Morfema Press

Es lo que es

La secta que proponía morir para acompañar a los extraterrestres: la castración como pureza y 39 cuerpos alineados en sus camas

Comparte en

El 26 de marzo de 1997, una llamada telefónica anónima alertó a las fuerzas policiales y las dirigió de inmediato hacia una inmensa mansión de estilo mediterráneo ubicada en las afueras de la ciudad de San Diego, en el exclusivo sector de Rancho Santa Fe, California.

Infobae

Al ingresar, las autoridades descubrieron los cadáveres de 39 personas, en lo que hasta hoy se mantiene catalogado en los registros oficiales como el mayor suicidio colectivo ocurrido dentro del territorio de los Estados Unidos. Las víctimas, cuyas edades oscilaban entre los 26 y los 72 años, eran miembros de una hermética secta religiosa denominada Heaven’s Gate, que en español significa Puerta del Cielo.

Descubrir el horror

La escena del descubrimiento evidenciaba una logística sumamente rigurosa. Los cuerpos de las víctimas, que se encontraban cuidadosamente alineados sobre camas cuchetas, vestían atuendos oscuros idénticos y zapatillas deportivas de la marca Nike.

En sus meses finales de preparación, los miembros habían cosido a sus uniformes un parche personalizado con la inscripción “Heaven’s Gate Away Team” (Equipo de Exploración de la Puerta del Cielo), posicionándose como meros visitantes transitorios del planeta Tierra e invocando directamente el universo de ficción de la serie televisiva Star Trek.

Sobre sus cuerpos se habían colocado de forma prolija sudarios de color púrpura, lo cual constituía una alusión a la temporada de la Pascua, una evocación de costumbres funerarias del mundo antiguo y un homenaje explícito al color favorito de una de las fundadoras de la agrupación.

Además, cada uno de los fallecidos llevaba en el interior de sus bolsillos un billete de cinco dólares y exactamente tres monedas de 25 centavos, una práctica habitual que seguían en su vida diaria para evitar quedarse varados sin el dinero suficiente para el transporte público.

El autor de la llamada anónima al 911 -según se conoció más tarde- fue Rio DiAngelo, un director de arte y miembro sobreviviente de la secta que había abandonado el grupo tras tres años de permanencia en su interior, con la instrucción de quedarse atrás en la Tierra para poder contar la historia de la agrupación. “Siempre estaba buscando respuestas, buscando un propósito en mi vida. Amaba a estas personas… significaban todo para mí”, declaró DiAngelo sobre su experiencia en el culto.

En la actualidad, afirma ser un jubilado centrado en su familia: “Soy un tipo normal. Estoy intentando ser más yo mismo. Y una mejor persona en todos los sentidos que pueda”. Cuando el ex integrante de la secta, alertado del suceso por una carta enviada por el propio grupo, encontró los cuerpos el 26 de marzo, llamó al número de emergencias y se retiró. Ya no quedaba absolutamente nada de la presencia material de Heaven’s Gate en la propiedad.

Los orígenes de la secta

Los orígenes formales de la secta se remontan a principios de la década de 1970, cuando los cofundadores Marshall Herff Applewhite y Bonnie Lou Nettles se conocieron. Applewhite, hijo de un predicador presbiteriano, había sido un talentoso cantante de ópera y actor de teatro que lidiaba con su orientación sexual y con una relación sumamente complicada con su padre. En un momento de profunda depresión clínica, mientras escuchaba voces en su cabeza y experimentaba visiones apocalípticas, conoció a Nettles. Ella era una enfermera diplomada, madre de cuatro hijos, que ya creía firmemente en el fenómeno de los ovnis y en la astrología. Según antiguos colegas, Nettles le sugirió a Applewhite que las voces podrían provenir directamente de espíritus superiores, indicándole que algún día sería un maestro divino.

En sus inicios, Applewhite y Nettles instalaron su base de operaciones a orillas del río Rogue, en Oregón, acompañados por un grupo de apenas 20 a 30 seguidores, algunos de los cuales habían abandonado a sus hijos más pequeños para unirse. Durante años, la agrupación llevó una vida nómada, estableciéndose temporalmente en recónditos campamentos ubicados en los bosques de Wyoming y Colorado. Para sostenerse económicamente, se asentaban por períodos cortos en distintos pueblos, donde trabajaban en puestos como camareras o empleados de tiendas locales.

