Morfema Press

Es lo que es

Rafael de la Cruz

Después del 10 de enero se han desatado los normalizadores de la dictadura para explicar que no hay nada que hacer, que el régimen está en Miraflores para quedarse. Estos personajes dicen que hay que buscar la manera de cohabitar, de recibir alguna migaja que otra, algún carguito, sometido por supuesto a la voluntad y arbitrio de los usurpadores. Otros, o los mismos, están en busca de algún negocito, de algún algo que les permita vivir en la mediocridad de una economía destruida y sin esperanza de recuperación. Es un triste espectáculo de mendigantes sin vergüenza ni respeto por la decisión de los venezolanos de vivir en libertad, en democracia y en un país próspero.

Los unos, los de los carguitos, están apresurándose a ponerse en fila para ver si les toca algo en la pantomima que el régimen llama “elecciones” regionales y locales en abril. Una gobernacioncita sin autonomía aquí, una alcaldiita sin recursos allá, un carguito de concejalito más allá, y todos sometidos a los dictados de la dictadura. Para justificar este espectáculo denigrante que están protagonizando, los normalizadores argumentan sin mucha convicción y menos esperanza de ser oídos, que hay que “ganar espacios democráticos”. Da pena ver cómo gente adulta se presta para tal sarao donde lo que están quedando es como lo que son, cómplices. Los venezolanos no olvidarán a los que están aliados al peor y más ilegítimo régimen que ha tenido la historia republicana. Por lo demás, el espectáculo les va a quedar deslucido. Cuánta gente creen que va a salir a votar después de quedar en evidencia que el sistema electoral no es independiente de la voluntad de Maduro y sus compinches, sino una máquina hueca que publica lo que le mandan. No habrá elecciones en Venezuela hasta que se reconozca el resultado apabullante, público y notorio del triunfo de Edmundo González Urrutia como presidente, de la mano de la líder del movimiento democrático, María Corina Machado.

Los otros, los que buscan algún negocito, o que les dejen seguir con lo que tienen al menos, están haciendo un papel casi más triste que los de los carguitos. Estos empresarios perdieron la brújula hace tiempo. La brújula moral, y la brújula para hacer negocios de verdad. Se conforman con un país empequeñecido, con una fracción del potencial económico de Venezuela. Hoy la economía del país no pasa de 100.000 millones de dólares. Esto es exactamente el tamaño de la economía de hace 25 años atrás nominalmente. A esta cifra hay que restarle la inflación de estos 25 años, con lo que la cifra real no pasa de 60.000 millones de dólares. Si Venezuela hubiera crecido como hubiera podido de seguir por donde iba en 1998, hoy tendríamos un país de 600.000 0 700.000 millones de dólares, con una gran base empresarial, exportadora y pujante, creadoras de buenos empleos, que sería la admiración de América Latina y del mundo. En vez de buscar un futuro mejor, hay empresarios que se conforman con las migajas que pueden recoger del desastre nacional. Cuando vivamos en el país que construiremos al salir de esta pesadilla, ¿qué le dirán a sus hijos y nietos cuando tengan que explicar por qué se pusieron del lado de la dictadura y de la pequeñez de miras?

Los unos y los otros se regocijan abierta o calladamente cuando creen interpretar las “señales” que envía la nueva administración del presidente Trump. Que si Trump es un personaje transaccional que ya no le importa Venezuela, que si Grenell vino a negociar petróleo por rehenes, que si enviaron a deportados que los recibe Diosdado con fanfarria, etc. etc. El gobierno americano ha sido claro y raspao en indicar que la política de Estados Unidos es de reconocimiento al presidente electo González Urrutia y de repudio al régimen ilegítimo de Maduro. En la conversación que tuvo el nuevo secretario de Estado, Marco Rubio, el primer día en su cargo con María Corina y con el presidente electo, envió la señal más clara posible dirigiéndose a González Urrutia como “rightful president of Venezuela” o presidente legítimo de Venezuela. A buen entendedor, pocas palabras.

