corina Machado asistió ayer a un foro organizado por la Heritage Foundation junto a repfresentantes del congreso de EEUU.

La Heritage Foundation es uno de los centros de pensamiento (think tank) conservadores más influyentes de los Estados Unidos. Fundada en 1973, su sede se encuentra en Washington D.C. y su misión principal es la formulación y promoción de políticas públicas basadas en los principios de la libre empresa, el gobierno limitado, la libertad individual, los valores tradicionales estadounidenses y una fuerte defensa nacional

En un mensaje en su cuenta X, Urruchurtu esquematizó su visión del acontecer nacional, y el cómo se puede avanzar para satisfacer las demandas de la nación venezolana

«Participé en el Miami Security Forum de @Heritage, junto a la congresista @RepMariaSalazar y al eurodiputado @jm_frias, en una discusión sobre el futuro de Venezuela, moderada por @Gundisalvus»

Algunos de mis mensajes claves:

  • Agradecemos al presidente Trump y a su administración por tomar acciones firmes, especialmente por la operación del 3 de enero que capturó al narcoterrorista Nicolás Maduro.
  • El régimen ahora no tiene otra opción que cooperar.
  • El objetivo es un cambio democrático real.
  • No habrá estabilidad ni inversión sin democracia y Estado de derecho. Tampoco hay transición real sin apoyo popular.
  • El régimen sigue en el poder y sigue siendo criminal. Delcy Rodríguez es parte del mismo sistema y arquitecta de relaciones con países como Rusia e Irán, además de su responsabilidad directa en el aparato de represión y tortura. Es parte del terrorismo de Estado.
  • Están cooperando sólo para sobrevivir, pero no debemos subestimarlos. Saben cómo ganar tiempo y adaptarse, con la diferencia de que ahora enfrentan una amenaza real.
  • La presión de Estados Unidos está funcionando y es importante, pero debemos actuar rápido.Una Venezuela democrática sería un aliado fuerte de Estados Unidos.
  • El régimen intenta simular cambios reales, por lo que hay que seguir presionando para que efectivamente los hagan y avancemos en la democratización.
  • Queremos que millones de venezolanos regresen a casa, pero eso sólo ocurrirá en democracia.
  • Queremos una relación sólida con Estados Unidos. Seremos su mejor, más confiable y más seguro aliado en el hemisferio, apenas seamos libres y democráticos, para aprovechar todo nuestro potencial.
  • Debe desmantelarse el aparato represivo, liberarse a todos los presos políticos, garantizarse los derechos de políticos del liderazgo legítimo de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia así como su regreso a Venezuela junto a todos los líderes en el exilio y deben celebrarse elecciones libres y justas.
  • Se necesita una transición real para lograrlo.

La frase que titula este artículo -el primero que escribo desde mi escape- es mucho más que un eslogan. Es una forma de asumir la vida -y hasta más que eso cuando se decide, con determinación, enfrentar a una tiranía criminal-. La obligación moral de resistir poco o nada tiene que ver con aguantar de forma estática, a la espera de que algo pase. Tiene que ver, en realidad, con la idea de hacer todo lo que sea posible para lograr la libertad de Venezuela; o, dicho de otro modo, hacer que las cosas pasen. No hay espacio para la rendición ni para el acomodo. No hay puntos medios. No hay dudas. Es un compromiso y, sobre todo, una responsabilidad con quienes aún siguen bajo las garras del terrorismo de Estado.

Mucha gente de mi entorno todavía se pregunta por qué sigo en esto, ahora desde el destierro, como si más de 400 días de cautiverio en manos del régimen criminal no hubieran sido suficientes para renunciar a algo que parece imposible e improbable: liberar a Venezuela. ¿Cómo me rindo, si mi escape junto a mis compañeros es la evidencia explícita de que el régimen no es tan fuerte como nos hace creer? Mis ganas de continuar luchando no tienen que ver con lo que hacen ellos, sino con lo que podemos hacer nosotros, y cómo lo que hemos hecho, les ha propinado derrotas certeras en momentos claves. ¿Cómo digo que no hay nada que hacer, cuando ahora es que estamos haciendo dentro y fuera del país?

