El envejecimiento contribuye a una serie de otros cambios en los ojos que deben controlarse. Estos cuatro son los más comunes.
Catarata: Esta opacidad del cristalino por lo general se desarrolla lentamente durante muchos años. Es posible que no note la nubosidad hasta que bloquee su línea central de visión y perjudique su visión.
Glaucoma: Con el tiempo, la cámara anterior de cada ojo puede volverse menos profunda en ciertas personas, por ejemplo, aquellas que tienen ojos pequeños e hipermetropía. El estrechamiento puede provocar un bloqueo en el sistema de drenaje del humor acuoso cerca del iris. La acumulación de líquido resultante puede provocar un aumento repentino de la presión dentro del ojo que daña el nervio óptico, una afección conocida como glaucoma de ángulo cerrado. Si no se trata, puede causar ceguera.
Otra forma de glaucoma, llamada glaucoma de ángulo abierto, ocurre cuando la presión aumenta gradualmente en el ojo debido a un problema diferente: una salida más lenta del humor acuoso a través de la malla trabecular. Al igual que en el glaucoma de ángulo cerrado, la acumulación resultante de presión dentro del ojo puede dañar el nervio óptico, si no se trata, y causar ceguera.
La degeneración macular relacionada con la edad: A medida que la retina envejece, puede volverse menos sensible a la luz debido a la pérdida de células, la reducción del suministro de sangre o la degeneración. La mácula es especialmente propensa al deterioro. La degeneración macular relacionada con la edad es una enfermedad grave que puede robar la visión central de una persona, lo que dificulta leer, escribir o conducir un automóvil.
Retinopatía diabética: La diabetes es una enfermedad en la cual el cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa de manera efectiva. La insulina normalmente mueve el azúcar de la sangre a las células para obtener energía. Sin ella, el azúcar se acumula en el torrente sanguíneo y puede dañar los vasos sanguíneos y los órganos de todo el cuerpo, incluidos los ojos. La retinopatía diabética ocurre cuando los vasos sanguíneos que alimentan la retina se filtran, lo que provoca inflamación de la retina, o cuando se forman nuevos vasos sanguíneos, lo que provoca sangrado en la retina o desprendimiento de retina. Cuando no se trata con el tiempo, esta condición puede conducir a la ceguera.


