Por Jesús Alberto Castillo
El tema del aprendizaje permanente reviste una importancia vital en el desarrollo integral de la persona y su interacción con la era del conocimiento. Precisamente, se justifica su abordaje ante la complejidad de una sociedad como la que hoy transitamos, marcada por el auge tecnológico, el conocimiento y el constante flujo informativo en las redes…
El tema del aprendizaje permanente reviste una importancia vital en el desarrollo integral de la persona y su interacción con la era del conocimiento. Precisamente, se justifica su abordaje ante la complejidad de una sociedad como la que hoy transitamos, marcada por el auge tecnológico, el conocimiento y el constante flujo informativo en las redes sociales. Las organizaciones, independientemente de su naturaleza, se ven obligadas a adaptarse a esta tendencia porque están conformadas por personas, las cuales son las que definitivamente van a marcar el éxito o fracaso de dichas entidades. Mediante el aprendizaje se fortalece el talento humano de las organizaciones y se da respuesta a los diversos vaivenes del entorno.
Sin embargo, para abordar el aprendizaje permanente es necesario precisar previamente el concepto de aprendizaje por ser muy variado en la abundante literatura. De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española (2000) el término “aprender” se deriva del latín “aprehendere”. Se define como: (a) adquirir el conocimiento de alguna cosa por medio del estudio o de la experiencia. (b) Concebir alguna cosa por meras apariencias o con poco fundamento. (c) Tomar algo en la memoria. Puede observarse que el término presenta varias acepciones que indican las diversas vías que tiene una persona para comprender la realidad que le rodea.
Esto es comprensible porque, como señala Pabón (2011), el ser humano es un ente biológico, cultural, metabiológico que vive en un universo de lenguaje, de ideas y conocimiento. Está sometido, consciente e inconscientemente, sin darse cuenta, a un proceso de aprendizaje cotidianamente, dependiendo de su contexto. Se desprende de esta noción que el aprendizaje está interrelacionado con los códigos lingüísticos que emergen del contexto cultural de las personas y se expande en el resto del tejido social para delinear una cosmovisión de las cosas.
En cambio para Árraga y Núñez (2003: 25), el aprendizaje se entiende como “un proceso interno complejo que tiene lugar en el cerebro, a través del cual el individuo integra y organiza información nueva, involucrando todas las estructuras cerebrales”. Desde la visión de estos autores, el aprendizaje constituye un proceso de vital importancia en los seres vivos y en especial para el ser humano por ser el medio donde se desarrolla la capacidad de cambio y almacenamiento para solución de sus problemas y funcionar eficientemente. Dicho aprendizaje se vincula con los procesos intelectuales y, en consecuencia, con el pensamiento, que implica un esfuerzo intelectual para construir representaciones de la realidad.
Para Alonso (1994) el aprendizaje es un proceso de adquisición de una disposición, relativamente duradera para cambiar la percepción o la conducta como resultado de una experiencia. Se denota el aspecto empírico como elemento clave de aprendizaje humano. Son las vivencias y la interrelación con el entorno los factores que inciden en la adquisición de conocimientos en el ser humano. Precisamente, ése ha sido el eterno debate sobre la forma cómo aprenden los individuos: la controversia entre el idealismo y el empirismo. En todo caso, la noción de aprendizaje está basada en la construcción de significados, orientada a metas por parte del individuo, motivado intrínsecamente para aprender y, también, a experimentar vivencias a lo largo de su vida.
En palabras de Ausubel et al (1993), el aprendizaje contempla un proceso individual activo donde la persona, previos conocimientos adquiridos, le da significación a las cosas y trata de relacionarla con nuevos conocimientos. Este proceso requiere del interés y motivación del aprendiz y el uso adecuado de los medios didácticos pertinentes. Ya lo importante no es que el individuo conozca, sino que jerarquice los elementos que va procesando intelectual y empíricamente.
Por ello Díaz-Barriga y Hernández (2002:39) prefieren hablar de aprendizaje significativo y lo definen como “la creación de estructuras de conocimiento mediante la relación sustantiva entre la nueva información y las ideas previas de los estudiantes”. El aprendizaje significativo lleva consigo un cambio en la escala de valores de la persona y una disposición al cambio conductual. Va más allá de la simple acumulación de información y proporciona elementos para adaptarse a los cambios que se producen en el entorno.
En toda esta variedad de definiciones, el aprendizaje se convierte en una herramienta vital para el ser humano a fin de afrontar la complejidad social. Adquiere habilidades, adopta conductas y pone de manifiesto su talento en sus diversas relaciones con los demás. Para visualizar si un individuo ha obtenido aprendizaje basta que realice acciones que antes no podía hacer. Son estos hechos que demuestran que el aprendizaje está en todas partes y en cada ciclo de la vida personal. Este fenómeno expresa cambio en el comportamiento humano, pero orientado a la reflexión y al logro de objetivos de manera clara y precisa.
