Cada vez que se retoma el diálogo, éste se encuentra con una dinámica distinta, marcada por nuevos acontecimientos y actores con peso y protagonismo para viabilizar o implosionar agendas y decisiones. Así ocurre en esta enésima negociación y diálogo entre el régimen venezolano y la autoproclamada Plataforma Unitaria, signada por el reconocimiento mutuo en sus respectivos roles carentes de legitimación. Ha sido una constante con su gran carga de incertidumbre.

El caso Saab tuvo en su momento todo el peso suficiente para constituirse en la excusa conveniente para que el régimen congelara el diálogo anterior. A título de ejemplo, hoy se cuenta con el coletazo de la participación de la “embajadora” Camilla Fabri de Saab y la insistencia del régimen en el reconocimiento internacional de su esposo como diplomático, causando ruido y dejando en el ambiente un elemento perturbador disponible que complemente cualquier decisión para implosionar el nuevo encuentro y sus decisiones.

De manera que el régimen siempre tendrá una excusa a la mano para dejar al G4 y su plataforma con los crespos hechos. Podrá hacerlo cuando se le venga en ganas visto su historial y el escaso peso de los autodenominados representantes de la oposición venezolana que -en cualquiera de sus versiones- carece de una legitimidad que provenga del respaldo mayoritario de los venezolanos.

Entre pares, que tercian como protagonistas de nuevo cuño, Macron, Fernández y, de manera muy singular, Petro, impulsan el diálogo por distintas motivaciones. El presidente francés, en sintonía con su región, además de procurar la producción o compra del petróleo venezolano, aspira el liderazgo europeo que una vez tuvo la Merkel. El argentino, entre otros fines, trata desesperadamente que la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca Bocco que formó parte de la comitiva que participó en el Foro de Paz de París, sea la próxima presidenta del Banco Interamericano de Desarrollo. De Petro, en su ambición de liderar al Foro de Sao Paulo, exhibirá en su palmarés, la normalización de la situación política y económica de Venezuela con Colombia y la región. Con distinto afán y propósito, todos han logrado poner a Maduro en un contexto que le era ajeno, al extremo de relegar a Guaidó y sus embajadores en sus respectivos predios.

Se estrena también como principalísimo actor Joe Biden, quien viene de más a menos en el compromiso con el G4 y el interinato, aupado por su antecesor. En palabras de Elliot Abrams “la administración Biden está cansada de Venezuela y se está alejando lentamente de los esfuerzos para promover la democracia allí”, tal como escribe en su reciente artículo “El alejamiento de Joe Biden de Venezuela”. En el mismo, avizora sobre los efectos y consecuencias que trae consigo el nuevo trato con Chevron que abrirá la espita para que los cabilderos estadounidenses y europeos clamen por la oportunidad de producir o comprar petróleo venezolano, lo que en la práctica despeja el camino para el levantamiento de sanciones a cambio de nada. Manifiesta además que Estados Unidos no exigió la liberación de los presos políticos, ni libertad de prensa. No se dijo que se levantarían las sanciones solo cuando se celebraran elecciones libres.

Todo apunta a que una vez más Maduro se saldrá con las suyas. No se siente compelido a hacer concesiones, menos aún cuando ese Memorando de Entendimiento se caracteriza por la retórica. En su contenido se expresa con rimbombancia lo que con seguridad se sabe que el régimen no va a cumplir: derechos políticos para todos, respeto al Estado Constitucional de Derecho, convivencia política, renuncia a la violencia y reparación de las víctimas de violencia, protección de la economía nacional y medidas de protección social, garantías electorales y cronograma electoral.

Tal vez sea esta falacia de la agenda de imposible concreción en ninguno de sus objetivos, el elemento que más atente contra la viabilidad de una negociación de resultados tangibles. Es tratar al venezolano con desconsideración e irrespeto. No nos merecemos ese engaño.

@vabolivar