«¡Confía en la Ciencia!» fue el mantra oficial durante dos delirantes años de pandemia universal, y los resultados no han sido exactamente los más adecuados para respaldar el consejo. Más bien, se diría que la «Ciencia» se está usando como parte de un orwelliano plan para controlar nuestras vidas, desde planes para ocultar el sol a crear una cohorte de mosquitos genéticamente modificados que nos vacunen queramos o no.
O promover una plaga de garrapatas que nos quiten las ganas de comer carne. No es una broma, sino una propuesta completamente seria aparecida en Bioethics, en un artículo revisado por pares titulado «Chupasangres benéficas», en la que dos científicos norteamericanos defienden la proliferación de una especie de garrapata, conocida como «estrella solitaria», cuya picadura provoca una grave reacción alérgica al consumo de carne. Porque comer carne, nos dicen, acelera el cambio climático.
El resumen inicial del artículo no tiene desperdicio: «La picadura de la garrapata estrella solitaria propaga el síndrome alfa-gal (AGS), una afección cuyo único efecto es la creación de una alergia a la carne roja. Los departamentos de salud pública advierten contra las garrapatas estrella solitaria y el AGS, y los científicos están trabajando para desarrollar una inoculación para el AGS. En este artículo, argumentamos que si comer carne es moralmente inaceptable, entonces los esfuerzos para prevenir la propagación del AGS transmitido por garrapatas también son moralmente inaceptables. Después de explicar los síntomas del AGS y cómo se transmiten a través de las garrapatas, argumentamos que el AGS transmitido por garrapatas es un biopotenciador moral siempre y cuando motiva a las personas a dejar de comer carne. Actualmente, es posible editar genéticamente la capacidad de las garrapatas de portar enfermedades . Si esta práctica se puede aplicar a las garrapatas portadoras de AGS, entonces promover la proliferación del AGS transmitido por garrapatas es moralmente obligatorio».

Los autores inician su artículo diciendo que «entre los argumentos más sólidos y ampliamente aceptados en ética aplicada se encuentran aquellos que concluyen que comer carne es moralmente incorrecto». ¿Ampliamente aceptado?
Los autores del artículo, Parker Crutchfield, profesor en el Departamento de Ética Médica, Humanidades y Derecho en la Facultad de Medicina Homer Stryker, de la Universidad de Western Michigan, concluyen: «Nuestra principal conclusión es que deberíamos promover un síndrome transmitido por garrapatas en particular: el síndrome alfa-gal (SGA). El SGA está causado por el alérgeno alfa-gal, que en humanos provoca una reacción alérgica al consumo de carne y órganos de mamíferos».
«Las personas que tienen alergia pueden presentar una variedad de síntomas, que incluyen urticaria, malestar gastrointestinal (por ejemplo, vómitos y diarrea) o anafilaxia en casos graves. A menudo, estos síntomas se presentan entre dos y seis horas después de la ingestión de carne de mamíferos». ¿Esta es la «ciencia» en la que se nos pide que confiemos a ciegas?


