Por Yoani Sánchez en 14ymedio

Ebrahim Raisí solo verá alfombras rojas y sonrisas serviles durante su visita

Se llamaba Mahsa Amini y murió en septiembre pasado, a los 22 años, mientras estaba arrestada en Teherán por no llevar bien colocado el velo islámico. Unas semanas antes, en la ciudad de Karaj, fue ejecutado Iman Safari-rad, un joven que había sido condenado a muerte por su homosexualidad. Ambos crímenes ocurrieron bajo el Gobierno del presidente Ebrahim Raisí, quien llega este miércoles a La Habana, pero ni la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) ni el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) han organizado protesta alguna para recibirlo.

El silencio de estas dos organizaciones no sorprende a nadie en la Isla. Ambas tienen un largo historial de complicidades cuando los ataques contra las mujeres y la comunidad LGBTI ocurren en el territorio de los «camaradas de ruta» del oficialismo cubano. Es ante estas atrocidades, cometidas por el régimen iraní y otros socios ideológicos, que queda aún más en evidencia que tanto la FMC como el Cenesex son meras poleas de transmisión desde el poder hacia unas comunidades a las que dicen representar.

Las federadas pueden asegurar públicamente que son las voceras de las féminas en esta Isla y el centro que dirige Mariela Castro puede organizar cientos de coloridas congas, pero mirar hacia otro lado cuando Teherán aplica la pena de muerte a un joven gay, o su policía de la moral acosa hasta la muerte a una muchacha, hace añicos esa máscara de protectores de los más vulnerables que se colocan frente a las organizaciones internacionales, para incluso obtener fondos.

Que este miércoles a las afueras del aeropuerto de La Habana no haya grupos de mujeres denunciando el atropello a los derechos que sufren cada día las iraníes demuestra el secuestro de la voz femenina en esta Isla, donde una anquilosada FMC ha entorpecido durante décadas que las cubanas se representen a sí mismas, enarbolen públicamente sus reclamos y se solidaricen con cualquier otra mujer en el mundo que sufra maltratos y vejaciones.

Que hoy no se haya desplegado la bandera arcoíris en las cercanías de la Plaza de la Revolución y no se grite en toda la jornada el nombre de Raisí, junto a los lemas para que detengan las ejecuciones contra gays en ese país, habla mucho de la ilegalización a la que se ha sometido a grupos LGBTI que no comulgan con la agenda política del Cenesex ni del oficialismo cubano.

Que este 14 de junio no pase por una céntrica avenida de esta ciudad una manifestación pacífica, de ciudadanos de cualquier género, edad o filiación religiosa, repudiando a un régimen homofóbico, autoritario y misógino dice bastante sobre la destrucción sistemática de la sociedad civil que se ha llevado a cabo en esta Isla.

Ebrahim Raisí solo verá alfombras rojas y sonrisas serviles durante su visita.