Reparar un cerebro adicto a las pantallas para que vuelva a sostener la concentración es posible, según coinciden varios especialistas en neurociencia y psicología cognitiva.
Por: Juan Ríos – Infobae
El punto de partida es una cifra que preocupa a los investigadores: el tiempo promedio que una persona dedica a una tarea frente a una pantalla antes de cambiar de actividad cayó de dos minutos y medio en 2004 a apenas 47 segundos en la actualidad.
El dato surge de los estudios de Gloria Mark, profesora de Informática en la Universidad de California en Irvine, quien mide este fenómeno desde hace dos décadas.
Por qué las pantallas fragmentan la atención
El cerebro humano no procesa la información de forma continua, sino mediante filtros que priorizan ciertos estímulos y suprimen otros. Ese mecanismo recibe el nombre de atención.
“Aspectos de la atención a veces se comparan con un foco que escanea continuamente el entorno y se detiene para iluminar la información importante”, señaló Ian Fiebelkorn, profesor asociado de Neurociencia en el Instituto Del Monte para la Neurociencia de la Universidad de Rochester.
Según sus investigaciones, ese foco atencional no solo se atenúa en los períodos largos que solemos llamar “capacidad de atención”, sino también en una escala de tiempo mucho más veloz. Entre cuatro y seis veces por segundo existe una ventana en la que una distracción puede desviar el foco de lo que se intenta hacer.
Las pantallas explotan esas ventanas de vulnerabilidad. Las aplicaciones combinan sonidos y vibraciones para mantener un flujo constante de sensaciones, de manera que el cerebro asocia el cambio de tarea con una recompensa inmediata. Ese circuito de estímulo y premio refuerza el hábito de saltar de una actividad a otra.
El costo de saltar entre tareas y pantallas
Cambiar de actividad todo el tiempo no es gratuito para el organismo. Mark encontró una correlación directa entre la frecuencia con la que una persona cambia de foco y sus niveles de estrés, medidos con monitores de frecuencia cardíaca.
“Cuanto más rápido ocurre el cambio de atención, el estrés aumenta”, indicó la investigadora, quien agregó que décadas de estudios de laboratorio muestran que la multitarea eleva la presión arterial y otros marcadores fisiológicos de tensión.
A ese desgaste se suma lo que Mark denomina “costo de cambio”: cada vez que se interrumpe una tarea para pasar a otra, el cerebro necesita tiempo para reorientarse y recordar en qué punto se había quedado. Ese proceso consume recursos mentales adicionales, incrementa los errores y ralentiza el desempeño, algo documentado en estudios con médicos, enfermeros y pilotos.
No todos los cambios de actividad son perjudiciales. Tomar una pausa después de terminar una sección de trabajo, en lo que Mark llama un “punto de quiebre” natural, permite recuperar energía sin generar el mismo desgaste que una interrupción abrupta en medio de una tarea.
Cómo entrenar de nuevo la concentración
La primera recomendación de los especialistas apunta a reducir las distracciones antes de que aparezcan. “La mejor manera de evitar cambios frecuentes del foco atencional es eliminar las distracciones potenciales”, afirmó Fiebelkorn, quien sugiere apagar el celular o dejarlo en otra habitación durante el estudio o el trabajo, y desconectar internet si la tarea puede hacerse sin conexión.
Otra estrategia consiste en disminuir el atractivo visual del teléfono. Apagar la vibración, el sonido y el color de la pantalla desde los ajustes reduce los estímulos que recibe el cerebro y, con el tiempo, baja las ganas de revisar el dispositivo.
Programar descansos estructurados también ayuda a reducir la incertidumbre que agota al cerebro. Comenzar con bloques breves de concentración, de uno a tres minutos, e ir aumentando la duración de forma progresiva permite entrenar la capacidad de sostener el foco sin que una distracción arruine el intento.
Fiebelkorn coincide en la importancia de este punto: “El cerebro se cansa después de concentrarse durante mucho tiempo. Para ayudar a evitar esta fatiga, se pueden programar pausas breves dentro de una sesión de estudio o trabajo”.
Finalmente, ambos especialistas remarcan que concentrarse en una sola tarea a la vez es más eficaz que intentar abarcar varias. “Si tienes una tarea importante, dale toda tu atención y completala antes de pasar a la siguiente”, propuso Fiebelkorn.
Mark agrega que mantener el “tanque” de recursos mentales lleno, con buen descanso nocturno, es determinante para poder enfocarse: la falta de sueño acumulada, o “deuda de sueño”, se asocia directamente con lapsos de atención más cortos y con la tendencia a refugiarse en actividades livianas, como las redes sociales, en lugar de tareas que exigen esfuerzo.


