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Es lo que es

Petro Maduro

Vía Infobae

Las recientes declaraciones del presidente colombiano, Gustavo Petro, durante una entrevista concedida a CNN, generaron una nueva ola de reacciones políticas y diplomáticas en torno a la crisis venezolana. Consultado sobre el destino que debería tener Nicolás Maduro en un eventual escenario de salida del poder, Petro respondió con contundencia:
“Debería ser juzgado, investigado como cualquiera de nosotros.”

La frase reactivó el debate internacional sobre la situación judicial del mandatario venezolano y la postura del Gobierno colombiano frente a las denuncias de narcotráfico que pesan sobre altos funcionarios del chavismo.

Petro insiste: “En Colombia no existe evidencia del Cartel de los Soles”

En la misma entrevista, Petro reiteró una postura que ya había expresado en distintos escenarios: según la información disponible en las instituciones colombianas, no existe evidencia que respalde la existencia del llamado Cartel de los Soles.

Citando datos judiciales de su país —que también fueron recogidos por Semana— el presidente afirmó:
“En los datos jurídicos colombianos no aparece algo que se llame Cartel de los Soles.”

El mandatario hizo énfasis en que las investigaciones en Colombia se refieren a oficiales de alto rango del Ejército venezolano, pero no al presidente Nicolás Maduro, despejando —según él— confusiones frecuentes entre denuncias políticas y pruebas concretas.

“No confundas dictadura con narcotráfico”

Petro también pidió evitar que dos categorías distintas se mezclen en el análisis sobre Venezuela:
“No, no confundas ambas cosas. Hay dictadores que no son narcos.”

A su juicio, los cuestionamientos hacia Maduro tienen que ver con el deterioro democrático, y no con evidencia judicial sobre narcotráfico proveniente de Colombia.

Una posición polémica que ya había generado tensiones

El presidente colombiano recordó que hace meses se había pronunciado en redes sociales, asegurando que el Cartel de los Soles era “una excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos que no les obedecen”. Aquellas declaraciones ya habían causado un intenso debate nacional e internacional.

En ese mismo mensaje, Petro planteó que las rutas de cocaína que atraviesan Venezuela no estarían bajo el control de un cartel militar venezolano, sino de una estructura transnacional a la que llamó “Junta del Narcotráfico”, cuya influencia —según su versión— se extiende más allá de América Latina. Petro incluso afirmó haber propuesto cooperación trilateral entre Colombia, Estados Unidos y Venezuela para combatirla.

Washington mantiene su posición

Las palabras del mandatario colombiano contrastan fuertemente con la postura de Estados Unidos.
Distintas agencias estadounidenses, bajo gobiernos demócratas y republicanos, sostienen que existen vínculos directos entre altos funcionarios del chavismo y actividades de narcotráfico, investigaciones que siguen activas y que han derivado en acusaciones formales contra figuras clave del aparato militar y político venezolano.

Este choque de perspectivas vuelve a tensar el escenario diplomático justo cuando en el Caribe aumentan las fricciones entre Washington y Caracas.

“El problema de Maduro se llama democracia”

En su entrevista, Petro reiteró que su preocupación principal respecto a Venezuela es el funcionamiento de su sistema político:
“El problema de Maduro se llama democracia.”

Insistió en que los conflictos internos del país vecino deben resolverse mediante acuerdos, diálogo y más participación política, una línea que ha sostenido desde el inicio de su mandato.

Reacciones inmediatas y nuevo capítulo en la discusión regional

Las declaraciones generaron respuestas inmediatas tanto en Colombia como fuera del país. Para algunos analistas, Petro abrió nuevamente un debate que Bogotá había tratado de mantener en un segundo plano, especialmente en un momento de fuerte presión internacional sobre Caracas.

Para otros, sus palabras evidencian la distancia entre la visión colombiana y la estadounidense sobre el rol del narcotráfico en la cúpula del régimen de Maduro.

Mientras tanto, la discusión continúa abierta en ámbitos diplomáticos, judiciales y políticos. La entrevista de Petro, lejos de cerrar el tema, parece haber encendido de nuevo uno de los debates más sensibles de la región.

Vía LaPatilla

En un intento por recalibrar su posición y apaciguar la tormenta política que él mismo desató, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, publicó este sábado 11 de octubre un nuevo mensaje en el que busca desmarcarse del régimen de Nicolás Maduro, por lo menos en la apariencia.

