Por Yunior García Aguilera en 14ymedio

El Alba no logró reducir la pobreza ni las desigualdades, a pesar de sus “misiones” y su parafernalia

El Alba-TCP, la alianza creada por Hugo Chávez y Fidel Castro, ha llegado a sus 20 años con la vitalidad de un almendrón sin piezas de repuesto. El alto precio que alcanzó el petróleo durante aquellos años fundacionales fue la viagra que desató las fantasías social-imperialistas de ambos líderes. Pero con la caída posterior de los precios del crudo, así como la muerte de sus ideólogos, la organización ha vivido una etapa de flacidez que ahora intentan zarandear con discursos motivadores y nuevas agendas.

Josefina Vidal dejó escapar algunas frases que demuestran la detumescencia precoz de la Alianza Bolivariana. En una entrevista para Prensa Latina, la viceministra de Exteriores de Cuba habló de afectaciones, falta de recursos económicos, programas a una escala menor, medidas coercitivas y bloqueos. Por supuesto, no se refirió a la crisis política y económica que vive Venezuela. Tampoco a la crisis de atractivo que sufre el régimen cubano. Así, sin una tubería derramando petrodólares y sin un liderazgo carismático detrás, el Alba ofrece menos luz que una noche sin Luna.

La idea de esta “alternativa” surgió como contraparte del Alca. Desde los tiempos de Bush padre, EE UU había intentado crear un área de libre comercio que abarcara desde Alaska hasta Tierra del Fuego, con 34 naciones y un mercado de 800 millones de personas, en aquel momento. Es cierto que la asimetría entre los países del hemisferio despertaba suspicacias en torno al proyecto, pero no pocos veían más beneficios que peligros en su concreción. En 1994, Bill Clinton redondeó la idea un poco más y se preparó su puesta en marcha para el año 2005. Sin embargo, llegada la IV Cumbre de las Américas, Bush hijo recibió un “No” como respuesta y Hugo Chávez montó una fiesta paralela donde viralizó el corillo: “Alca, Alca, ¡al carajo!”

En 1994, Bill Clinton redondeó la idea un poco más y se preparó su puesta en marcha para el año 2005

Fidel Castro, desde su búnker en La Habana, se frotaba las manos y sonreía con sarcasmo. Su propósito nunca fue que América Latina ganara algo, sino que Estados Unidos perdiera. Además, se moría de nostalgia por aquellos años del Comrvon, donde bastaba con permanecer en el nido con el pico abierto, piando como un águila en celo. Por eso el barbudo necesitaba algo como el Alba. No sería necesario producir competitivamente, algo en lo que no tenía la menor experiencia ni el menor entusiasmo. Su propósito era establecer un ritual de intercambios caritativos, con todo un aparato propagandístico y demagógico detrás. En eso sí que era un experto. Se trató siempre de una alianza ideológica con subsidios, nunca de un proyecto de cooperación y desarrollo regional. Sobre los pequeños Estados del Caribe y su rol en esta telenovela, habrá que escribir luego.

El Alba no logró reducir la pobreza ni las desigualdades, a pesar de sus “misiones” y su parafernalia. Muy por el contrario, tanto Cuba como Venezuela sufren hoy peores índices de pobreza que en el año 2004. Tampoco fue una alternativa para “los pueblos”, ya que las decisiones se han tomado siempre desde las altas jerarquías de estos regímenes, donde la sociedad civil no puede ni siquiera asomarse.

El pasado miércoles, en Caracas, sesionó la XXIII Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del Alba-TCP. Veintitrés cumbres en veinte años, ¡eso sí que es típico de nuestros infatigables burócratas! El anfitrión, Nicolás Maduro, para quien la originalidad es un concepto desconocido, presentó la agenda Alba 2030. No espere encontrar nada nuevo, mucho menos verificar resultados dentro de seis años. Se trata de un dietario de ideas rimbombantes como aquella de la criptomoneda Petro, que el dictador vendía como la más sólida y estable del mundo. Ahora nos vende un septeto de “grandes metas”, entre las que se incluyen la resurrección de Petrocaribe, la Universidad de los Pueblos, una zona de comercio “justo” y otras lindezas.

El anfitrión, Nicolás Maduro, para quien la originalidad es un concepto desconocido, presentó la agenda Alba 2030

Díaz-Canel, el testaferro de los Castro, ha leído torpemente sus inseparables tarjetitas. Su dislexia le impide encontrar diferencias entre vecino y destino, precedente o presidente. ¿A qué bromista se le habrá ocurrido escribir la palabra “consolidación” en su discurso? Al concluir, hizo la característica mueca de tragar en seco, pasarse el dedo índice por la nariz y pasar de la seriedad robótica a la sonrisa infantil, buscando una mano entre la multitud. Justo como hace un mal estudiante después de una incómoda exposición oral. Para solidarizarse con su ineptitud, Maduro soltó una de sus perlas: “Juntos somos invencibles. Y juntas a las mujeres, más invencibles todavía”. Eso es el Alba, una comparsa de idiotas.

Alba, Alba, ¡al basurero!