Nosotros no somos los mismos desde hace meses, pero el régimen tampoco. Jamás imaginaron que la inmensa mayoría construida por millones de héroes valientes que asumieron su libertad con determinación, sería capaz de utilizar los mecanismos convencionales de la política -como lo es una elección- para organizarse de forma no convencional y demostrarse a sí mismos, al propio régimen y al mundo entero lo que eran y son capaces de hacer, porque lo siguen haciendo. El régimen que simulaba hacer política, que aparentaba tener apoyo popular, que fingía tener el control y el reconocimiento del mundo, y que mentía con su falsa verdad, se quedó sin eso y sin mucho más. Hoy sólo tienen el miedo y el terror. Es su único pilar, pero un pilar con grietas.

En Venezuela hoy todo el mundo es terrorista, aunque se demuestre lo contrario. Por eso el régimen va contra cualquiera que les genere sospechas, esté entre ellos o entre quienes le adversan. También es un mensaje para quienes han decidido hacerle el coro a ese régimen creyendo que, por acomodarse a la tiranía, ésta no los tocará. Frente a una tiranía criminal que ya no disimula mostrarse como es, no funciona el apaciguamiento o la cohabitación; sólo funciona la verdad asumida como coraje y como fuerza.

El régimen hace todo por disimular sus grietas, a pesar de que todo lo que hacen para taparlas, las profundiza. No han podido explicar cómo nos escapamos, porque simplemente no saben cómo lo hicimos, pero lo hicimos frente a sus ojos. No se lo explican, pero, además, dudan entre sí. En su juego criminal asumen que no hay espacio para la vulnerabilidad, pero se saben más vulnerables que nunca. Y eso, para nosotros, es esperanza y oportunidad. Esperanza porque siempre hay razones para creer, pero oportunidad porque el liderazgo asume esas razones para actuar. 

Nadie duda que el mundo vive tiempos complejos, en los que cada contexto lucha por la relevancia. Cada causa que hoy se pelea en el mundo tiene una razón de ser. Venezuela no es la excepción, a pesar de los cuantiosos esfuerzos por los operadores de la normalización que buscan hacer creer que nada pasa, cuando todo está ocurriendo. Esos normalizadores, al margen de su motivación para hacer lo que hacen, pretenden decir al mundo que, frente a otros conflictos, el nuestro no es uno, como si Cuba, Rusia o Irán no tuvieran sus pies en Venezuela y como si la seguridad del hemisferio no estuviera seriamente amenazada.

Peor aún, pretenden decir que las actividades criminales y corruptas del régimen, sus vínculos con el narcotráfico y el terrorismo, son un invento, y que la población no sólo no está pasándola tan mal como se dice, sino que si eso ocurre es por culpa de quienes piden castigar a los que han sometido a la sociedad. Es un coro que a viva voz se tiñe de encuestadoras, opinadores, falsos candidatos y mucha mentira; un coro que tiene mucho dinero, dentro y fuera de Venezuela. 

Es paradójico que mientras más se hace visible la cara criminal del régimen -es decir, la real-, estos normalizadores hagan todo a su alcance para minimizarla y ponerle una careta de bondad a quien está persiguiendo, torturando y matando. Dicho de otro modo, mientras más terrorista es el Estado, más se empeñan los normalizadores en democratizarlo. Eso es moralmente inaceptable y por eso les molesta tanto que quienes hemos padecido en carne propia al régimen, no nos pleguemos a su mentira. Lejos de quebrarnos, nos han encontrado de pie, asumiendo un mandato que goza de legitimidad, que goza de apoyo y, más importante que todo eso, que es el correcto.

