Por Pedro García Otero en La Voz de Galicia

El anuncio de vender en bolsa empresas públicas venezolanas se encuentra con las consecuencias de tres lustros de desinversión y descontrol y abre una etapa de incertidumbre

El anuncio sorprendió a propios extraños y además se dio en una fecha gafe, un viernes 13 de mayo, para más señas. Nicolás Maduro, el jefe de Estado venezolano, avanzó que vendería una parte de las más que quebradas empresas públicas del país sudamericano. «El lunes que viene va a empezar en las bolsas de valores de Venezuela: vamos a sacar entre un 5 % y un 10 % de las acciones de varias empresas públicas para la inversión nacional, fundamentalmente, o internacional, y usted podrá convertirse en inversionista», señaló el controvertido mandatario. Por supuesto, el lunes llegó y nada sucedió. Y dos semanas después, sigue sin suceder nada. Pero el anuncio quedó como una muestra de hasta dónde está dispuesta a llegar la «revolución bolivariana» tras el naufragio de su experimento socialista: a poner a la venta las acciones de las empresas que renacionalizó durante el segundo gobierno de Hugo Chávez, quien llegó a decir, en el 2010, tras la criminalización y posterior cierre de dos tercios de las casas de bolsa del país — a las que acusó de especular con la moneda— que «un país socialista no necesitaba un mercado de valores». A la cabeza de las empresas que Maduro se propone privatizar está la telefónica estatal Cantv, que Chávez recompró a un consorcio liderado por la estadounidense GTE (y del que formó parte minoritaria la española Telefónica) y que, 15 años después, está asumiendo, tímidamente, algunos planes de reinversión.

La empresa había sido privatizada en 1991, en uno de los procesos más exitosos del continente, y aún dispone, gracias a la inversión estadounidense, de la red de fibra óptica más importante del país. Justamente, Chávez clamó un año después contra la «entrega» de la república. Gerver Torres, exministro del entonces gobernante Carlos Andrés Pérez, recuerda que uno de los factores que hicieron que en ese momento Cantv valiera 3.000 millones de dólares de la época (el doble hoy) fue que «en ese momento el riesgo político se calculó en cero». Venezuela era, por aquel entonces, la democracia más estable del continente, y el país más rico per cápita en América Latina. GTE y Telefónica pagaron 1.400 millones de dólares por el 40 %; el Estado se reservó una parte, otra fue para los trabajadores de la empresa y el 30 % salió a bolsa, donde se convirtió en el blue chip (empresas con resultados sólidos y estables) del mercado caraqueño, con éxito también en el de Nueva York.

A día de hoy, Torres señala que sacar una empresa a bolsa (o un grupo de empresas, porque se habla también de la privatización de empresas eléctricas o las de la industria siderúrgica) como ha propuesto Maduro, denota «o una gran ignorancia, o el deseo de hacer una privatización a la rusa, en la que activos se le entregan a amigos del Gobierno, o más aún, en el que se les exige que coloquen parte de sus capitales ilícitos en esas empresas». El primer problema para saber cuánto valen las compañías estatales en la actualidad, señala Torres, es la falta de transparencia del propio Estado venezolano. El último balance en la página web de Cantv es el de 2007, es decir, el año previo a su renacionalización. Un balance auditado presentado por Deloitte en el 2019 y filtrado a los medios advierte de que no se obtuvo información suficiente para poder hacer una auditoría fiable, y que las pérdidas netas superaban los 400 millones de dólares.

Las otras empresas de posible privatización están peor, señalan los expertos. Las siderúrgicas de Guayana (cuya joya, Sidor, fue también renacionalizada en 2009) son hoy, según el propio Torres, «cadáveres empresariales», sobre los cuales hay denuncias de que se están vendiendo como chatarra.

Además de todo esto, la Bolsa de Valores, que está abierta a seguir creciendo, después de unos años de virtual desaparición, advierte de que mantener las empresas en las manos actuales «es poco atractivo» para el inversor, aunque Cantv ha comenzado a reactivar sus inversiones e incluso ha anunciado que cortará definitivamente el servicio de internet (el telefónico está prácticamente muerto) a quienes tengan dos meses de deuda. Algo impensable en los tiempos del chavismo, cuando su creador se propuso regalar todos los servicios públicos.