En todo caso, el aprendizaje se desenvuelve en un ambiente de relaciones, es de carácter social porque implica la interacción del lenguaje y la comunicación de los grupos humanos en un contexto cultural e histórico determinado. Aunque, indiscutiblemente, no se descartan elementos biológicos y psíquicos de las personas vistas individualmente. Por ello, es un proceso complejo que amerita ser abordado transdisciplinariamente para la comprensión de la conducta humana en el ámbito organizacional que afecta todos los aspectos de la vida cotidiana.
El Aprendizaje Permanente se da en cualquier circunstancia de la vida
Para que pueda existir una capacidad cognitiva del individuo es fundamental que el proceso de aprendizaje rompa los moldes tradicionales a los que ha estado sometido, como es el pensamiento reduccionista, lineal y determinista. La significación cognitiva viene dada por un aprendizaje indisoluble a lo largo de la vida, por una actitud motivadora a conocer, flexibilizar y trascender hacia nuevos paradigmas. Es por eso que varios especialistas en el tema prefieren hablar mejor de aprendizaje permanente.
Es oportuno precisar que actualmente hay una clara tendencia para asociar el concepto de aprendizaje permanente con un proceso formativo sistemático de competencias para insertar al individuo al campo laboral, previa experiencia y conocimientos acumulados. Por ende, muchos gobiernos han creado un marco nacional de calificaciones, cuyo propósito se centra en mejorar la competitividad y productividad mediante acciones de formación y desarrollo de los trabajadores, como elementos claves de la economía de un país.
A simple vista el aprendizaje permanente, desde esta perspectiva, nos da una noción restringida en el sentido de que implicaría la formación constante de cursos para responder a necesidades laborales. En este sentido, se entiende un marco de calificaciones como un conjunto de unidades de competencias, bajo determinados criterios y formas evaluativas del desempeño eficiente, los conocimientos y las destrezas requeridas para cumplir con necesidades laborales.
Sin embargo, en el campo gerencial dicho aprendizaje va más allá. Comprende las necesidades de los individuos y los procesos de aprendizaje que tienen sentido para ellos en cualquier circunstancia o contexto determinado para aportar a un proceso de adaptabilidad y gobernabilidad en las organizaciones. Este es el enfoque donde se inserta el aprendizaje desde la sociedad compleja, caracterizada por eventos azarosos y dialogicidad incesante.
Según Leibowicz (2000), el aprendizaje permanente persigue el desarrollo del talento humano mediante un proceso de apoyo constante que estimula y pone en manos de individuos la capacidad de adquirir conocimientos valores, habilidades y actitudes que requerirán a lo largo de sus vidas y que aplicarían con seguridad, creatividad y placer en todos los papeles y contextos sociales. Esta modalidad de aprendizaje se refiere a las actividades que conoce una persona a lo largo de la vida con el fin de desarrollar las competencias y cualidades. Fomenta las potencialidades y habilidades del individuo para que sea exitoso ante el entorno complejo.
Se pone de manifiesto el carácter individual, puesto que son las personas quienes deciden realizar acciones de aprendizaje. No obstante, esto no excluye el elemento social, ya que el individua interactúa con los demás y aprende de cada una de esas relaciones. Además, las instituciones de formación o las empresas que promueven dicho proceso intervienen con sus respectivas redes en el aspecto cognitivo permanente. Lo fundamental es que este tipo de aprendizaje comporta una serie de oportunidades en el aspecto cognoscitivo para adecuarse a las complejas demandas de la sociedad. Es en este aprendizaje donde se ofrece una diversidad de lugares formativos con dimensiones particulares para fomentar las competencias del individuo y su interacción social.
El aprendizaje permanente va a ser concebido, desde esta perspectiva, como una actividad formativa del individuo dentro y fuera del aula, y de cualquier contexto determinado, que le va a permitir mejorar su conocimiento, habilidades y competencias. De manera que este aprendizaje se convierte en un marco referencial para la formación flexible de ciudadanía activa, la inclusión social y la inserción laboral.
Hacia un aprendizaje permanente para la ciudadanía
La implementación de métodos innovadores en el aprendizaje permanente conlleva a sustituir el conocimiento memorizado impartido desde la educación formal por uno de tipo colaborativo y dialógico, el cual pueda extenderse a lo largo del ciclo vital de las personas y, en ese sentido, juega un papel fundamental las nuevas tecnologías en los diferentes segmentos de la población. El Banco Mundial (2003), resalta que hoy se exige de un dominio superior de conocimientos y destrezas en los individuos para enfrentar con éxito los cambios vertiginosos de la sociedad global. De forma que incluye las habilidades académicas básicas (capacidad de lectoescritura, idiomas extranjeros, matemáticas y demás ciencias) al igual que la capacidad de uso de las tecnologías informativas.