Los tiempos de la diplomacia convencional no son los tiempos de la premura de Venezuela. El rol del liderazgo es precisamente alinear esos tiempos y traerlos hacia la urgencia que implica concretar la transición a la democracia en nuestro país. Eso requiere de firmeza en los valores, de coordinación en los esfuerzos internos y externos, de pragmatismo en los incentivos y de claridad en lo estratégico. Dicho de otro modo, reúne la estrategia que engloba la causa, el liderazgo que la conduce y la organización que la ejecuta. Todo eso existe hoy y lo lleva a cabo María Corina Machado, acompañada del depositario de la soberanía nacional, que es el Presidente Electo Edmundo González Urrutia, junto a todo un país que ya decidió ser libre.

¿Qué implica la diplomacia no convencional? ¿Por qué la diplomacia convencional no funcionó con nosotros en la embajada y no funcionará para liberar a Venezuela? ¿Qué esperar de la comunidad internacional un año después de que los venezolanos hiciéramos todo lo que se nos pidió y seguimos luchando? Es parte de la reflexión en la próxima entrega.

Este artículo fue publicado en La Gran Aldea el 15 de julio de 2025

Por morfema.press

Vente Venezuela llega al Parlamento Europeo para insistir en nuevas acciones de presión contra el régimen venezolano

Vente Venezuela, representado por su coordinador de Asuntos Internacionales, Pedro Urruchurtu, está presente esta semana en el Parlamento Europeo, como parte de una visita organizada por la Red Liberal de América Latina (Relial) y la Fundación Friedrich Naumann. Desde Bruselas, el partido de la libertad exigirá nuevas acciones de presión por parte de la Unión Europea (UE) para evitar el “blanqueo” de Nicolás Maduro y su régimen.

Urruchurtu, el único venezolano de esa delegación, insistió en la necesidad de que la UE se mantenga como un actor confiable para América Latina y Venezuela, y recalcó la importancia de su participación en el proceso de renovación del liderazgo opositor y las elecciones presidenciales planteadas para 2024.

“Para los venezolanos es importante la forma en que Europa se involucrará en nuestros próximos procesos electorales, y en Vente Venezuela creemos que debe haber mayor presión sobre el régimen de Maduro, partiendo de las observaciones que hizo la propia Misión de Observación Electoral de la Unión Europea en 2021. La conclusión no puede ser el blanqueo de su régimen”, sostuvo.

De acuerdo con el vocero liberal, resulta peligroso el trato que se le está dando a Maduro y sus aliados en distintos espacios internacionales. Dejó clara su preocupación por el avance del diálogo en México y la posible invitación de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) a la cumbre Eurolat de septiembre de 2023, sin que exista una distinción respecto a los dictadores que puedan acudir a la cita.

Asimismo, adelantó que presentará ante los europarlamentarios una propuesta innovadora sobre cómo podría ser dicha participación de la UE en las llamadas primarias, de modo que los venezolanos en el exterior también puedan ser parte de ese proceso.

La “visita de información”, como se le conoce a esta semana de encuentros, tiene una agenda apretada que se desarrolla en el marco de la reunión de la Eurolat, una asamblea parlamentaria multilateral compuesta por 150 miembros, de los cuales 75 pertenecen al Parlamento Europeo y la otra mitad proviene de los parlamentos regionales de América Latina.

La cita incluye distintas reuniones para potenciar el intercambio entre América Latina y Europa, con énfasis en el trabajo que puede hacerse junto a las fuerzas liberales Renew Europe y Alde. Además, está prevista una actividad junto a miembros del Servicio Europeo de Acción Exterior y representantes de la misión diplomática de España en Bruselas, de cara a la Presidencia del Consejo Europeo en 2023.

Por morfema.press

Venezuela necesita una renovación de liderazgo, no un candidato presidencial”. Así lo aseveró este martes el politólogo y coordinador de Asuntos Internacionales de Vente Venezuela, Pedro Urruchurtu.

