Vía Cedice

Venezuela ha perdido muchas cosas durante el régimen chavista, siendo una de las más visibles las reservas internacionales que respaldan los activos de la nación para enfrentar cualquier shock de la economía mundial. Las reservas en el Banco Central de Venezuela deberían representar una palanca de política económica para garantizar la estabilidad monetaria y el normal funcionamiento del sector externo, no obstante el régimen las ha convertido en su caja chica para enfrentar las sanciones económicas, mientras resuelve el gasto público con liquidez en moneda nacional sin apenas respaldo en divisas y éstas han llegado a un nivel crítico que generan alarma.

De acuerdo a datos del Banco Central de Venezuela, las reservas agregadas entre 1997 y abril del 2023 pasaron de ser US$ 17.818 millones a apenas US$ 9.750 millones, lo que significa una caída promedio anual en el período de -2,3%. Se observan 3 fases de comportamiento de las reservas entre 1997 y el 2023: a) De 1997 a 2008, las reservas crecieron a una tasa promedio anual de 8%, pasando de US$ 17.818 millones a US$ 42.299 millones, el saldo más alto durante la bonanza petrolera que disfrutó el primer gobierno de Chávez. b) De 2009 a 2016, las reservas mostraron una tendencia decreciente a una tasa promedio anual de -15% para el período y c) De 2017 a abril de 2023, las reservas del BCV (sin incluir el Fondo de Estabilidad Macroeconómica ni el Fondo de Inversiones de Venezuela) han tenido un crecimiento prácticamente nulo:

Las implicaciones de esta tendencia decreciente de las reservas de Venezuela durante el chavismo revelan algunos síntomas importantes que sufre el sistema, entre otras, el debilitamiento progresivo del signo monetario, que hace cada día más pobres a los venezolanos, principalmente porque en el período 1997-2022 la liquidez monetaria por señoriaje para cubrir el gasto público, se ha expandido a una tasa promedio anual de 115,2%, lo que implica hiperinflación como fenómeno crónico, mientras la moneda nacional no tiene respaldo suficiente en divisas de acuerdo al indicador (Liquidez monetaria/Reservas). La liquidez monetaria alcanzó su peak en el año 2018 cuando alcanzó una tasa anual de crecimiento de 63.282% con respecto al año anterior (Bs. 804.950 millones), año en el que las reservas del Banco Central llegaron a ser US$ 8.837 millones en total y uno de los años con mayor tasa de crecimiento del flujo de salida de venezolanos al exterior.

Pero la situación es mucho más crítica de lo que muestran las cifras oficiales agregadas del Banco Central de Venezuela, cuando exploramos cómo están compuestas las reservas del país de acuerdo al Balance de la misma institución al 30 de abril del 2023, calculadas al tipo de cambio promedio mensual:

En todo caso, el monto líquido de las reservas del BCV, al descontar a) las tenencias en derechos especiales de giro -a los cuales el BCV no tiene acceso, pero que contabiliza dentro de las reservas reportadas-  b) el oro monetario –representa el 36% de los activos de las reservas- y c) la posición crediticia neta en el FMI; disminuye a US$ 1.047 millones. Asimismo, al revisar los datos de Venezuela en la base de datos del FMI, al 31 de mayo de 2023[1], observamos:

Y además presenta obligaciones vencidas y pagos proyectados al Fondo por DEG49.14

La escasez de reservas líquidas y operativas estrangula a la economía nacional, al generar cuellos de botella y rupturas en la cadena de valor, además de diluir lo que queda de valor de la moneda nacional, mientras se condena a los sectores económicos de comercio, tecnología, innovación y servicios, generando sin duda la peor situación que ha tenido el país en crisis de Balanza de pagos en los últimos 30 años. El resultado neto del régimen hasta ahora: sin reservas, pobres, arruinados y sin futuro aparente, en una situación que no hace más que agravarse.