Hugo ‘el Pollo’ Carvajal, exgeneral venezolano, fue una figura central del chavismo como jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) entre 2004 y 2011, y nuevamente en 2013. Cercano a Hugo Chávez, manejó información sensible sobre operaciones de inteligencia, seguridad interna y redes de poder dentro del régimen. Su rol le dio acceso a secretos de la tiranía venezolana, incluyendo las conexiones con el narcotráfico y el financiamiento político internacional. Acusado en EE. UU. por narcotráfico y narcoterrorismo, enfrenta cargos por coordinar el envío de 5,6 toneladas de cocaína a México en 2006 y colaborar con el Cártel de los Soles y las FARC, según tribunales de Nueva York y Florida. Esta semana, Carvajal se declaró culpable en EE. UU., sugiriendo que podría estar negociando información a cambio de una sentencia reducida. El chavismo también solicitó su extradición en 2021 por traición y conspiración tras su apoyo a Juan Guaidó en 2019.
Los cargos en EE. UU., según el portal de la Embajada de EE. UU. en España y Andorra, incluyen:
- Conspiración para narcoterrorismo (mínimo 20 años, máximo cadena perpetua).
- Conspiración para importar cocaína (mínimo 10 años, máximo cadena perpetua).
- Uso y posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos ligados a narcoterrorismo e importación de cocaína (mínimo 30 años, máximo cadena perpetua).
- Conspiración para usar y poseer ametralladoras y dispositivos destructivos vinculados a narcoterrorismo e importación de cocaína (máximo cadena perpetua).
Para EE. UU., los crímenes de Carvajal constituyen una seria amenaza a la seguridad nacional. La importación de 5,6 toneladas de cocaína a México en 2006 contribuyó a saturar el país con drogas, intensificando la adicción, la violencia de los cárteles y el crimen organizado. Su vinculación con el narcoterrorismo, a través de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y otros actores del Foro de São Paulo, financia grupos armados y desestabiliza la región, comprometiendo la seguridad fronteriza y las políticas antidrogas de EE. UU. Estas acciones agravan la crisis de opioides y cocaína, generando costos sociales y económicos de miles de millones de dólares anuales y decenas de miles de muertes por sobredosis.
Carvajal promete cooperar, ofreciendo datos sobre la red narcotraficante del chavismo y su alcance transnacional, incluyendo actores políticos en otros países. En 2021, en una carta al juez español Manuel García-Castellón, expuso que el chavismo financiaba a líderes como Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner durante al menos 15 años, lo que confirma las transferencias de fondos a campañas políticas en Hispanoamérica.
Para Brasil, estas acusaciones son cruciales. Carvajal, como exjefe de inteligencia, tuvo acceso a detalles sobre cómo el chavismo habría canalizado dinero al Partido de los Trabajadores (PT) y otros actores políticos. Las revelaciones podrían esclarecer si los fondos eran públicos o provenían del narcotráfico, cuánto dinero se transfirió, qué otros políticos brasileños están involucrados y si ocupan cargos actualmente. Además, el impacto del narcotráfico en la región amazónica y las implicaciones geopolíticas de la influencia venezolana son preocupaciones crecientes. A un año de las elecciones presidenciales, las confesiones de Carvajal podrían generar un terremoto político en Brasil, exigiendo respuestas sobre quién investigará y actuará contra los señalados.