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Esterilidad, ausencia de desarrollo sexual y confusión: La historia del primer niño “trans” mediático y las consecuencias irreversibles de los bloqueadores de la pubertad

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En enero de 2017, un niño de nueve años llamado Avery Jackson se convirtió en portada de la revista National Geographic como símbolo de la “nueva generación trans”. Con cabello rosa y una sonrisa confiada, la publicación lo presentó como una “niña trans” y recogió su frase: “Lo mejor de ser una niña es que ya no tengo que fingir ser un niño”. La imagen dio la vuelta al mundo y convirtió a Avery y a su familia en activistas visibles del movimiento de afirmación de género.

MFM

Hoy, con alrededor de 17-18 años, Avery se identifica como no binario y, según reportes recientes y testimonios recogidos en redes, también como asexual. Ha abandonado en gran medida la vida pública. Su caso ha vuelto a la actualidad tras un hilo viral que denuncia los efectos a largo plazo de los tratamientos médicos a los que fue sometido desde edad temprana.

Según el relato de su familia y documentos públicos, Avery inició bloqueadores de la pubertad (análogos de GnRH) a una edad temprana, seguido de estrógenos alrededor de los 11 años. Estos medicamentos detienen el desarrollo puberal natural para “dar tiempo” a la exploración de identidad de género. Sin embargo, la evidencia científica y testimonios clínicos indican que su uso prolongado antes de la pubertad natural puede causar esterilidad, ausencia de desarrollo de genitales adultos, pérdida de capacidad de excitación, de orgasmo e impactos en el desarrollo óseo, cerebral y emocional.

La propia presidenta de WPATH (World Professional Association for Transgender Health) en su momento, Marci Bowers, ha reconocido públicamente que los varones que inician bloqueadores en etapas tempranas de Tanner 2 suelen quedar incapaces de experimentar orgasmo de forma permanente, comparándolo con el efecto de la castración química en delincuentes sexuales.

En un documental de HBO de 2020 (Transhood), el propio Avery expresó frustración por la exposición mediática: “Arruinó mi vida” y calificó parte de su experiencia como “un error tonto y estúpido”. Posteriormente, la familia anunció que Avery se identificaba como no binario y se retiraba del activismo. Han trascendido reportes de que también se declara asexual, lo que algunos atribuyen directamente a la supresión hormonal durante el desarrollo crítico.

Críticas y debate ético

El caso ha reavivado el intenso debate sobre el consentimiento informado en menores, la reversibilidad real de los bloqueadores (que la evidencia actual cuestiona fuertemente cuando se usan de forma prolongada) y la responsabilidad de padres, médicos y medios que promovieron la transición social y médica temprana.

Críticos señalan que Avery pasó su infancia en el foco mediático, posando con figuras políticas y siendo utilizado como ejemplo de “éxito” del modelo afirmativo. Hoy, con un cuerpo que no completó el desarrollo puberal masculino y sin haber experimentado una pubertad natural, enfrenta un futuro marcado por secuelas permanentes.

Organizaciones y voces cada vez más numerosas exigen mayor cautela, revisión de protocolos (como ya han hecho países como Reino Unido, Suecia o Noruega) y priorizar enfoques psicológicos exploratorios antes que intervenciones médicas irreversibles en niños.

La familia Jackson ha defendido siempre su decisión argumentando que “dejaron que el niño liderara”. Sin embargo, el paso del tiempo y el cambio de identidad de Avery plantean preguntas incómodas: ¿puede un niño de 9 años realmente consentir un tratamiento con consecuencias de por vida?

Este caso no es aislado, pero su visibilidad lo convierte en uno de los más emblemáticos de las consecuencias no previstas del activismo de género infantil. Mientras crecen las demandas judiciales de jóvenes arrepentidos (detransitioners) en varios países, la historia de Avery Jackson sirve como recordatorio de que, en medicina, especialmente con menores, “primero no hacer daño” debe seguir siendo el principio rector.

Nota: Algunos detalles exactos sobre la identidad y declaraciones recientes de Avery provienen de reportes de la familia y publicaciones públicas. El joven ha optado mayoritariamente por mantener un perfil bajo.

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