El problema de salir de la dictadura es de los venezolanos, y los venezolanos lo vamos a lograr. Como en toda batalla de calibre, el movimiento democrático requiere de aliados. Se ha formado una coalición internacional extensa que incluye a todos los países democráticos del mundo, encabezados por América Latina, Europa, Israel y por supuesto Estados Unidos, entre otros países amigos.

Este juego no ha terminado y lo vamos a ganar. Atentos a las próximas jugadas. Los normalizadores se quedarán con los crespos hechos.

Todos los gobiernos necesitan legitimidad o la apariencia de legitimidad para sostenerse, incluso las dictaduras.

Los Castro en Cuba exprimieron durante décadas hasta la última gota la legitimidad que lograron por acabar con una dictadura militar hace más de 60 años. Cuando el desastre socialista de la isla acabó con esa legitimidad, los Castro pusieron en escena alguna que otra elección que ganaban con 98% de unos votos que nadie podía auditar, pero que nadie pudo tampoco probar como falsos. Aunque era evidente el truco y el engaño, nunca hubo prueba de lo contrario. La torpe excusa que atribuye eternamente la debacle económica y social de la isla al bloqueo de los Estados Unidos les ha servido igualmente de leve velo de legitimidad fabricada. Nunca explicó Fidel, ni tampoco Raúl, por qué un país, al que le sobran las relaciones diplomáticas y comerciales con todo el mundo, es tan miserable solo porque otro país, los Estados Unidos, no comercia con ellos todo lo que podría. Pero a los Castro, y a sus sucesores, no les importa responder esa pregunta. Lo que les importa es justificar el increíble fracaso de su experimento revolucionario, y disculparlo para mantener una apariencia de legitimidad. De modo que aún la Cuba socialista, necesita de alguna artimaña, de alguna cortina de humo, que le haga aparecer como justificada ante la comunidad internacional y ante su pueblo. Cada vez menos se lo creen. Pero el inmenso esfuerzo que hacen todos los días para convencer a propios y extraños que ellos son legítimos y que están luchando contra un monstruo omnipotente que los oprime, revela la necesidad imperiosa de rascar algo de legitimidad en donde puedan.

Putin concentra igualmente un inmenso aparato de propaganda en crear apoyo popular a su régimen tiránico socorriéndolo con la exacerbación del nacionalismo y la amenaza internacional contra la Rusia eterna. Al igual que otras dictaduras, Putin escenifica un juego electoral periódico para darle un atisbo de legitimidad a su gobierno. Nadie confía en los resultados. Sus números son inauditables, pero, otra vez, nadie ha podido probar el continuado engaño. Por supuesto Putin hace más que esto para sostenerse. Literalmente reprime y elimina a sus opositores. Pero aún él sabe que con represión no se puede mantener eternamente. Necesita justificar su régimen, haciéndolo aparecer como un poder otorgado por el pueblo ruso. Sin eso, la represión sola, tiene corto aliento.

Otros regímenes dictatoriales, como el de Corea del Norte, ni se molestan en hacer elecciones. Pero escenifican una democracia “popular” travesti que asume que las elecciones altamente controladas de cargos del partido comunista y de una asamblea “popular” por parte de las “bases” proporciona la legitimidad que requieren para mantenerse. Por supuesto las “bases” no son otra cosa que las mismas células del partido comunista, y los votos resultan de manera permanente en la elección de los que se someten al poder de la cúpula del régimen y del partido. Que, por lo demás, son la misma cosa. Células, comités de defensa de la revolución, consejos comunales, etc., etc., no son otra cosa que el intento empecinado de crear una legitimidad que no se sostiene en la verdadera voluntad popular.