«Yo no defiendo a Maduro», escribió, una frase que suena más a justificación tardía que a una aclaratoria convincente, evidenciando que sigue sin encontrar la manera de enmendar la que muchos consideran su gran ‘metida de pata’: atacar a la recién laureada Nobel de la Paz, María Corina Machado.

La controversia comenzó más temprano este sábado después del histórico anuncio de Oslo el pasado viernes. En un movimiento que fue calificado de inoportuno y agresivo, Petro interpeló a Machado, exigiéndole explicaciones por una presunta alianza con el «criminal contra la humanidad» Benjamín Netanyahu. La carta fue interpretada de inmediato no solo como un ataque a la figura del momento, sino como una defensa implícita del régimen venezolano al intentar deslegitimar a su principal adversaria.

Ahora, acorralado por las críticas, Petro intenta un control de daños. Su nueva misiva, sin embargo, es una extraña mezcla de rectificación y reafirmación. Mientras niega defender a Maduro, redobla su ataque a Machado, volviéndole a exigir que se aparte de «Netanyahu y sus amigos nazis» y que se comprometa a «detener una invasión».

La estrategia parece ser la de reposicionarse como un actor neutral, un pacificador regional. Advierte que una invasión a Venezuela sumiría a Latinoamérica en «otros cien años de soledad» y ofrece a Colombia como garante del diálogo. «Colombia ayudará con todo al diálogo entre venezolanos, jamás a una invasión a nuestra patria grande», afirmó.

Pero la maniobra llega tarde. Al elegir cuestionar a la Nobel en lugar de celebrar su triunfo, Petro se posicionó en la vereda opuesta a la de la comunidad democrática internacional.

Vía Semana

SEMANA revela la estrategia del presidente electo, Gustavo Petro, para restablecer relaciones con el vecino país. Esta semana hubo una llamada telefónica con Nicolás Maduro.

Aunque hasta el próximo 7 de agosto Gustavo Petro se convertirá en el nuevo presidente de Colombia, desde ya empezó a diseñar el plan que le permitirá cumplir una de sus banderas de campaña: recomponer las relaciones con Venezuela.

Eso implica, entre otras cosas, reabrir los siete pasos fronterizos terrestres a lo largo de 2.100 kilómetros que han permanecido cerrados por las disputas entre Bogotá y Caracas.

SEMANA conoció que Petro designará, en cuestión de días, a un dirigente político de su confianza para que empiece a tender puentes y logre diálogos con el vecino país que permitan ponerles fin a las tensiones. Se barajan tres nombres para dicha misión.

Petro no quiere politizar el asunto. Por eso, busca a una persona con habilidad de negociación, que no forme parte de su gabinete, que conozca la convulsa realidad venezolana y que no sea identificado con la izquierda o la derecha. En últimas, que tenga capacidad de diálogo.

El nuevo mandatario busca normalizar las relaciones comerciales. En 2008, cuando Hugo Chávez cerró la frontera, las exportaciones desde Colombia ascendían a 6.000 millones de dólares anuales. Pero en el segundo semestre de 2009, en medio de las tensiones, se desplomaron a 150 millones de dólares, según Analdex.

Petro, cuyo Gobierno estima que, si las relaciones se reactivan, habría ingresos por 10.000 millones de dólares para Colombia y se generarían un millón de empleos, guarda prudencia. No hará ningún anuncio hasta que no se tercie la banda presidencial por respeto al presidente Iván Duque.

No obstante, una fuente, quien pidió la reserva, le contó a este medio que el nuevo mandatario ya tuvo su primera conversación telefónica con Nicolás Maduro a comienzos de esta semana. Los detalles del diálogo, que se extendió durante más de 20 minutos, no han trascendido.

El nuevo mandatario busca que en la negociación ni él ni Maduro sean los protagonistas. Quiere que sea una conversación netamente comercial y diplomática, que no esté contaminada por el proceso de paz que sostuvo Juan Manuel Santos con las Farc y tampoco por el que él pretende desarrollar con el ELN, si ese grupo armado muestra voluntad de ponerle fin a la guerra.

Es más, la persona que designe Petro entablará el diálogo con autonomía y le reportará los avances de manera exclusiva al presidente y al canciller Álvaro Leyva. Uno de los primeros anuncios sería reabrir los consulados en ambas naciones como un gesto de confianza.