Las exigencias de los líderes de la secta

A medida que la secta crecía, los líderes comenzaron a exigir a sus seguidores que cortaran de raíz todo tipo de contacto con familiares y amigos del mundo exterior. Applewhite y Nettles, apodados “Do” y “Ti”, predicaban que el cuerpo humano era un simple “vehículo” biológico para transportar el alma. Proclamaban que el salvador religioso había regresado encarnado en Applewhite y prometían a los interesados que aprenderían a ser puros para ser invitados al cielo.

Rio DiAngelo detalló la atmósfera en la que pasaban sus días en la secta: “Vivíamos como si estuviéramos en un monasterio. Todos éramos individuos célibes, buscando el progreso personal”.

La supresión absoluta del deseo sexual y de las características físicas individuales era un pilar doctrinal fundamental de la vida comunitaria en Heaven’s Gate. Applewhite y Nettles exhortaban a su rebaño a renunciar de manera irrevocable al sexo, a las bebidas con alcohol y al consumo de tabaco.

La radicalización llegó al extremo de que ocho de los hombres del grupo, incluido el propio líder Applewhite, se sometieron voluntariamente a una castración quirúrgica. El ex miembro de la secta Dick Joslyn comentó sobre esta práctica institucional: “¿Por qué no acabar con la batalla del deseo sexual? Ahora estoy muy contento de no haberlo hecho. Pero no es tan extraño como la gente piensa”.

El control jerárquico sobre las rutinas diarias era absoluto. Los líderes instituyeron el “tiempo de la tumba”, períodos punitivos en los que los miembros tenían estrictamente prohibido dirigirse la palabra por días enteros. En ocasiones, golpeaban diapasones contra sus cabezas en un intento por disipar los pensamientos puramente humanos.

Todos recibían la asignación de un compañero con el cual debían realizar absolutamente todas las actividades diarias y que rotaba de manera metódica. “Te emparejaban con el compañero por el que menos probabilidades tendrías de sentirte atraído”, recordó tajantemente Leslie Light, una terapeuta que formó parte del culto en 1975. Joslyn comparó la cotidianidad institucional de manera elocuente: “Era como el ejército. Había todos estos procedimientos que volvían loca a algunas personas”. Asimismo, Joslyn admitió: “A veces se volvía bastante aburrido, especialmente cuando estabas esperando diez años a que bajara la nave espacial”.

Los perfiles de los seguidores de la secta

Contrario a la percepción popular, la demografía de Heaven’s Gate incluía a individuos con trayectorias académicas impecables. Joan Culpepper, miembro original en la década de 1970 y ex ejecutiva de publicidad, lo aclaró categóricamente: “Muchas de estas personas no eran perdedores con baja autoestima. El mensaje de Applewhite se conectó con alguna creencia en ellos”. Culpepper también señaló una diferencia en la dinámica de reclutamiento: “La mayoría de los cultos quieren hablarte con dulzura, atraerte y hacerte sentir amado. Estos tipos no eran así”.

La diversidad de los perfiles resultaba notable. Margaret Bull, de 54 años, había crecido en una granja y obtenido su licenciatura en la Universidad de Washington. Era descrita por sus antiguos profesores como “abierta y preparada intelectualmente”, mientras que su ex compañera de cuarto recordó que “a veces era difícil hablar con ella porque era muy inteligente”. El exitoso desarrollador inmobiliario John “Mickey” Craig, de 62 años, administraba un rancho de vacaciones en Colorado antes de desaparecer de manera repentina en 1975, dejando atrás a su esposa y a sus seis hijos mediante una simple nota sobre sus finanzas. Dentro de la agrupación, ascendió vertiginosamente hasta convertirse en el segundo al mando, adoptando el nombre espiritual de Hermano Logan.

A la doctora Jacqueline Leonard, de 72 años, se le permitía flexibilizar levemente las estrictas normas y mantener un contacto ocasional con su familia. Su hija Chris rememoró que la espiritualidad profunda era tema de conversación habitual en el hogar y afirmó sobre la decisión final: “Mamá siempre decía que se iría en un rayo de luz”. David Moore, un genio de la computación de 40 años, desapareció tras cruzarse con una reunión de la secta a los 19 años. Su madre, Nancie Brown, lo buscó incesantemente durante más de dos décadas, y al enterarse de su muerte expresó: “Han sido, diría yo, 21 años de pérdidas. Esto no termina”.