Indicó durante una entrevista en Radio Caracas Radio (RCR) que “es muy peligroso hablar de primarias en un momento como este donde el país en lo menos que está pensando es en candidaturas presidenciales”. Explicó que en un futuro sea esa nueva dirigencia quién asuma las riendas de una elección, “es distinto”.

A pesar de hay sectores de la oposición venezolana que hablan de Presidenciales en el 2024, Urruchurtu insistió en que hoy no están sobre la mesa porque, a su juicio, el régimen de Nicolás Maduro no tiene ningún incentivo para suponer que debe hacer un proceso realmente democrático.

Para el politólogo, ese nuevo liderazgo debe entender que “enfrentamos a un régimen criminal”. Por lo que se deben buscar acciones de todo tipo para socavar al régimen. Es entonces cuando, según su análisis, se puede pensar en una negociación “de verdad” y con los actores “correctos”.

“Aquí hay una dirigencia que está desgastada, que no cumplió su propósito y que no tiene la confianza de la gente. Entonces, que sea la gente la que decida cuál es la dirigencia y la ruta que quiere para todo lo que implique la salida del régimen”, propuso.

Cohabitación

Pedro Urruchurtu fue cuestionado sobre la inminente designación de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por parte de la Asamblea Nacional (AN) chavista. Y dijo: “El TSJ es la viva muestra de lo que puede hacer la cohabitación. Aquí se prestan para esa jugada que busca blanquear al régimen, actores que muchos consideraron oposición.

Añadió que esta misma situación se repite con el diálogo de México. “El régimen pone la agenda, decide quiénes se sientan por la oposición, quiénes son los interlocutores y el país; y encima de todo, nos dicen que ese proceso es creíble”, expresó.

“Suponer que el régimen, de buena fe, se va a sentar y va a entregar el poder por esa vía; cuando eso va contra su propia naturaleza, sigue siendo uno de los grandes errores de la comunidad internacional. No terminan de asumir que hay que generar un mecanismo de presión efectiva sobre el régimen”, sumó.

Maduro, ¿socio o cliente de Putin?

Sobre la guerra desatada por Rusia en Ucrania, Pedro Urruchurtu indicó que el primer error que se comente al analizar la situación, es pensar que lo que ocurre en Ucrania se queda solo en Europa: “las implicaciones son globales”.

“El régimen de Venezuela se ha convertido más que un socio, en una especie de cliente de Putin. Geopolíticamente puede dar muchos resultados si se quiere incidir en este lado del hemisferio”. Esto lo afirmó el politólogo durante la entrevista en RCR.

Y finalizó: “El régimen [de Maduro], primero no puede separarse de Rusia, y segundo, no le interesa. Lo preocupante es que Estados Unidos pretenda usar la excusa de su seguridad energética para acercarse a un régimen que poco le pude aportar en esa área. La capacidad productiva petrolera de Venezuela está destruida”.

Venezuela no puede seguir siendo el país de las oportunidades perdidas por culpa de una dirigencia que no asume responsabilidades, que sigue llevándonos al foso y que no se hace a un lado.

Venezuela entra en un nuevo año entre la incertidumbre y la esperanza. Son pocas las excepciones sobre las que la gente no muestra decepción o en las que la gente confía, porque simplemente la perspectiva a futuro luce sombría en un país que se va a alejando de la política para sobrevivir porque la política ya no le dice nada o le dice muy poco. Eso es muy peligroso.

Pero, así como es peligroso, también tiene responsables. Los tiene no sólo del lado del régimen que ha hecho todo por aniquilar cualquier posibilidad de salida democrática o institucional porque simplemente su naturaleza es incompatible con alguna de ellas, sino también del lado opositor a través de las inmensas oportunidades perdidas, las traiciones y los errores de una dirigencia que, lejos de alejarse por su desempeño, se aferra a seguir siendo quien hable en nombre de unos venezolanos que ya la ignoran y desprecian.