Los individuos deben someterse a un proceso de aprendizaje permanente mediante formas flexibles, amplias y autónomas. Además, están obligados a aplicar sus destrezas y conocimientos eficientemente para contribuir con el desarrollo económico y político de la sociedad. Para ello deben integrarse y desempeñarse bien en grupos socialmente diversos, seguir aprendiendo, convertirse en estudiantes para toda la vida y actualizarse con ideas pedagógicas innovadoras y tecnología de punta.
En las nuevas prácticas de aprendizaje, los facilitadores deben saber cómo van a enseñar sus respectivas disciplinas académicas. Necesitan aprender haciendo, es decir, deben poner en practicar una serie de técnicas que se suponen deberán emplear en el aula (Navarro y Verdusco, 2000). Esto es pertinente en cualquier ambiente de aprendizaje, sea formal, no formal e informal. Igualmente, deben valerse del uso de tecnologías para captar el interés y la motivación en el proceso de aprendizaje. Las tecnologías de información y comunicación, dependiendo el buen uso de ellas, facilita el potencial de los aprendices, eleva la calidad educativa y amplia las oportunidades de aprendizaje en los diversos sectores de la comunidad.
A grandes rasgos, las personas que cuentan con mayor acceso al aprendizaje a lo largo de su vida, tienen mayores ventajas que otras no sólo para ingresar al mercado laboral, sino para asumir una actitud crítica y reflexiva ante los hechos cotidianos. El aprendizaje permanente se convierte en una palanca para la ciudadanía activa y en el motor de una economía cada vez más productiva y con estándares de vida. La proliferación de redes de aprendizaje en la sociedad global va en aumento, convirtiéndose en espacios de alfabetización digital de un gran conglomerado social para disminuir los grados de pobreza que siguen azotando a la población mundial.
En ese titánico camino para brindarles a las personas mayores opciones de formación y capacitación a lo largo de su vida implican dos retos fundamentales. En primer lugar, potenciar la inversión de recursos financieros en el diseño de plataformas digitales y, en segundo lugar, un uso adecuado y eficiente de las tecnologías de información y comunicación. Tales recursos pueden provenir de fondos públicos como sectores privados, lo cual requiere de una importante alianza estratégica que comprometa a todos en una educación de calidad.
Hoy más que nunca el aprendizaje permanente representa un tema clave en la era del conocimiento. Implica, por una parte, un cambio paradigmático sobre el conocimiento en la economía globalizada, los recursos pertinentes, la gestión del nuevo sistema cognoscitivo y la oportunidad de acceso para todos. Por otro lado, es un escenario idóneo para que los actores sociales puedan formarse y adquirir una amplia variedad de conocimientos que son fundamentales para la agenda pública y el propio funcionamiento administrativo del Estado. Es tiempo de que valoremos el aprendizaje permanente en el desarrollo de los pueblos. Una persona dispuesta a aprender todos los días adquiere mayores ventajas que otra.
Es innegable que una sociedad con ciudadanos bien formados será capaz de avanzar hacia niveles de progreso económico y desarrollo humano en mayor proporción que otra nación con individuos escasamente instruidos. El aprendizaje permanente le permitirá a los sujetos asumir una actitud crítica y responsable ante los hechos que acontece a su alrededor. Una colectividad con vasta formación ciudadana es clave para participar en los asuntos públicos, exigir mayores niveles de eficiencia gubernamental, rendición de cuenta a sus líderes políticos y promover mecanismos de participación que redundarán en la buena marcha de la gerencia política y del bienestar colectivo.
Referencias bibliográficas
Alonso C. (1994). Los estilos de aprendizaje. Procedimientos de diagnóstico y mejora. Bilbao. España: Mensajero.
Árraga de Montiel, M. y Áñez de Bravo, A. (2003). Aprendizaje, enfoques epistemológicos y estilo de pensamiento. Revista Encuentro Educacional, Vol. 10, No. 1.
Ausubel, D.P., Novak, J.D. y Hanesian, H. (1993). Psicología educativa: un punto de vista cognoscitivo. México: Trillas.
Banco Mundial (2003). Aprendizaje permanente en la economía global del conocimiento. Desafío para los países en desarrollo. Bogotá: Alfaomega.
Díaz Barriga, F. y Hernández, R. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Bogotá: McGraw-Hill.
Leibowicz, J (2000). Ante el imperativo del aprendizaje permanente, estrategias de formación continua. Oficina Internacional del Trabajo. CINTERFOR. 2000. http//w.w.w.cinterfo.org.uy.
Navarro, J. y Verdisco A. (2000). “Teaching Training in Latin America. Innovations and Trends”. Washington. D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo.
Pabón Márquez, A. (2011). Aprendizaje universitario desde el paradigma de la complejidad. Revista EDUCERE, ULA, Mérida, No. 52, Septiembre-Diciembre.
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Jesús Alberto Castillo Doctor en Ciencias Gerenciales. Politólogo. Periodista. Abogado. El Dr. Castillo es un académico y profesional venezolano cuya labor integra la ciencia política, el derecho, el periodismo y la gerencia. Su trabajo se centra en el análisis crítico de la gerencia pública, la de


