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La policía escocesa permite que los violadores se identifiquen como mujeres

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Al parecer, los habitantes de Escocia pueden dormir tranquilos, sabiendo que las autoridades no van a «confundir» a los agresores sexuales transgénero. Ayer, el Herald informó de que la policía escocesa está permitiendo que los violadores varones que detengan se identifiquen como mujeres.

Por: Lauren Smith – Spiked

La noticia surgió gracias a una investigación en curso del parlamento escocés sobre la precisión del género en el registro de delitos. En 2021, los analistas políticos MurrayBlackburnMackenzie (MBM) presentaron una petición ante el Comité de Participación Ciudadana y Peticiones Públicas del Parlamento Escocés para «instar al gobierno escocés a exigir a la Policía de Escocia, la Oficina de la Corona y el Servicio de Tribunales de Escocia que registren con precisión el sexo de las personas acusadas o condenadas por violación o intento de violación». En marzo de este año, la Policía de Escocia respondió al Comité, pero MBM recién se enteró de la respuesta.

Ahora tenemos la confirmación oficial de que la Policía de Escocia registra el sexo de cualquiera que entre en contacto con ellos según su «presentación o declaración personal». No se exige ninguna prueba del sexo biológico ni un certificado de reconocimiento de género. En efecto, esto significa que un hombre detenido por violación puede simplemente afirmar que es una mujer y esperar ser tratado como tal. Su supuesto delito se registraría como cometido por una mujer, y la policía y los tribunales se referirían a él utilizando pronombres femeninos. Incluso existe una pequeña posibilidad de que, si es condenado, sea enviado a una prisión de mujeres.

En un intento de justificar esta política claramente disparatada, la Policía de Escocia afirma que es «coherente con los valores de la organización», que incluyen «el respeto, la integridad, la justicia y los derechos humanos, al tiempo que promueve un fuerte sentido de pertenencia». Es evidente que la fuerza no «respeta» la dignidad de las víctimas femeninas lo suficiente como para que los delitos cometidos contra ellas queden registrados de forma veraz.

Ya hemos visto lo que ocurre cuando se permite que la autoidentificación se introduzca en el sistema de justicia penal. El año pasado, en Escocia, el violador Isla Bryson (antes conocido como Adam Graham) fue condenado por atacar a dos mujeres y fue sentenciado a ocho años de prisión. Increíblemente, el Servicio Penitenciario Escocés (SPS) consideró razonable enviar a Bryson a una prisión exclusivamente femenina. Afortunadamente, tras las protestas de los grupos de derechos de la mujer, fue trasladado a una prisión masculina antes de que sus compañeras de prisión pudieran sufrir algún daño. Algunas reclusas han tenido menos suerte, como han demostrado los casos de agresiones por parte de prisioneras trans .

En teoría, las nuevas directrices del SPS introducidas a finales del año pasado establecen que es «muy improbable» que las prisioneras trans con antecedentes de violencia contra las mujeres sean alojadas en cárceles femeninas. Pero «muy improbable» no es suficiente. Esto nunca debió haber sido una posibilidad en primer lugar.

Aunque no se envíe a los hombres escoceses a prisiones de mujeres en grandes cantidades, la política de la policía escocesa todavía amenaza con distorsionar la forma en que se registran los delitos sexuales. Según la legislación del Reino Unido, la violación se define como la penetración con un pene sin consentimiento. Si los violadores se registran como mujeres, esto podría fácilmente distorsionar las estadísticas oficiales sobre delitos. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que el 100 por ciento de las violaciones son cometidas por hombres, sobre todo porque sólo ellos tienen el material necesario. Si seguimos dando prioridad al «sentido de pertenencia» de una persona a un género por encima de su biología, las cifras oficiales podrían acabar sugiriendo absurdamente que ha habido un enorme aumento de mujeres escocesas condenadas por violación en los últimos años.

Como ocurre con todos los aspectos de la ideología trans, se nos pide que creamos algo que todos sabemos que no es cierto. Hoy en día, se espera que los periodistas utilicen el pronombre «ella» junto a imágenes de criminales corpulentos y barbudos. Se espera que una víctima de abuso sexual llame a su agresor masculino por un nuevo nombre y que pretenda que él es tan mujer como ella. Se espera que las reclusas de una prisión pretendan que vivir con una mujer trans no representa para ellas más peligro que una mujer real.

Si no se puede confiar en que la policía escocesa sepa distinguir entre hombres y mujeres, ¿cómo se puede confiar en que mantenga la seguridad pública? El sistema judicial escocés ha quedado completamente trastornado por la ideología trans.

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