Y así llegamos a Maduro y al grupo de mafias enroscadas en el poder en Venezuela. Una larga secuela de elecciones cada vez más fraudulentas, fueron el sustento de legitimidad, cada vez menos real, de este régimen decadente. En más de una ocasión se detectaron fraudes y mentiras en elecciones que el régimen declaraba a su favor. Sin embargo, siempre lograban proyectar la sombra de la duda. La victoria electoral en la que se eligió una mayoría clara de opositores en la Asamblea Nacional en 2015 dio un barniz de credibilidad al sistema electoral. Aunque el régimen maniobró inmediatamente para despojar a esta Asamblea legítima de todo poder real, las elecciones mismas fueron una advertencia a la dictadura de que aún con todas las trampas, el pueblo venezolano pudo usar el instrumento electoral para expresar su rechazo al socialismo del siglo XXI. El régimen fue tomado por sorpresa. Pero, dada la trayectoria de elecciones sobre las que el chavismo se sustentó tantos años, no tuvieron más remedio que volver a hacerlas. En 2018 el vencedor opositor de las elecciones cedió ante el fraude, y aunque Maduro perdió la credibilidad de buena parte del pueblo y de muchos países, siguió adelante, desafiando un gobierno interino que nunca gobernó y que terminó por deshacerse. En 2024 tocó otro ciclo electoral. Maduro y sus secuaces decidieron que pasara lo que pasara no admitirían la derrota. Buscarían engañar descaradamente, y crear la duda sobre quién ganó realmente porque, ellos lo saben, su permanencia en el poder depende de su legitimidad, y la legitimidad depende de las elecciones. Usaron todas las artimañas posibles, todas las argucias e ilegalidades flagrantes para evitar una nueva derrota. De nada les sirvió. Perdieron por avalancha como nunca antes. Y no solo eso. Se probó que Edmundo González Urrutia, con el liderazgo de María Corina Machado, ganaron sin apelación. Y no cederán ante el fraude.

¿Se equivocó el régimen en hacer elecciones? Si. Pero no tenía opción. Era eso o destruir por anticipado su viabilidad. Ahora que todos sabemos lo que pasó, incluidos ellos, están como el rey desnudo. La verdad es la verdad. Se les acabó la cuerda. Quieren mantenerse mintiendo descaradamente, y sabiendo que mienten, ante todo el pueblo de Venezuela y ante la comunidad internacional entera. Les queda la represión, que como en todas partes tiene las piernas cortas, en ausencia total de legitimación, o de una idea nacionalista o una construcción ideológica aunque sea desvencijada y maltrecha.

El bravo pueblo tiene la palabra. Hasta aquí los trajo el rio.

El distinguido historiador Elías Pino Iturrieta ha dedicado dos artículos y alguna entrevista a alertar sobre el título del programa de gobierno de María Corina Machado: Venezuela Tierra de Gracia. Su principal preocupación pareciera ser que con esta frase se podría estar reproduciendo el espejismo de que éste es un país bendecido por Dios y la naturaleza, dotado de recursos abundantísimos. Precisamente por esa abundancia, sus habitantes no tendríamos por qué trabajar demasiado, sino simplemente disfrutar de esos cuantiosos bienes, una vez repartidos equitativamente.

Esta idea, que empieza con la visión de exuberantes playas de arenas blancas, la bella mar Caribe azul turquesa y el clima excepcional que encontraron los primeros navegantes europeos que llegaron a Tierra Firme, sería el origen de la idea de que estamos cerca del paraíso terrenal…y de la idea de que, en algún lugar, no muy lejos, se encuentra El Dorado. Y si El Dorado está a la vuelta de la esquina, ¿por qué trabajar? De lo que se trata es de buscar el oro escondido, esperando a ser repartido.

De esa versión colonial extractivista, se pasa a la era petrolera que confirma la noción de un país con recursos ilimitados donde de lo que se trata es de repartirlos, no de trabajarlos. El populismo del siglo XX y el socialismo carnívoro del siglo XXI se encargarán de acentuar la noción de la riqueza inmensa de Venezuela y de que el Estado es el que está llamado a repartirla. ¿Voy bien, Elías?

En resumen, la preocupación de Elías pareciera ser evitarnos caer nuevamente en el mito de El Dorado, en el espejismo de la Venezuela petrolera donde no se requiere trabajar para vivir, sino recibir del Estado lo que sería el derecho de nacimiento de cualquier venezolano: su barrilito de petróleo.

