Yuval Noah Harari, el autor de bestsellers como Sapiens y Homo deus, es el Dan Brown del Gran Reset, el autor de referencia con que los globalistas de Davos preparan a la opinión pública para sus imposiciones ideológicas.

Lo expone Mario A. Iannaccone en el número de febrero del mensual católico italiano de apologética Il Timone:

Yuval Noah Harari, la pluma de los grandes poderes 

Le hemos visto entrevistado por Bill GatesMark ZuckerbergReed Hastings (el CEO de Netflix), Jack Dorsey (el creador de Twitter), los directores de Google y Amazon, como también durante las iniciativas organizadas por los fondos de inversión más importantes como Vanguard y Blackrock. Le han consultado jefes de Estado, estrellas de cine y las cadenas de televisión más relevantes. Desde hace años, como si fuera un genio, un gran pensador, un hombre que cultiva soluciones meditadas y revolucionadas, los candeleros mundiales siguen proponiendo a un personaje que es difícil apartar: el historiador israelí Yuval Noah Harari, que vive en un kibutz, se define de izquierdas y está «casado» con un «marido».

Precisamente porque se le propone con una insistencia sospechosa y porque no existe librería que no tenga una pila de sus libros en ediciones de bolsillo o de lujo, ilustradas o como tebeos (él mismo se ha convertido en protagonista de cómics), es importante comprender que Harari es un fenómeno mediático artificial, un portavoz de intereses «fuertes», los más fuertes. Como lo fue hace unos veinte años el ahora desaparecido Dan Brown, autor del anticatólico El código Da Vinci.

En Davos, en 2018, Harari definió abiertamente el futuro como una dictadura digital de las Big Tech hackeando seres humanos para hacerlos ‘evolucionar’.

No hay que dejarse intimidar por el hecho de que a Harari le escuchan y le entrevistan las autoridades más importantes del mundo, públicas y privadas, desde los magnates de Silicon Valley y los jefes de la ONU a la UE o los escenarios más prestigiosos, como los que organiza Klaus Schwab [Davos], como tampoco por el hecho de que algunos de sus libros han vendido decenas de millones de copias.

Alineado con los tecnócratas

Harari no es un genio, aunque resulte ser profesor de Historia medieval. En realidad ha publicado muy poco sobre su campo y lo que ha publicado es mediocre. Su fama deriva del hecho de que sus libros son útiles al grupo de poder que actualmente está modelando nuestro tiempo, y es él mismo quien nos lo dice. Es un personaje perfecto para publicitar la deriva transhumanista, el sueño del capitalismo del control y de la ciencia sin límites, desregulada como algo inevitable. Harari repite de manera insistentemente inquietante pocas ideas, que hacen palpable la sensación de que la transformación que quieren llevar a cabo los tecnócratas es inevitable y, por el otro lado, también expresa una suerte de invitación indiferente a evitar que se afronten y resuelvan los aspectos más negativos de dichos cambios.

En su primer éxito de ventas, lanzado con una impresionante campaña internacional, Sapiens. De animales a dioses, Harari explica, con una serie de afirmaciones apodícticas, que hace 70.000 años la humanidad desarrolló el lenguaje llevando a cabo un salto evolutivo real. Y hemos pasado de ser, de animales como los demás -Harari es un evolucionista a la antigua-, a la especie dominante en el planeta, capaz de colaborar y transmitir conocimientos complejos (la dimensión religiosa o espiritual no existe para Harari). A partir de este punto relata la historia de los últimos 70.000 años, pero con mucha fantasía e invenciones.

Profeta del «homo deus»

A pesar de haber sido criticado por cientos de científicos e historiadores por sus evidentes simplificaciones, hasta el punto de catalogar sus libros como junk (basura), quien decide, quien tiene dinero, poder e intereses no se detiene. Y todos los que reciben la orden de invitarlo a la televisión para predicar, no temen las críticas: no es la verdad lo que interesa, sino el mensaje que tiene que dar sobre el «progreso inevitable». Según Harari, las revoluciones que sucedieron a la del lenguaje fueron la Primera y la Segunda revolución industrial y, después, la revolución digital. En nuestros días estaríamos cerca de la última, a la singularidad que podrá transformar el hombre.

Nos habla de ello en su libro siguiente, Homo Deus. Breve historia del mañana, en parte anticipado por el primero. En este ha ido más allá y afirma que, gracias a los algoritmos que permitirán desarrollar la inteligencia artificial, a los ordenadores cuánticos y a los inventos que permitirán unir las tres esferas de lo biológico, lo digital y lo electrónico, el hombre está a punto de cambiar radicalmente su esencia, transformándose en un ser distinto, otro ser respecto al que ha sido y que él llama, gnósticamente, homo deus.

El punto central de la predicación de Harari es que la tecnología no puede detenerse y que los cambios no pueden o no deben ser parados. Pueden ser disciplinados, pero no existe ninguna autoridad, ni civil y mucho menos religiosa, que pueda detener el proceso tal como se está perfilando y por muy arriesgado que sea. Como mucho, se pueden admitir una gobernanza (palabra muy amada por el Foro Económico Mundial (Davos) y una comisión de pensadores y tecnócratas que podrán proponer una reglamentación, sobre todo en el ámbito de la inteligencia artificial. Esta y las nuevas tecnologías crearán una nueva especie de ser vivo, el homo deus, distinto del homo sapiens, que pretenderá tener derechos propios, además de deberes. Obviamente, en este proceso se separará la procreación de la biología y de los sexos, convertidos en «géneros» fluidos.

Estilo asertivo

Pero ¿por qué se ha elegido a Harari? ¿Por qué se le invita precisamente a él a los grandes consensos en los que se habla del «inevitable salto de especie» según el deseo de ciertos poderosos? La respuesta es simple: Harari no parece tener dudas. Es asertivo, monotemático, obsesivo, convencido: por esta razón está muy cualificado para la tarea que los grandes poderes le han asignado, que le han dado fama y éxito.

Harari plantea sus ideas de forma asertiva, lo cual siempre resulta convincente para quien no analiza demasiado: en apenas tres minutos, en estas declaraciones propugna la existencia de distintas especies de humanos (en otras entrevistas dice que una pueden ser los ricos y otra los pobres), la fabricación genética de personas y la supresión de la muerte. Es la quintaesencia del transhumanismo.

Su último libro, Imparables. Diario de cómo conquistamos la tierra, propone una lectura entusiasta del poder del hombre sobre el mundo y relanza los temas de sus otros libros en volúmenes a colores y ricamente ilustrados. Los demás historiadores, los que expresan la complejidad de estos tiempos, de cada tiempo, de cada revolución, no son adecuados para el papel. El estilo de comunicación de Harari, tan serio y monótono, su ser aparentemente reflexivo, hacen que sea perfecto para la tarea. Sin embargo, aprendamos a desconfiar de personajes como este, a no seguir el camino de destrucción al que nos está llevando.