Por Salvador Bracho en DDC

El régimen de Nicolás Maduro pone como condición para el diálogo que EEUU levante todas sus sanciones a Venezuela.

Las discontinuas negociaciones entre el chavismo y la oposición democrática de Venezuela parecen entrar, de nuevo, en un punto muerto. El todo o nada que plantea el régimen de Nicolás Maduro, exigiendo que la Casa Blanca ponga fin «a todas las sanciones», para volver a la mesa de diálogo, reiteró lo que hasta ahora ha sido el impasse central.

De forma intermitente, en el último año y medio se han sostenido reuniones entre representantes de Maduro y delegados de la llamada Plataforma Unitaria, que representa a las fuerzas políticas que ganaron las elecciones de 2015 en la Asamblea Nacional y que por la vía de los hechos son la oposición reconocida por EEUU y otros actores internacionales de peso geopolítico en la región como Canadá y la Unión Europea (UE).

«Venezuela no va a firmar ningún acuerdo con ese sector de la oposición venezolana hasta que Venezuela esté 100% libre de sanciones», aseveró este 9 de marzo el actual presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, uno de los hombres de confianza de Maduro y quien, según pudo conocer DIARIO DE CUBA, dentro del chavismo es defensor de la tesis de la negociación a tres bandas, ya que también Caracas mantiene un canal de negociación directo con Washington del que están excluidos los opositores venezolanos.

El todo o nada ha sido una constante como exigencia del chavismo. EEUU ha hecho varias concesiones, pero justamente la posición de Rodríguez parece responder a la declaración previa, del 7 de marzo, de un alto funcionario de la Administración de Joe Biden.

Interrogado sobre los permisos otorgados a la petrolera estadounidense Chevron para que opere en territorio venezolano, de la mano de la sancionada Petróleos de Venezuela (PDVSA), voceros de Washington han dejado en claro que no está previsto levantar de forma masiva o permanente las sanciones que pesan sobre el Gobierno de Maduro.

Como respuesta a una ronda de negociaciones entre oposición y Gobierno, la Casa Blanca emitió en noviembre una licencia de seis meses a Chevron que le permite expandir sus operaciones y exportar petróleo venezolano a EEUU.

«Hubo un cambio en las sanciones específicas para Chevron y es limitada, en cualquier momento se puede revertir (…) puedo decir categóricamente que no tenemos ningún plan de liberalizar más con Venezuela (…) en estos momentos no hay planes para liberalizar más las sanciones», manifestó en Houston este 7 de marzo el subsecretario del Departamento de Estado, José Fernández.

El meollo de la negociación son las condiciones electorales para 2024, cuando deben suceder unas votaciones presidenciales. Rodríguez manifestó que el chavismo no teme medirse en unas elecciones libres, pero que en primer término deben levantarse las sanciones. Para Washington el orden de los factores es diferente, en primer término deben prepararse y garantizarse unas elecciones democráticas y entonces se irán levantando de forma paulatina las sanciones.

Los actores de oposición, entretanto, están enfrascados en la preparación de unas elecciones primarias para escoger un candidato o candidata unitaria, para fines de este 2023, y quien deberá enfrentarse a Maduro el año próximo. El gobernante buscará su reelección con planes de gobernar el país hasta 2030, con lo cual sumaría más años en el poder que su mentor y «padre político», Hugo Chávez (1999-2012).

Para el chavismo otro tema que genera malestar es la falta de celeridad para acceder a 3.000 millones de dólares. Se trata de fondos congelados por EEUU, producto de las sanciones, y que a fines del año pasado se acordó que fueran administrados por agencias de Naciones Unidas para atender la crisis humanitaria en Venezuela.

«Aunque se diga que estos fondos los administrará la ONU, en la práctica serán fondos permeables a las decisiones gubernamentales, que además en un momento de precampaña electoral fácilmente podrán ser usados con fines proselitistas especialmente en comunidades alejadas o muy pobres, donde no hay posibilidad de una auditoría independiente», comentó a DIARIO DE CUBA el director de una organización regional que participa en la distribución de ayuda humanitaria en el occidente venezolano.

En opinión del analista Ricardo Ríos, presidente de la firma Poder y Estrategia, la altisonante declaración de Rodríguez, quien es una pieza a favor de la negociación dentro del Gobierno de Maduro, debe leerse como un mensaje para las facciones internas del chavismo, que están a la expectativa de ver resultados tangibles de las conversaciones.

Rodríguez, según explica Ríos a DIARIO DE CUBA, «enfrenta una serie de presiones internas de las distintas corrientes del Gobierno (algunas de ellas con enconada rivalidad) dado que la negociación no avanza con velocidad para conseguir todo lo que ellos quieren» y esto está abriendo puertas para que «los grupos rivales cuestionen abierta y descarnadamente la negociación».

Además de los factores endógenos, dentro del chavismo, están los elementos externos de carácter geopolítico.

Para este analista no puede pasarse por alto que las declaraciones de Rodríguez tuvieron lugar a escasos días de la visita a Caracas de Nikolái Pátrushev, formalmente secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, pero en la práctica un estrecho colaborador del presidente Vladimir Putin por más de tres décadas, incluso sucediendo a este como director del FSB ruso, la organización que sucedió a la KGB, una vez que desapareció la URSS.

Para Ríos es previsible que en la reunión de Maduro y Pátrushev en Caracas, la semana pasada, además de discutir sobre el respaldo de Venezuela a Rusia tras la invasión a Ucrania, también se haya discutido sobre los recientes acercamientos y canales de diálogo directo entre la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo venezolano.