Estimado Elías, estamos de acuerdo. No te preocupes. Te entendemos. El gran drama de Venezuela ha sido la creencia de que la inmensa abundancia del país deber ser repartida. Que el Estado es el llamado a arbitrar esa repartición, y que cuando no llega lo suficiente, o lo esperado, el Estado es el responsable y claramente se lo han robado. Ese fue el gran reproche de la sociedad a los partidos de finales del siglo XX. Esa fue la motivación de muchos para darle paso al chavismo, creyendo en un redentor que terminó siendo más depredador de los recursos públicos y más abusador del mito de la repartición de la riqueza que nadie antes que él. Y así les está yendo. Al destruir la economía privada y la industria petrolera, y bajar las aguas de los precios del barril, se han quedado al desnudo. Tenemos un país destruido por exacerbar la absurda idea de que el Estado puede proveer bienestar, simplemente repartiendo una riqueza que no es tal. Se les acabó la manguangua y se van pronto.

Ahora Elías, permíteme decirte por qué el programa de María Corina se llama Venezuela Tierra de Gracia.

En primer lugar, porque es una frase preciosa, que da cuenta de la belleza inmensa de nuestro país. Este país lo vamos a reconstruir sobre nuevas bases. La más importante de esas bases es la confianza en su bravo pueblo capaz de trabajar duro y parejo, en el que cada uno de nosotros se labre un futuro para sí, para nuestras familias y para hacer de Venezuela nuevamente una gran nación, de la que todos estemos orgullosos. Una nación de gente esforzada, confiada en sí misma, independiente, donde el valor del trabajo honesto sea esencial, en la que el Estado tenga un carácter subsidiario, y no este aparato paquidérmico que se mete hasta en la sopa, literalmente. Estamos a favor de la libertad. Queremos un Estado pequeño, pero eficiente, que garantice igualdad de oportunidades con educación, salud y una economía de mercado ordenada, para que cada venezolano pueda buscar su bienestar con el sudor de su frente, no esperando dádivas, ni Dorados, ni su pedacito de renta petrolera.

Venezuela Tierra de Gracia no es un espejismo, Elías. Venezuela Tierra de Gracia somos cada uno de nosotros.

Por Rafael de la Cruz

Hoy vuelvo sobre el programa de gobierno de María Corina. Esta vez vamos a analizar qué propone hacer con el sensible tema de la seguridad de los ciudadanos, y el más sensible tema de las fuerzas armadas y la defensa de la soberanía del país.

El caos actual

El régimen se ha aliado con mafias narcotraficantes; con las disidencias de las FARC y con la guerrilla del ELN de Colombia; con el grupo terrorista Hezbollah, auspiciado por Irán; con Rusia; y especialmente con el régimen castrista, al cual le ha cedido parte importante del control del Estado y al cual mantiene con regalos diarios de decenas de miles de barriles de petróleo gratuitamente. La consecuencia de estas alianzas ha sido una pérdida de control del territorio y una cesión de la soberanía a grupos y naciones extranjeros.

Adicionalmente, el régimen no lograr controlar los problemas de seguridad ciudadana. Ni siquiera en esto tiene algo de éxito. Más grave aún, la cesión de soberanía y la segmentación del territorio ha dejado grandes áreas de la República a merced de grupos irregulares que explotan a la población y los recursos naturales del país, como ejemplifica el arco minero, lleno de malandros e irregulares, socios del régimen.

En medio de este caos, el régimen a quien le teme es a la población venezolana. La doctrina que ha establecido es la del “enemigo interno”. Una doctrina de seguridad y defensa que transformó la soberanía del Estado en un modelo de protección del poder, donde se ha fortalecido a los órganos de inteligencia y de represión, en detrimento de las unidades profesionales militares y policiales. Esta doctrina destruye el estado de derecho y lo convierte en un instrumento de control y persecución política, reorientando las funcionas de seguridad y defensa hacia una estructura de Estado policial

La pax criminal, resultado de esta situación, es un fenómeno social que surge a partir de la ausencia del Estado sobre el territorio, en el cual organizaciones armadas de delincuencia organizada o con fines subversivos toman control de los espacios para ejercer de facto funciones de seguridad y protección. De esta manera se convierten en los reguladores de la vida y las relaciones entre los ciudadanos. En el caso venezolano, este proceso ha ocurrido como un acto deliberado del régimen en el poder. Lo ha auspiciado, a fin de aprovecharlo como instrumento en las acciones represivas y de control propias de la doctrina del enemigo interno.