Hasta ahora, no está programado un encuentro entre Maduro y Petro. Sin embargo, no se descarta que, en medio de las conversaciones o al final, ambos líderes puedan reunirse. El nuevo jefe de la Casa de Nariño insistirá en que los diálogos sean canalizados mediante la presidencia, aunque no se opondrá a las conversaciones que desde el 20 de julio empezarán a darse entre el Senado de Colombia y la Asamblea Nacional de Venezuela, según le anticipó a SEMANA la senadora del Pacto Histórico Gloria Flórez.

Lo que está descartado es que la senadora Piedad Córdoba forme parte de la delegación del nuevo Gobierno para buscar acercamientos con Venezuela. Petro, quien le pidió a Córdoba que no se posesionara en el Congreso, tiene puentes directos con Maduro y el Palacio de Miraflores, y ya los ha utilizado.

Aunque la polémica congresista anunció que viajará próximamente a encontrarse con Maduro en Caracas, no será para cumplir un papel de mediadora. “No tengo por qué inmiscuirme en nada de eso, ni quiero. No me interesa para nada, eso es un asunto del presidente Petro”, le dijo Córdoba a SEMANA.

Esta no es la primera vez que el Congreso colombiano y la Asamblea Nacional Venezolana intentan un acercamiento para bajarle la tensión al conflicto diplomático. En octubre de 2021, el presidente del Senado, Juan Diego Gómez, le envió una carta a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional Bolivariana, en la que habló de la necesidad de tender diálogos. La misiva generó una tormenta porque, aunque fue avalada por el Congreso, el presidente Duque desautorizó a los parlamentarios. Rodríguez forma parte del legislativo oficialista de Nicolás Maduro y el Gobierno colombiano valida a Juan Guaidó como mandatario bolivariano.

En 2019, la Cámara de Representantes lideró varios espacios de diálogo con la Asamblea Nacional en busca del mismo objetivo. El congresista del Partido Liberal Carlos Ardila, entonces vicepresidente de la Comisión Segunda, alcanzó a entablar contactos con diputados de oposición y del Gobierno de Maduro, pero finalmente no se logró avanzar por falta de voluntad entre ambas partes.

Hoy el escenario es otro. Aunque Petro y Maduro no se han vuelto a ver desde hace varios años, coinciden en la necesidad de mejorar las relaciones bilaterales, y ese es el primer paso para empezar a dialogar.

Javier Díaz, presidente de Analdex, dijo: “Venezuela necesita abastecerse y su mercado natural es Colombia. Yo estimaría que empezaría con cifras pequeñas, pero se irá reactivando. Lo que ellos más necesitan es alimento, medicamentos, productos de aseo”, informó. En el pasado, más de 4.000 empresas de este país surtían al vecino país.

Aunque la expectativa es grande, la reapertura total de la frontera no es tan sencilla. De entrada, el Gobierno interino de Juan Guaidó reclamará que lo tengan en cuenta para el restablecimiento de relaciones, pero, tal como lo reconoció el diputado Williams Dávila, no ocurrirá en el Gobierno de Petro. “El presidente electo de Colombia debería hablar con Guaidó y Maduro”, propuso.

Más allá de eso, el verdadero desafío es el que tendrá que asumir Maduro para enfrentar el narcotráfico y a los grupos armados colombianos que se esconden en Venezuela bajo su protección, según las fuentes de inteligencia colombiana. No es un secreto la relación entre Maduro con el ELN y las disidencias de las Farc.

Para no ir tan lejos, Iván Márquez, jefe de la Segunda Marquetalia, recibe atención médica en un hospital de Caracas tras resultar herido en un ataque en su contra. “Está siendo protegido por el régimen de Nicolás Maduro”, confirmó el ministro de Defensa, Diego Molano.

Ante ese escenario, surgen varios interrogantes: ¿qué exigencias pondrá sobre la mesa el Gobierno de Petro para restablecer las relaciones con Venezuela? ¿Exigirá mano dura contra los grupos armados que operan en la frontera y que están custodiados por la Guardia Bolivariana? ¿Maduro se comprometerá a expulsar a la cúpula de las disidencias de las Farc de Caracas? ¿Qué papel desempeñará con los cabecillas del ELN que cruzan la frontera sin control alguno? Esas preguntas quedarán resueltas a medida que avancen las conversaciones.

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