Juan Guaidó cumplió tres años como presidente encargado del país. A la luz de su desempeño, podríamos decir que se ha convertido en líder de la gran oportunidad perdida. Tres años después no gobierna nada, no tiene poder, está disminuido y ha sucumbido en las prácticas y tesis de quienes fueron sus enemigos desde el primer día en que decidió asumir el gobierno legítimo -quienes se opusieron a ello- y que hacen todo para que el régimen siga en el poder porque se benefician de éste. Hoy es el presidente de la nada, apenas con poder para proteger los activos en el exterior, representar la legitimidad de un parlamento desdibujado y como el mientras tanto o “lo que tenemos” de aliados internacionales que han sido defraudados recurrentemente por las prácticas del interinato.

Juan Guaidó tuvo el apoyo de 60 países, el apoyo de todo un país, recursos, legitimidad y la fuerza para lograr salir del régimen. Tuvo administraciones aliadas y comprometidas, como nunca, a encaminarse a una ruta de presión cónsona con la naturaleza criminal del régimen para enfrentarlo. Y sí, hablo en pasado porque, aunque algunas de esas cosas todavía se mantienen, el contexto geopolítico, el propio desempeño del interinato y el tiempo desaprovechado, hicieron que el gobierno interino perdiera la mejor oportunidad que hemos tenido en años para salir del régimen, todo por culpa de preferir ser parte de quienes sostienen al régimen y no unirse al clamor para su salida de verdad. Da tristeza, como impotencia, porque han sido años de sacrificio, de dolor, víctimas que hoy todavía sufren y mucho apostado, para que el mejor momento para salir del régimen se tradujera en nada, a la sombra de corrupción, irregularidades y manipulación.

El interinato no sólo tuvo la oportunidad de salir del régimen, sino que también tuvo la oportunidad de aliarse con quienes entendían el propósito de la lucha contra un régimen criminal, dentro y fuera. Todo lo desechó para mantenerse amarrado a quienes son traidores habituales y cohabitadores de oficio, que no quieren que las cosas cambien y que llenaron al interinato de prácticas que han puesto en duda su reputación por lo grotesco de su proceder. Esto, sin contar las reiteradas contradicciones y errores que han supuesto la actuación a espaldas de aliados que se enteraron por medios de cosas como la farsa de diálogo nórdico-caribeña de Oslo-Barbados o el planteamiento de ir a conversar con el régimen en México, su aliado, a cambio de nada, siempre dándole tiempo al régimen. Más de lo mismo, pero con un costo que paga el país.

Venezuela no puede seguir siendo el país de las oportunidades perdidas por culpa de una dirigencia que no asume responsabilidades, que sigue llevándonos al foso y que no se hace a un lado. El país no puede seguir siendo víctima de cómplices y corruptos que hablan en su nombre, pero que lo traicionan recurrentemente. Cada oportunidad perdida hace más difícil acercarnos al objetivo y se traduce en más miseria, huida y dolor, mientras pretenden vencer los apologistas de una falsa normalización promovida por la burbuja de bodegones y luces que con el primer apagón y con el primer bolsillo vacío que se les enfrenta, explota.

El gobierno interino, que se supone es legítimo, optó por reconocer los procesos convocados por el régimen que es usurpador. Peor aún, ahora promueve un supuesto referéndum revocatorio presidencial cuando, se supone, en Venezuela no hay presidente electo, lo que justificó la propia existencia del interinato. Víctima de sus contradicciones, pretende revocar a quien es ilegítimo, cuando el gobierno lo representan ellos. Incluso ya hablan de primarias presidenciales y de esperar a 2024, cuando el régimen convocará su farsa electoral, para supuestamente derrotarlo, cuando eso fue lo que ocurrió en 2018 al exponer ante el mundo su ilegitimidad por fraude cometido. Pareciera que todo eso se ha olvidado, como también se ha olvidado que el régimen es criminal, que ha cometido crímenes contra la humanidad y que la justicia internacional le sigue los pasos. Ante eso, lo que se le ofrece es impunidad a cambio de nada, salvo el tiempo que la oposición cohabitadora plácidamente le da.

