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La miel, único alimento que nunca se pudre

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Incluso arqueólogos han hallado tarros de miel aún comestible en tumbas egipcias de miles de años de antigüedad. ¿Qué le vuelve tan especial?

Comunidad Biológica

Su composición química, caracterizada por su alta concentración de azúcar, principalmente fructosa y glucosa, es la que mata a las bacterias.

Este ambiente induce lisis celular por desecación, y su pH, que oscila entre 3 y 4.5, crea un entorno ácido inhóspito.

Además, la actividad de agua en la miel es baja, por debajo de 0.6, limitando aún más el crecimiento microbiano.

La glucosa oxidasa, una enzima en algunas mieles, cataliza la formación de peróxido de hidrógeno, actuando como agente antimicrobiano.

Las cualidades mencionadas son las conservantes naturales de la miel, que dificultan que la miel se eche a perder.

La miel, un 25 % más dulce que el azúcar de mesa, es fundamentalmente agua (17-18 %) y azúcar (75-80 %, principalmente glucosa y fructosa). Pero en su fórmula se han identificado más de 150 compuestos minoritarios, y son estos los responsables de la mayoría de las propiedades biológicas y saludables que se le atribuyen.

El contenido de todos estos compuestos en la miel varía dependiendo de las flores de las que proceda (miel de castaño, miel de azahar, etc.) y de la región geográfica y estación del año. Por eso sirven como biomarcadores de identidad de la miel.

Potasio, vitaminas, polifenoles…

Entre estos compuestos minoritarios se encuentran algunos minerales (principalmente potasio), vitaminas (las mayoritarias, el ácido fólico o vitamina B₉ y la vitamina C), polifenoles, aminoácidos, enzimas y proteínas, ácidos orgánicos (responsables de su acidez), carotenoides y compuestos volátiles (aromáticos, que también se usan para identificar el origen floral).

Muchos de los compuestos minoritarios de la miel, pero fundamentalmente los compuestos fenólicos, son los responsables de las propiedades funcionales o saludables de la miel. De estas propiedades hay evidencias in vitro (a nivel de laboratorio) y/o in vivo (con animales de laboratorio, y en algunos casos también en estudios clínicos con personas).

Propiedades antioxidantes y antiinflamatorias

La miel tiene un alto potencial antioxidante que se ha demostrado tanto en estudios in vitro como in vivo. No solo se ha comprobado que es capaz de estimular el sistema de defensa antioxidante en los tejidos de animales de laboratorio, sino que también hay estudios que evidencian que el consumo de miel (solo o en combinación con otras terapias tradicionales) incrementa la capacidad antioxidante del suero.

Muchos estudios también han demostrado la actividad antiinflamatoria de la miel, que ejerce a través de varios mecanismos, reduciendo la respuesta inflamatoria de los tejidos celulares ante diferentes agentes inflamatorios e impidiendo la producción de sustancias proinflamatorias.

A esta actividad también contribuye su efecto antioxidante porque se ha comprobado que el estrés oxidativo promueve el desarrollo de inflamaciones en diferentes tejidos.

También se ha comprobado que la miel aumenta los linfocitos T y B, los anticuerpos y determinadas células sanguíneas como eosinofilos, neutrófilos y monocitos que luchan contra los ataques externos durante las respuestas inmunes en los tejidos celulares.

Además, también estimula la producción de ácidos grasos de cadena corta con actividad inmunomodulatoria confirmada.

Es antimicrobiana y previene la aparición de úlceras

La miel también inhibe el crecimiento de diferentes bacterias, virus y hongos patógenos, es decir manifiesta actividad antimicrobiana. Esta acción se ha atribuido tanto a su actividad enzimática como a la presencia de ciertos compuestos con esta actividad antibacteriana (alcoholes, terpenos, ácidos, etc).

Se ha comprobado en ratas la actividad antiulcerosa de la miel, que se atribuye al incremento de prostaglandinas en la mucosa gástrica que actúa como protector y la consiguiente inhibición de las secreciones ácidas, previniendo la formación de úlceras pépticas.

Reducción del colesterol y prevención de problemas cardiovasculares

Otra de los efectos atribuidos a la miel y de gran interés es su aplicación en la reducción de los niveles de colesterol en pacientes con hiperlipidemia.

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