Vía CNBC
- El rechazo público contra los centros de datos devoradores de energía se está extendiendo más allá de EE. UU. hacia Europa y Asia, a medida que las comunidades plantean sus preocupaciones sobre el consumo de electricidad, agua y suelo.
- La oposición se traduce cada vez más en retrasos en los proyectos, normativas más estrictas y riesgos financieros para los promotores e inversores de centros de datos.
- A pesar de las protestas, el boom de la inteligencia artificial no da señales de desacelerarse, lo que genera una creciente tensión entre las ambiciones de los gobiernos en materia de IA y la resistencia local.
A medida que el boom de la inteligencia artificial se convierte en un tema central del debate político, el rechazo público contra los centros de datos en EE. UU. se está extendiendo a Europa y Asia, lo que aumenta los riesgos para los inversores.
Al otro lado del Atlántico, el sentimiento negativo crece en Europa, una región que se juega más debido a la alta densidad de población de sus países y a sus precios de electricidad más elevados, según explicaron expertos a CNBC.
En Corea del Sur están surgiendo tensiones similares, con una creciente oposición a los centros de datos cerca de zonas residenciales y propuestas para aplicar restricciones locales más estrictas, aun cuando el gobierno nacional presiona para acelerar su desarrollo.
La oposición pública ya ha afectado a unos 42.000 millones de dólares en inversiones en centros de datos en Europa entre retrasos y cancelaciones, según un estudio de STL Partners. En comparación, en EE. UU. la cifra ronda los 77.000 millones de dólares.
La resistencia ciudadana podría ser «la gota que colme el vaso», declaró a CNBC Olivier Darmouni, profesor asociado de HEC Paris especializado en transición energética.
Crece la oposición a los centros de datos en Europa
Más de 70 proyectos de centros de datos en Europa fueron rechazados o restringidos entre enero y abril, más que en todo 2025, según el European Data Center Monitor. El informe reveló que el rechazo se ha ido multiplicando en forma de bola de nieve, pasando de los ayuntamientos locales a los tribunales, los organismos reguladores y los parlamentos.
Escocia ha congelado las aprobaciones urbanísticas para nuevos centros de datos a gran escala (hyperscale) después de que diversos activistas pidieran al gobierno evitar la «moraleja» de Irlanda, donde la abrumadora demanda eléctrica derivó en una moratoria.
Las restricciones también han ido en aumento en los países nórdicos, que atraían a los inversores por sus extensos terrenos y sus energías renovables. Tras una oleada de solicitudes de suministro eléctrico, Dinamarca aprobó una ley de emergencia que podría desplazar a los centros de datos al final de la cola para las solicitudes de conexión a la red.
España también propuso este verano nuevas reglas para los centros de datos, exigiendo que estas instalaciones obtengan el 80% de su electricidad de fuentes renovables. En el Reino Unido, varios proyectos se han paralizado tras las protestas de los vecinos.
Gran parte de la preocupación se centra en el consumo de agua, el gasto energético, el precio de la electricidad y la enorme cantidad de terreno que requieren algunas de estas instalaciones. Tampoco hay acuerdo sobre cuántos empleos permanentes genera el sector, ni existen antecedentes para proyectar el valor económico de un centro por megavatio.
«Los beneficios de la IA están muy difuminados», señaló Darmouni a CNBC.
«Definitivamente, ahora se comprende mejor la escala de la construcción potencial de la IA y su dispersión geográfica, y quizás… hay más información sobre lo grandes que son realmente, y sobre el hecho de que se parecen un poco a macroalmacenes fantasma que consumen muchísimos recursos y pueden perjudicar a las comunidades locales de varias formas».
La mayor densidad de población de Europa y el hecho de que muchos operadores de centros de datos sean empresas estadounidenses podrían hacer que el impacto de este rechazo sea aún más duro, añadió el profesor.
Qué está pasando en Asia
Corea del Sur, sede de gigantes tecnológicos como Samsung Electronics y SK Hynix, se encuentra en el corazón de la cadena de suministro de la IA. En junio, su gobierno declaró los centros de datos de IA como uno de los tres grandes proyectos prioritarios de inversión, junto con los semiconductores y la IA física.
Sin embargo, su empeño por construir la infraestructura necesaria está chocando con la resistencia a nivel local.
En el distrito de Geumcheon, al suroeste de Seúl, los vecinos han exigido a las autoridades que revoquen la licencia de obra y detengan la construcción de un centro de datos cercano a sus viviendas, según la administración local.
En julio, los responsables municipales anunciaron planes para exigir el consentimiento de la mayoría de los residentes que vivan en un radio de 200 metros de los terrenos propuestos para centros de datos, así como la implantación de un sistema de tres fases para revisar proyectos y mediar en disputas.
Los vecinos también llevan meses concentrándose las mañanas de los días laborables ante las oficinas del gobierno local para protestar contra el proyecto. Las manifestaciones sumaban ya 172 días consecutivos a mediados de agosto, según medios locales.
En Gwacheon, una ciudad situada justo al sur de Seúl, un concejal local propuso una ordenanza orientada a proteger a los residentes cercanos de los riesgos asociados a los centros de datos que funcionan las 24 horas, incluidos los posibles incendios en las baterías de respaldo.
¿Deberían preocuparse los inversores por este rechazo?
A pesar de las protestas, el boom de la IA apenas muestra señales de desaceleración.
Sin embargo, la capacidad de una comunidad para «descarrilar un plan [de centros de datos] de 10.000 millones de dólares es bastante poderosa», afirmó Asya Walters, directora ejecutiva de Alvarez & Marsal.
Walters explicó a CNBC que el entorno favorable para los negocios en EE. UU. ha facilitado históricamente la superación de estas resistencias.
Pero en Europa y Asia se observa cierta ambivalencia a nivel nacional sobre hacia dónde va la demanda, indicó Walters. Esta estira y afloja entre condiciones favorables para los centros de datos y normativas más restrictivas puede resultar un reto para la inversión.
El rechazo ciudadano también puede acabar encareciendo los costes para los operadores, ya que, incluso si se retiran de un proyecto antes de iniciar la construcción, es muy probable que ya hayan realizado desembolsos económicos.
Aunque la mayor parte del gasto de capital (capex) se realiza una vez obtenidos los permisos, los operadores invierten mucho dinero para llegar a ese punto, «por lo que puede haber pérdidas si nunca consiguen las licencias», apuntó Walters.
«La infraestructura digital se está volviendo más visible y es comprensible que las comunidades quieran entender qué se está construyendo cerca de ellas, por qué se necesita y cómo se están gestionando los impactos locales», declaró Eulalia Flo, vicepresidenta de crecimiento y mercados emergentes para EMEA en Equinix, uno de los mayores operadores de centros de datos de Europa.
«No vemos esto como una limitación estructural al crecimiento, pero el entorno normativo se está endureciendo de forma real en algunos mercados», añadió Flo.
Por su parte, el despliegue acelerado de la IA ha provocado «una falta de comprensión de la industria en un sentido muy amplio», según Dominic Ward, CEO del operador de centros de datos Verne.
«Antes éramos una parte totalmente desconocida de la economía», comentó Ward a CNBC. «Éramos simplemente una caja negra. Éramos un edificio en el que entraban cosas que nadie entendía. Ahora somos una de las capas fundamentales que impulsan la economía».
Y añadió: «Ahora todo el mundo sabe dónde estamos, así que no hay forma de esconderse».