Nadie que hable de rendirse o que hable de regalarle dos años más al régimen, merece llamarse líder de la oposición. Nadie que mienta y que sea incapaz de asumir sus errores y hacerse a un lado, merece conducir los destinos de un país que a gritos pide cambio, pero también coherencia y claridad, sin traición. Hoy, con una región en peligro, con las tensiones en Colombia y Brasil por las elecciones presidenciales, con el continente virando a la izquierda y con el peor momento geopolítico como consecuencia de una débil administración en los Estados Unidos, hacen del panorama venezolano algo mucho más complejo que requiere nuevas ideas, nuevo liderazgo y mucha más firmeza. Con los mismos de siempre el resultado será el mismo, pero con consecuencias cada vez más dolorosas.

No es momento para pusilánimes, para pesimistas ni para traidores. Tampoco para quienes dicen que no hay más que hacer que esperar y rendirse mientras. Se requiere de un liderazgo capaz de transmitir confianza, pero, sobre todo, de recuperarla. Ese es el primer paso para que el país retome su rumbo de esperanza y de lucha sin demora, para ser optimistas, sin dejar de ser realistas, asumiendo el desafío por delante, hablando con la verdad, sin desviarse del foco. Queda claro que, después de la decepción del interinato, empezar casi de cero puede ser un enorme reto, pero sólo tendrá sentido asumirlo si lo hacen quienes entienden el momento histórico y no son parte del sistema que estabiliza al régimen.

La derrota debe ser hacia el régimen, pero también hacia quienes lo sostienen, vístanse del color que se vistan. Sólo así, Venezuela será libre de verdad.

Este 18 de septiembre, luego de cinco años, volvió a haber una cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), esta vez en México y propiciada por el gobierno del izquierdista Andrés Manuel López Obrador. El objetivo de esa sexta cumbre de la CELAC no es otro que el de desplazar a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y derrotar a su Secretario General, Luis Almagro.

Sin embargo, antes de hablar de la cumbre, debemos recordar los orígenes de la CELAC. Nace en 2010, heredando la CALC (Comunidad de América Latina y el Caribe), financiada con la petrochequera de Hugo Chávez y su afán de ser el gran líder regional aglutinando la onda izquierdista de la época. Tuvo 33 miembros hasta que Brasil se retiró en 2020.

La CELAC siempre tuvo el propósito, según el propio Hugo Chávez, de ser una OEA sin Estados Unidos ni Canadá, “verdaderamente latinoamericana”. Chávez siempre tuvo en mente crear instituciones paralelas e influenciadas por él, contraviniendo la institucionalidad democrática de la región. Por eso en su momento creó la Alianza Bolivariana de los pueblos de Nuestra América (ALBA) en contraposición al ALCA, creo la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) para hacer frente a Mercosur y otras instancias, y también ideó la CELAC para oponerse a la OEA, mientras, al mismo tiempo, infiltraba ideológicamente las organizaciones que existían.

De hecho, la CELAC surge en un contexto donde la izquierda había tomada ventaja de casi toda la región tiñéndose de rojo. Ese contexto favorable en lo ideológico y geopolítico, y el dinero venezolano, potenciaron organizaciones como la CELAC. Desde el 2010, cuando fue su creación en México, la CELAC ha tenido siete cumbres (Venezuela (instalación), Chile, Cuba, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y ahora de nuevo México). Desde el 2017 no se reúne formalmente, aunque sí ha tenido sesiones técnicas de trabajo.

Pero, ¿por qué retomarla ahora? Hay muchas respuestas a esta interrogante, pero lo primero que debe decirse que es AMLO desde hace unos meses tiene como propósito asumir aquel rol que tuvo Chávez como referente de izquierda en América Latina. Su afán es potenciar la CELAC y tener control de un organismo que no tenga influencia norteamericana, para así convertir a México en el principal promotor de la política latinoamericana junto a sus socios ideológicos, incluyendo tiranos criminales, como Díaz Canel, Maduro y Ortega.