Frente a esta situación el programa de gobierno de María Corina prevé dos ejes de acción. El primero se refiere a la seguridad ciudadana y la función policial. El segundo se enfoca en la defensa en la soberanía y en el papel de las fuerzas armadas.

Seguridad ciudadana

Entre las medidas respecto a la seguridad ciudadana: (i) se incrementará las capacidades de las fuerzas de seguridad para responder de manera efectiva a las amenazas contra los ciudadanos y contra el Estado; (ii) se dará prioridad a la prevención del delito, fomentando la participación ciudadana y el trabajo de las policías con las comunidades locales; (iii) se creará un sistema de inteligencia y análisis criminal que permita anticiparse a los delitos y desarticular los grupos criminales; (iv) se hará énfasis en la formación y profesionalización de los policías al servicio de la comunidad; y (v) se establecerá un sistema de carrera con meritocracia y condiciones socioeconómicas que revaloricen al funcionario de seguridad, y le ofrezcan aseguramiento y protección social para él y su familia. Esta nueva estrategia de seguridad ciudadana permitirá restablecer la confianza de la población en los cuerpos policiales e integrarlos en sus comunidades como lo que son: venezolanos cuya misión es proteger a sus vecinos y familias.

Soberanía Nacional

Entre las medidas respecto a las fuerzas armadas: (i) se reemplazará la doctrina del “enemigo interno” por la doctrina de defensa de la soberanía; (ii) el mando militar se concentrará en los cuatro componentes de las fuerzas armadas y se disolverá la milicia; (iii) al igual que con las policías, se implantarán procedimientos meritocráticos para los ascensos militares, de manera de volver a colocar a las fuerzas armadas como una institución profesional fundamental de la Nación; (iv) se hará un esfuerzo espacial en especializar a los militares en plataformas tecnológicas de defensa, ciberseguridad de infraestructuras críticas, modelos avanzados de análisis de riesgos e incremento de las capacidades tácticas; (v) se reestructurará el sistema de protección social de los efectivos de las fuerzas armadas, con el esquema de seguridad social basada en capitalización con apoyo subsidiario del Estado, para asegurar su bienestar y el de sus familias, como reconocimiento de la sociedad venezolana al papel vital que juegan en la defensa de la soberanía.

Las Fuerzas Armadas deben retornar a los principios que rigen la geopolítica del hemisferio, alineando sus intereses con la región y desalojar la presencia de elementos internacionales a los que se les ha permitido operar en el territorio con el propósito de amenazar a la población y a nuestros aliados históricos. Las Fuerzas Armadas deben retomar el control y la independencia de los espacios y ponerlos al servicio del desarrollo de la Nación.

En definitiva, el gobierno de María Corina devolverá a los militares y a los policías el papel que les toca jugar de protección de los ciudadanos y de resguardo de la soberanía, de manera profesional y en el marco de un Estado democrático. Esto les será recompensado con el respeto y reconocimiento que merecen de parte de todos los venezolanos.

Por Rafael de la Cruz

El 28 de julio de 2024 María Corina Machado impulsará a Edmundo González Urrutia a ganar las elecciones presidenciales. Tendremos un presidente decente al frente de un gobierno de transición que tendrá que enfrentar una dura situación social y económica en Venezuela.

Se manejan muchas hipótesis sobre lo que el régimen va a intentar hacer para evitar esta realidad. Hay quienes dicen que van a tratar de postergar las elecciones. Un altercado con Guyana es la pieza favorita de este escenario. La cosa iría más o menos así: se provoca un conflicto limitado o una escaramuza que permita la excusa para declarar un estado de emergencia nacional o algo parecido, y en ese contexto postergar la fecha de las elecciones indefinidamente. Este escenario es de alto riesgo para el mismo régimen. Recuerden las Malvinas. En este caso, hasta Lula se le va a enfrentar a Maduro. La paz regional no es algo con lo que se puede jugar impunemente.

