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Qué explica la neurociencia sobre el amor a primera vista

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En una su columna semanal en Infobae en vivo, la neuropsicóloga Lucía Crivelli cuestionó la existencia del amor a primera vista y explicó que, según la neurociencia, este fenómeno está lejos de ser tan frecuente como se cree.

Infobae

Durante su paso por el estudio deInfobae a las Nueve, donde dialogó con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, Crivelli abordó la pregunta central: “¿Existe el amor a primera vista?” y detalló: “La reacción que tiene el cuerpo al amor a primera vista es muy parecida a la que tiene cuando se estresa. Se activan los mismos circuitos que en el estrés”.

La especialista detalló que “se segrega cortisol, la hormona del estrés, noradrenalina, que nos mantiene alerta, y se activa todo este circuito de la recompensa, porque uno está motivado y quiere ir en busca de la presa de amor, digamos”.

Crivelli subrayó que estos procesos fisiológicos generan una sensación intensa, pero efímera: “La tasa de amor a primera vista es baja”.

Apoyada en estudios científicos, la neuropsicóloga remarcó: “Se llevaron a personas a citas para ver cómo se sentían y después de eso se les hicieron cuestionarios. Y lo cierto es que hay muy poquitas personas que después de encontrarse con personas nuevas refieren haberse enamorado a primera vista”.

Además, puntualizó: “Está muy ligada a la atracción física. Las personas atractivas son más sujetos de amor a primera vista que aquellas que no lo son. Por cada persona atractiva, tiene nueve personas que se enamoran a primera vista de ella, en comparación con lo que se enamora esa persona”.

Para Crivelli, el fenómeno suele confundirse y el impacto inicial responde más a un sesgo cognitivo denominado “efecto halo”: “Cuando encontramos a alguien atractivo tendemos a atribuirle otras características positivas. Entonces, generalmente, como es lindo, pienso que también es inteligente, también es bueno y seguramente sea protector”.

El duelo amoroso y la ciencia del desamor

Consultada sobre el dolor tras una ruptura, Crivelli mencionó las investigaciones de Helen Fisher: “Ella estudia los corazones rotos. Lo que encuentra es que el amor funciona un poco como una adicción cuando se transforma en desamor, en el sentido de que siguen conectadas estas áreas que tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina, como si el objeto de amor siguiera vigente”.

La científica ilustró: “Uno tiene sensación de abstinencia y esta sensación de que el otro está cuando el otro no está, como cuando los pacientes tienen la sensación del miembro fantasma. No solamente eso, sino que se activan áreas del cíngulo y de la corteza posterior de la ínsula, que tienen que ver con el dolor físico. Duele como el dolor físico. La corteza somatosensorial está activa”.

En cuanto a la duración del duelo, Crivelli aclaró: “No tiene tanto que ver con la duración de la relación, sino con la profundidad y los cambios que esa relación produjo en mí”.

Al analizar cómo cambia el enamoramiento a lo largo de la vida, Crivelli indicó la influencia de la biología y la cultura: “Las características que hacen que nos enamoremos a primera vista son siempre bastante parecidas. Tienen que ver con la atracción física. En el caso de los hombres, muchas veces con la salud reproductiva de las mujeres, y las mujeres buscan algo más protector, como que evolutivamente está muy determinado. Pero después está la subjetividad de cada uno”.

Respecto a los adolescentes, subrayó: “Todavía no tienen del todo desarrollado la corteza prefrontal, el lóbulo frontal, que regula las emociones. Hasta los 25 años, nuestros adolescentes todavía no tienen desarrollado del todo el control inhibitorio. La capacidad de inhibir los impulsos”.

En el cierre, Crivelli destacó: “Está bien poder racionalizar el amor, pero a veces el amor va más allá de la razón. No sé si está bueno o no, pero a veces es inevitable”.

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