No es casual que ocurra en este momento, cuando la región parece estar dando un nuevo viraje hacia la izquierda, producto de la permanente campaña desestabilizadora contra democracias liberales, supuestas protestas y permanente presión del Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla que se han propuesto retomar el control de una región que desde el 2015 venía dando importantes señales de cambio hacia democracias pro-mercado.

Debe recordarse que para el 2010, el Foro de Sao Paulo llegó a tener 14 Jefes de Estado y de Gobierno en simultáneo en la región, con una fuerza importante y con muchos recursos. Su debilitamiento, producto de la muerte de Chávez, de la pérdida de recursos, de la corrupción y del propio desgaste de las políticas populistas, trajo como resultado un relanzamiento a través del llamado “Grupo de Puebla” en 2019, como un intento de diferenciarse de acusaciones de violación a los derechos humanos y de relanzarse bajo las ideas del progresismo latinoamericano contra “la derecha conservadora y neoliberal”.

Ambas organizaciones, conformadas por partidos, organizaciones e individualidades, han establecido, en sus objetivos documentados, la toma estratégica de organizaciones conformadas por gobiernos progresistas o de izquierda o crear nuevas. La CELAC es una de ellas. Todo esto en un contexto, además, donde el Grupo de Lima está prácticamente desaparecido y donde las fuerzas para hacerle frente a esta reorganización de la izquierda están más desarticuladas que nunca. El tiempo siempre beneficia a esos sectores que hoy se relanzan al ruedo y por eso han sido pacientes.

Tomar ventaja del panorama geopolítico actual en la región busca prepararse para procesos electorales próximos: Chile, Colombia y Brasil. La izquierda debe frenar el triunfo democrático en estos países y evitar escenarios como el de Ecuador, potenciando triunfos como el de Perú y buscando que la región vuelva a ser “roja rojita”, como profesaba Chávez.

Pero el afán de AMLO y de la izquierda va mucho más allá: La meta principal es, con estos cambios en la región, lograr desplazar a la OEA como organización regional de referencia y derrotar a Luis Almagro como secretario general, luego de no haber podido vencerlo en elecciones internas de la organización. Almagro se ha convertido en un campeón de la defensa de la libertad de la democracia, apartando su propia ideología y poniéndose al lado de quienes sufren las consecuencias de las tiranías criminales. Ha alzado la voz, ha actuado y ha revivido el rol de una secretaría general de la OEA que, antes de él, era simplemente silenciosa y cómplice.

Está claro que el 2022 será el año en el que intentarán sacar a Almagro del juego, con el pretexto de que no ha cumplido su rol, precisamente por haber hecho su trabajo. Por eso, y ante la “inoperancia” de la OEA, la CELAC será presentada como la alternativa, sacando a EE.UU. y a Canadá del juego, como soñaba Chávez.

¿Cómo comenzarán a lograr ese propósito? El régimen venezolano, presente en México con el tirano criminal mayor, propondrá que la CELAC tenga un Secretario General que será la sombra de Almagro y que buscará tener más presencia y legitimidad. La presencia del régimen venezolano no es poca cosa. Después de dos años de aislamiento, viaja al exterior. Lo hace desafiando al mundo, con sus acusaciones de crímenes de lesa humanidad encima y como resultado del retroceso en la presión que lo venía cercando. Lo hace en México, país que también se ha ofrecido como sede un proceso de negociación entre la oposición y el régimen, vendiéndose como país neutral. ¿Puede ser neutral un país que le abre los brazos a un régimen como el castrista? Difícil de creer.

Lo cierto es que la CELAC no contaba con una figura ejecutiva de secretaría general, pues era mucho más informal en su funcionamiento. Ahora, con ese secretario general, intentará revivir el esquema de UNASUR, hoy disuelta y donde su último secretario general fue el impresentable Ernesto Samper, hasta 2019.