Otro escenario es el del fraude. Pasada la medianoche del 28 de julio, furtivamente, con alevosía y nocturnidad, el Amoroso se descuelga con innumerables millones de votos que saca Maduro, y unos poquitos que favorecen a Edmundo. El régimen ha intentado todo para voltear el resultado electoral antes de las elecciones mismas. A casi 10 millones de venezolanos, la mitad afuera y la mitad en el país, se les ha negado la inscripción en el registro electoral. Se les ha negado el derecho político básico de votar. A María Corina se le ha negado el derecho a ser elegida. Y finalmente, las maquinitas. Las benditas maquinitas que cuentan votos en una caja negra. El régimen lo está pensando, y algunos creen que lo pueden hacer y lograr lo que realmente le interesa a Maduro y a sus panas. Arrebatar la elección pero parecer que gana legítimante. Nadie lo va a creer. Ni el país ni el mundo. No tendrá legitimidad. Punto. El tsunami de votos que le va a caer encima lo va a planchar. Y los vamos a contar. Papelito por papelito. Por ahí no van a llegar muy lejos.

Otras tretas, como eliminar la tarjeta de la unidad que respalda a Edmundo, o inhabilitarlo, o cualquiera otra peripecia sería miope y les va a quedar muy feo. Como he repetido en varias ocasiones en artículos recientes, al régimen le conviene negociar para buscar una salida razonable.

En resumen, el régimen la tiene complicada. Por eso, es útil y prudente hablar de lo que trata realmente este artículo: las tareas de un gobierno de transición.

Una vez que se instale Edmundo en Miraflores, habrá cosas importantes que hacer en ese gobierno de transición. Pero hay tres temas que son especialmente urgentes: la primera, restablecer las libertades democráticas. La segunda empezar la estabilización al país. La tercera llamar a elecciones libres y limpias.

Las libertades democráticas incluyen prominentemente la libertad de pensamiento y de prensa, la libertad de disentir sin ser tratado como enemigo, el respeto a los derechos políticos de todos los venezolanos, y el restablecimiento de la separación e independencia de los poderes del Estado. Esta tarea requerirá la legitimación de los poderes públicos, empezando por la elección de un Congreso donde todas las fuerzas políticas del país, incluyendo los afectos al régimen que quieran seguir haciendo política, tengan el espacio que se ganen limpiamente en elecciones libres.

La estabilización política, social y económica del país será una tarea de primera importancia que deberá empezar, aunque no acabará, el gobierno de transición. Se deberá atender la grave crisis humanitaria con un apoyo temporal a las familias con las mayores carencias; frenar la inflación con medidas tanto fiscales como monetarias sanas, y propiciar la inversión pública y privada para reanimar la economía y crear empleo. Para esto se requerirá apoyo internacional, especialmente de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Igualmente, al gobierno de transición le tocará empezar a poner el territorio bajo el control del Estado, desplazando las mafias de narcotráfico y grupos irregulares de toda ralea. Adicionalmente, será el gobierno de transición al que le toque restablecer las relaciones internacionales con las naciones democráticas del planeta. La estabilización y reconstrucción del país requerirán un esfuerzo sostenido por un largo período, pero en el gobierno transicional no se puede perder tiempo y se debe empezar a trabajar en esta dirección.

Finalmente, una tarea esencial del gobierno de transición será organizar elecciones libres y democráticas, donde todos los venezolanos que quieran votar lo puedan hacer, y todos los candidatos que quieran presentarse a los diversos cargos de elección popular, especialmente a la Presidencia de la República, puedan hacerlo para ejercer un período normal de gobierno.

