Copaxone, un medicamento para la EM, muestra resultados prometedores en la recuperación de un ataque cardíaco, reduciendo el daño y mejorando la función cardíaca.
A finales de la década de 1960, los investigadores del Instituto de Ciencias Weizmann , entre los que se encontraban los profesores Michael Sela y Ruth Arnon y la Dra. Dvora Teitelbaum, desarrollaron moléculas sintéticas llamadas copolímeros.
Inicialmente, estos compuestos tenían como objetivo imitar la esclerosis múltiple (EM) en modelos animales, pero inesperadamente dieron lugar a un fármaco revolucionario, el Copaxone, que se utiliza en todo el mundo para tratar la EM. Décadas después, este medicamento versátil se está explorando para un uso nuevo y sorprendente: ayudar a la recuperación después de ataques cardíacos.
La insuficiencia cardíaca, una enfermedad que afecta a unos 64 millones de personas en todo el mundo, suele ser consecuencia de ataques cardíacos . Estos se producen cuando se obstruye el flujo sanguíneo al músculo cardíaco, lo que provoca la muerte irreversible de las células.
A diferencia de otros tejidos, el corazón no puede regenerar las células musculares perdidas. En cambio, los fibroblastos forman tejido cicatricial, lo que preserva la integridad estructural pero disminuye la capacidad del corazón para bombear sangre de manera eficiente. A menudo, se producen enfermedades crónicas como la cardiopatía isquémica, que suponen una importante carga para la salud.
Estudios recientes han destacado el papel fundamental del sistema inmunológico en la recuperación cardíaca. Si bien la inflamación inicial ayuda a la curación, la inflamación no resuelta puede exacerbar el daño y provocar insuficiencia cardíaca . Dadas las propiedades inmunomoduladoras de Copaxone, los investigadores se preguntaron si podría influir en los procesos de reparación cardíaca.
Un equipo dirigido por el profesor Eldad Tzahor y la doctora Rachel Sarig del Departamento de Biología Celular Molecular del Instituto Weizmann probó Copaxone en modelos de ataque cardíaco en ratones.
Sus hallazgos, publicados en Nature Cardiovascular Research , revelaron resultados sorprendentes. Los ratones tratados con inyecciones diarias de Copaxone demostraron una mejor función cardíaca y áreas de cicatrización más pequeñas. Incluso cuando el tratamiento se retrasó entre 24 y 48 horas después del ataque cardíaco, se observaron beneficios significativos.
“El tratamiento con Copaxone no provoca la división de las células del músculo cardíaco”, explica Sarig. “Ayuda a que las células existentes sobrevivan, mejora la formación de vasos sanguíneos y retrasa la creación de tejido cicatricial”. En los ratones tratados, la cámara izquierda del corazón bombeó más sangre, enviando oxígeno vital a otros órganos. Solo se observaron cicatrices que cubrían más del 30% del ventrículo izquierdo en los ratones no tratados.
Alentados por estos resultados, los investigadores ampliaron su investigación a ratas con insuficiencia cardíaca crónica. En este caso, también el Copaxone arrojó resultados prometedores. Las ratas tratadas casi un mes después de su ataque cardíaco mostraron una mejora del 30% en la cantidad de sangre bombeada por latido y una mejora del 60% en la contractilidad cardíaca. Incluso un mes después de finalizar el tratamiento, estas mejoras persistieron, lo que sugiere beneficios a largo plazo.
Además de su efecto sobre la modulación inmunitaria, el Copaxone mostró efectos protectores directos sobre las células cardíacas. Las pruebas de laboratorio revelaron que el fármaco protegía a las células musculares cardíacas en cultivos de tejidos carentes de células inmunitarias. También redujo la fibrosis y estimuló el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, fundamentales para la reparación de los tejidos. Estos hallazgos subrayan el papel multifacético del Copaxone en la mitigación del daño cardíaco.
Las implicaciones del estudio son significativas, en particular si se tienen en cuenta los desafíos que supone desarrollar nuevos fármacos . La readaptación de medicamentos existentes, como Copaxone, ofrece una vía rentable y acelerada para abordar necesidades médicas urgentes. “El desarrollo de nuevas terapias es laborioso y costoso”, señala Tzahor. “La readaptación de fármacos ofrece una alternativa atractiva para ampliar las opciones de tratamiento”.
Los efectos inmunomoduladores de Copaxone están bien documentados en el tratamiento de la EM. El fármaco promueve respuestas antiinflamatorias al influir en varias células inmunitarias, incluidas las células dendríticas, los monocitos y las células T reguladoras. Estas acciones reducen la inflamación patológica, creando un entorno favorable para
la reparación de los tejidos . Es importante destacar que estos efectos son independientes del diseño original de Copaxone para imitar la proteína básica de la mielina, lo que destaca su amplio potencial terapéutico.
El éxito del estudio también se debe a un esfuerzo colaborativo en el que participaron múltiples investigadores e instituciones. Las contribuciones provinieron de especialistas en biología molecular, inmunología y medicina personalizada, lo que pone de relieve la naturaleza interdisciplinaria de la investigación médica moderna.
Los ensayos en humanos son la próxima frontera. En colaboración con médicos del Centro Médico Hadassah de Jerusalén, el equipo inició un ensayo clínico de fase 2a para probar la eficacia de Copaxone en pacientes con insuficiencia cardíaca.
Se espera que los resultados preliminares confirmen mejoras rápidas en los marcadores de inflamación y la función cardíaca . Sin embargo, como la patente de Copaxone ha expirado, asegurar el apoyo de la industria farmacéutica para realizar más ensayos sigue siendo un desafío.
“Reutilizar un fármaco existente es más rápido y más barato que desarrollar uno nuevo”, explica Tzahor. “Esperamos que los donantes o las organizaciones apoyen esta prometedora línea de investigación”.
Este trabajo innovador no solo destaca el potencial de Copaxone como terapia para la insuficiencia cardíaca, sino que también subraya la promesa más amplia de la reutilización de medicamentos. Al aprovechar los medicamentos existentes, los investigadores pueden descubrir nuevas posibilidades para tratar enfermedades complejas, transformando los desafíos en oportunidades para millones de pacientes en todo el mundo.