La cumbre de la CELAC tuvo sobre agenda algunos temas como el rechazo a sanciones unilaterales, acceso a Derechos Especiales de Giro en organizaciones multilaterales, rechazo del bloqueo a Cuba, declaración sobre las Islas Malvinas, creación de una Agencia Espacial Regional, entre otros. Además, concluyó con la Declaración de México como documento formal de relanzamiento, incluyendo la evaluación de la creación de la mencionada secretaría general, con sede en México. Es evidente que pretende ser la contracara de OEA y brindar legitimidad y soporte a tiranos criminales, incluyendo acceso a financiamiento.

El Grupo de Puebla no ha logrado imponerse por no ser exclusivo de gobiernos. Con la CELAC lo intentarán, materializándose con aliados que ostentan el poder. Regímenes como el castrista, el criminal venezolano y el de Ortega necesitan espacios regionales de legitimación y reconocimiento, así como lavado la cara frente a procesos como el que se lleva contra el régimen venezolano en la Corte Penal Internacional. Está claro que el objetivo de la CELAC es igualar a gobernantes democráticos con criminales de lesa humanidad y tiranos, como si fuera el mismo campo de juego.

Era preocupante que algunos presidentes democráticos que desconocen al régimen venezolano y han denunciado los atropellos en Cuba y Nicaragua, se hagan presentes en este show que promueve a violadores de derechos humanos y socava la institucionalidad. No obstante, las valientes declaraciones de los presidentes de Paraguay, Uruguay y Ecuador marcaron la pauta, aunque ya no pareciera ser suficiente denunciar. Estos gobiernos que hoy albergan la garantía democrática de la región, al igual que Colombia que decidió no estar presente, deben ser firmes en no aceptar a tiranos criminales en este intento de la izquierda de apropiarse de la lucha por la democracia, mientras se aprovechan de victorias como la de Pedro Castillo, en Perú, para ganar terreno.

Esperamos que estos países no decidan permanecer compartiendo espacios con los tiranos de la región, haciéndose parte una iniciativa que le lava la cara a criminales acusados de crímenes de lesa humanidad, narcotráfico, además de su sangrienta represión. Su posición debe ser firme contra ellos. Lo mínimo que se esperaría en este espacio es que esos países democráticos que desconocen al régimen venezolano, sean capaces de hablar claro y fuerte contra los regímenes más sangrientos de la región. También que propongan acciones contra ellos y que rescaten valor de la OEA y la defiendan.

La configuración de la región va cambiando y se hace menos favorable para la recuperación de la democracia y la libertad en Venezuela. Otro recordatorio de la importancia de aprovechar el tiempo y de hacer lo correcto cuando se podía. Hoy se hace mucho más difícil. Un gobierno de EE.UU. que parece muy débil, en retirada del mundo y sin voluntad de actuar, le facilita la actuación a esta izquierda reorganizada que va contra todo y que buscará afianzar un modelo que tolera a criminales en la región que se creen intocables ante la inacción del mundo. Se requiere mucha más firmeza y presión para combatir a quienes no son políticos, sino criminales.

Son tiempos complejos para la región que recuerdan sus épocas más oscuras de populismo, aunque esta vez sin dinero (al menos no limpio). Veremos si quienes están allí querrán ser financiados por regímenes conectados al crimen internacional. El tiempo dirá y será labor de los demócratas denunciarlo y actuar en consecuencia.

Toca estar atentos a las andanzas de la CELAC y, por supuesto, toca reivindicar el rol de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y defender a su Secretario General, Luis Almagro, porque él ha sido pieza clave en denunciar la naturaleza de los regímenes que hoy oprimen a varias naciones de la región y en el impulso de iniciativas para frenarlos.



Pedro Urruchurtu es Vicepresidente de la Red Liberal de América Latina (RELIAL)

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top