El pueblo venezolano no se equivoca. Sabemos lo que queremos. Sabemos que este proceso barroco y tergiversado que ha impuesto el régimen para las elecciones del 28 de julio no es ni limpio, ni justo, ni democrático. Pero también sabemos que vamos a ganar esta batalla electoral, sabemos que María Corina puede endosar sus votos a Edmundo, y sabemos lo que viene adelante. Sigamos el camino sin desviarnos de la ruta electoral. Estamos cerca. María Corina terminará siendo la presidente de todos los venezolanos.

Por Rafael de la Cruz

Continúo la presentación y análisis del programa de gobierno de María Corina Machado. Hoy voy a tratar el tema de la seguridad ciudadana para la regeneración democrática.

La seguridad de los ciudadanos es una función esencial del Estado. Garantiza la tranquilidad de las personas y da certeza sobre el futuro. De este modo se pueden desarrollar planes de vida, a las familias les hace sentir que están defendidas contra el hampa, y la economía puede funcionar y generar empleos con mayor certidumbre. En definitiva, la seguridad ciudadana es de la mayor importancia para la convivencia social, y el Estado debe garantizarla sin titubeos a nivel nacional, estadal y municipal.

En Venezuela la seguridad ciudadana se ha deteriorado gravemente a lo largo de estos 25 años de régimen chavista. Progresivamente bandas criminales se fueron aliando con el régimen para brindarle mecanismos de coacción, de tráfico de drogas, lavado de dinero y una economía ilegal. Se fue estableciendo un modelo de Pax Criminal. Esta se caracteriza por la ausencia del Estado en una porción del territorio y el control de este territorio par actores armados no estatales, pero auspiciados y coordinados desde el régimen.

Para restablecer la tranquilidad y el orden que debe ser un derecho ciudadano básico, el programa de María Corina ofrece 3 ejes de acción.

En primer lugar garantizar la estabilidad y la seguridad ciudadana. Se incrementará las capacidades de las fuerzas de seguridad, al tiempo que se implementarán políticas de prevención del delito, fomentando la participación ciudadana y el trabajo conjunto con las comunidades. Se hará especial énfasis en crear un sistema de inteligencia y análisis criminal que permita anticiparse a los delitos y desarticular grupos criminales.

El segundo eje de acción será restablecer la confianza en la institucionalidad de los órganos de seguridad. Se asegurará transparencia y rendición de cuentas en todas las instituciones encargadas de la seguridad ciudadana. Se modernizarán y digitalizarán los procesos policiales para optimizar la gestión de la información y coordinación entre entidades. De manera especial se capacitará y profesionalizará a las policías y se mejorarán las competencias operativas, garantizando los recursos suficientes para realizar sus tareas de manera ética y eficiente. Finalmente, se establecerá un sistema meritocrático de carrera y aseguramiento y protección social para el funcionario y su familia. Los cuerpos policiales recuperarán la confianza de los ciudadanos y serán sus aliados.

El tercer eje será asegurar la soberanía nacional bajo el Estado de derecho. Se profesionalizará y aumentará la vigilancia y el control de las fronteras y zonas fronterizas para recuperar el territorio ocupado por la delincuencia y grupos irregulares. Se establecerá igualmente la presencia activa del Estado en áreas tanto urbanas como rurales.

Desde el punto de vista institucional, se crearán dos estructuras para la coordinación y el control de gestión de la seguridad ciudadana: la Oficina Nacional de Seguridad para la coordinación y control de la gestión policial, y el Centro de Inteligencia para la identificación, estrategia y abordaje de amenazas a la democracia. Se eliminará el carácter policial del sistema de inteligencia y se sujetará al control político del congreso.

Adicionalmente, se establecerán alianzas internacionales que fortalecerán los valores democráticos, frente a amenazas globales que están latentes en la región, especialmente respecto al terrorismo y al narcotráfico.

En resumen, el programa de gobierno de María Corina, al incluir el tema de seguridad ciudadana, reconoce que es un problema real y que debe atacarse para mejorar la vida de las personas. Pero también su inclusión es una señal que María Corina envía de que es posible adecentar y profesionalizar los cuerpos policiales para ponerlos de verdad al servicio de los ciudadanos, y ganarse de esta manera el respeto y aprecio de todos en la creación de la sociedad civilizada que proponemos.