Testimonios del horror

Gary Jordan St. Louis, programador informático de 43 años, había ingresado becado a la Universidad de California en Berkeley. En febrero de 1992, al abandonar repentinamente a su novia Shelly King para regresar definitivamente a Heaven’s Gate y reencontrarse con su media hermana Dana, St. Louis le comunicó: “Quiero unirme a mi padre celestial y a mis compañeros de clase”. Gail Maeder, de 27 años y dueña de una boutique, dejó registrado su estoicismo dogmático en el video casero de despedida de la secta: “Lo que estamos a punto de hacer ciertamente no es nada para pensar negativamente”. Yvonne McCurdy-Hill, empleada postal de 38 años, dejó a sus cinco hijos pequeños. Su esposo le confió consternado a su propia madre, Eartha Hill: “Mamá, te amo mucho. Pero tengo que irme lejos”.

Otros testimonios reflejan el persistente anhelo de pertenencia de los miembros. El ostricultor comercial Alan Bowers, de 45 años, había pasado ocho años con la secta, pero en 1994, tras atravesar un divorcio y la repentina muerte de su hermano, se reincorporó de manera definitiva. Su hermanastra Joy Ventulett relató: «Estaba un poco vulnerable. Buscaba paz».

Robert Arancio, artista de 45 años, regresó al hogar de sus padres solo dos veces en más de veinte años tras unirse en 1975; su hermana, Joanne Bosma, expresó la dolorosa dualidad de la familia: “Lloramos la pérdida de mi hermano. Pero también lloramos la pérdida de la esperanza de que vuelva alguna vez a casa”. En tanto, la botánica Susan Strom, de 44 años, se unió poco antes de graduarse de la universidad. Su padre, el juez federal Lyle Strom, confesó con resignación: “Siempre la consideré una secta. Pero siempre parecía feliz. Tuvo muchas oportunidades de irse”.

Con el avance de la década de 1990, el grupo logró estabilizar sus ingresos fundando una empresa de diseño de páginas web denominada “Higher Source”, cuyas oficinas funcionaban en las instalaciones de Rancho Santa Fe.

El control milimétrico sobre los miembros persistió; durante el peritaje, los investigadores hallaron un plano de asientos asignados obligatoriamente para que se acomodaran frente a una televisión de 72 pulgadas, donde consumían producciones de ciencia ficción como Star Trek y The X-Files.

Bonnie Lou Nettles había fallecido de cáncer en 1985. Para 1996, la teología dualista del grupo se había polarizado de forma terminante: sostenían un dualismo metafísico que separaba el cuerpo de la mente, y un dualismo terrenal que distinguía a la secta salvada del mundo exterior corrupto. Concebían al cuerpo como materia en descomposición y creían que el verdadero ser residía en el alma. El grupo había esperado largamente que el gobierno de los Estados Unidos llevara a cabo un operativo armado que terminara de forma violenta con sus existencias. La rotunda ausencia de esa persecución estatal, combinada con la presión por el envejecimiento de Applewhite, los forzó a determinar que debían acabar con sus propias vidas.

La inminente llegada a los cielos del cometa Hale-Bopp en 1997 operó como la confirmación definitiva. Applewhite convenció a todos los integrantes de que un vehículo espacial extraterrestre viajaba oculto detrás del cometa luminoso. Para poder abordar dicha nave estelar, debían abandonar indefectiblemente sus formas y limitaciones humanas.

Según concluyeron los sociólogos Robert W. Balch y David Taylor, la decisión del grupo resultó ser absolutamente deliberada, no motivada por amenazas externas ni concretada mediante coacción, encajando a la perfección en su estricto sistema de creencias.

Las muertes se ejecutaron de manera escalonada en tres oleadas durante el 22 y el 23 de marzo de 1997. Siguiendo pautas que habían investigado, los miembros ingirieron la mezcla de barbitúricos y alcohol, asegurando el letal desenlace al asfixiarse con bolsas de plástico. El líder Marshall Herff Applewhite culminó con su existencia durante el segundo día del procedimiento, acompañado por sus colaboradores de mayor confianza.

Hasta el último segundo, los fieles seguidores de Heaven’s Gate concibieron esas dramáticas acciones no como un suicidio convencional, sino como una solemne graduación espiritual. Habían dejado estipulado en sus postulados que definían el suicidio como “volverse en contra del Siguiente Nivel cuando este es ofrecido”.

Bajo esa inquebrantable lógica doctrinaria, consideraban sin dudar que quienes permanecían habitando en el planeta Tierra eran verdaderamente los que cometían el suicidio real y definitivo, al rechazar la eterna promesa de perfeccionarse materialmente en el plano superior.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top