Con este artículo termino la serie de análisis del programa de gobierno de María Corina que he venido presentando durante varios meses. En mis próximos artículos tocaré temas económicos, políticos, institucionales e internacionales que marcan la cancha en la cual tendrán que moverse las acciones de reconstrucción del país que propone este programa.

¿Quieres saber más del programa de gobierno?: https://conmariacorina.com/es/programa-de-gobierno.


Rafael de la Cruz es miembro del equipo económico de María Corina Machado y ex gerente general del grupo de países andinos del BID.

Por Rafael de la Cruz

Uno no deja de sorprenderse al leer opiniones que califican como “blasfema” la privatización de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Alertan dramáticamente y se rasgan las vestiduras porque esta propuesta de María Corina va a “profanar la soberanía popular”, sin aportar ninguna idea o datos sobre por qué la industria en manos privadas es una cesión de soberanía o una blasfemia.

En lugar de argumentar, se dedican a aportar información y más información sobre la vigencia del petróleo por un largo período de tiempo en nuestro país, encendiendo una polémica que podría ser más rica en discusiones, pero que -viéndolo positivamente- pone el tema en el tapete y enriquece la campaña de las primarias.

Sobre la privatización de Pdvsa, debo decir que el ruido sobre el tema ha ayudado a presentar una perspectiva realista de cómo resolver la declinación de esta empresa, que pasó de producir 3,5 millones de barriles diarios en 1999 a algo entre 600.000 y 700.000 desde el 2020 hasta ahora. La propiedad estatal de la industria no impidió este colapso increíble de producción que empezó en 2014, antes de las sanciones. Ni tampoco la propiedad estatal de Pdvsa impidió la destrución de su capacidad técnica y la inflación de personal que llevó una industria que se manejaba con 40.000 empleados a la Pdvsa de más de 120.000 empleados. Tampoco evitó el saqueo de la industria a manos de mafias del régimen.

¿Qué vamos a hacer? Vamos a abrir la industria petrolera a la inversión privada, como es el caso en muchos países del mundo que no ceden por eso un ápice de soberanía. El subsuelo seguirá siendo del Estado, de acuerdo con una larga tradición constitucional que tiene sus raíces en el régimen de propiedad colonial español. Los ingresos fiscales provenientes de la actividad petrolera seguirán viniendo del impuesto sobre la renta, regalías, y otros tributos. No tendremos dividendos, salvo en los casos en que la República tenga participación en alguna de las empresas productoras o refinadoras.

Esto nos debe llevar a diseñar un sistema impositivo sobre la actividad petrolera que permita mantener ingresos fiscales significativos, al tiempo que ofrezca incentivos suficientes para los aportes de capital internacional y nacional que se requieren para reactivar la industria. Todo esto va a depender también de las reformas legales y constitucionales que abran camino a la privatización.

Por otro lado, seguiremos recordando que resucitar a Pdvsa es financieramente -y tal vez técnicamente- imposible para cualquier gobierno que suceda al actual régimen. La  privatización de la actividad petrolera y gasífera va a aportar el capital necesario para reactivar la producción de manera sostenida y los impuestos a las petroleras privadas ayudarán a financiar el plan masivo de inversión a mediano y largo plazo que estamos proponiendo en el programa de gobierno de María Corina. Esto es un punto esencial de nuestro plan de expansión económica.

En un tono más político, estos agitados defensores de la soberanía nacional deberían explicar más bien cómo en el período chavista, en el cual los ingresos petroleros fueron los mayores de la historia de Venezuela, la soberanía nacional se cedió a Cuba y a la guerrilla de las FARC y el ELN, además de entregar a rusos, chinos, iraníes y grupos terroristas, como Hezbolá, áreas del territorio y de la economía.

En resumen, estás alharacas creo que son positivas porque siguen reaccionando a una propuesta que diferencia la campaña de María Corina de todas las demás y que permite ampliar la discusión sobre cómo tratar este recurso económico de primer orden para la República.


Rafael de la Cruz es miembro del equipo económico de Maria Corina Machado y ex gerente general de países andinos del BID

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