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Una madre honesta realiza fórmula matemática del por qué muchas mujeres tienen poco deseo sexual… y se prendió el debate

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Una publicación viral de Maddie Muhs, una madre de Houston, ha desatado un debate en redes sociales sobre la disminución del deseo sexual en mujeres que son madres y trabajadoras. En un video que se volvió tendencia, Muhs presentó una «fórmula del libido de las mamás» con un toque de humor: (Horas de sueño + Número de comidas reales consumidas mientras se está sentado) × Apoyo de la pareja ÷ Número de comentarios molestos que él hizo – Número de veces tocada por los niños = Libido de la mamá.

Aunque la ecuación es una sátira, refleja una realidad que muchas mujeres experimentan tras convertirse en madres, especialmente en parejas trabajadoras. Pero, ¿qué dice la ciencia sobre este fenómeno? Estudios recientes confirman que las mujeres tienden a experimentar una disminución en el deseo sexual después de la maternidad y en relaciones de largo plazo, influenciadas por factores físicos, emocionales y sociales. Aquí exploramos las razones detrás de esta tendencia y cómo las desigualdades de género en el hogar juegan un papel clave.

La biología del deseo: Cambios hormonales en la maternidad

La transición a la maternidad conlleva cambios hormonales significativos que impactan el deseo sexual. Durante el embarazo y el posparto, los niveles de prolactina, una hormona que estimula la producción de leche materna, aumentan considerablemente. Esta hormona, aunque esencial para la lactancia, tiene un efecto supresor sobre el libido, manteniendo a las madres enfocadas en el cuidado del bebé. Un estudio encontró que las mujeres que amamantan experimentan una disminución significativa en el deseo sexual, pero esta tendencia se revierte parcialmente cuatro semanas después de suspender la lactancia, cuando los niveles hormonales regresan a la normalidad.

Además, el embarazo altera los niveles de testosterona y estrógeno, ambos relacionados con el deseo sexual. Aunque la testosterona en mujeres embarazadas puede aumentar, un estudio transversal de 589 mujeres embarazadas no encontró una correlación directa entre los niveles de testosterona y el deseo sexual, sugiriendo que los factores psicológicos y sociales tienen un peso igual o mayor. En el posparto, la fatiga, los cambios corporales y el dolor asociado con el parto (como el trauma perineal) también contribuyen a una menor disposición para la actividad sexual.

Desigualdades en el hogar: El peso de las tareas domésticas

Más allá de la biología, las desigualdades en la división del trabajo doméstico son un factor crítico. Un estudio con 1,073 mujeres en relaciones heterosexuales con hijos encontró que realizar una mayor proporción de las tareas del hogar está asociado con un menor deseo sexual hacia la pareja. Este efecto se debe, en parte, a la percepción de la pareja como una figura dependiente y a la sensación de injusticia en la distribución de las responsabilidades. Las mujeres que asumen la mayor parte del trabajo doméstico y emocional reportan sentirse abrumadas, lo que reduce su capacidad para experimentar deseo o erotismo. Algunas mujeres describen a sus parejas como «hombres-niños», lo que refuerza una «desexualización» de los roles de esposa y madre.

Las estadísticas respaldan esta disparidad: las mujeres realizan aproximadamente 2.5 horas más de trabajo doméstico al día en comparación con los hombres, una brecha que se amplifica en parejas con hijos. Durante la pandemia de COVID-19, esta desigualdad se acentuó, con las madres siendo tres veces más propensas a asumir la mayoría de las tareas de cuidado infantil. Esta carga adicional no solo agota físicamente, sino que también genera resentimiento, lo que impacta negativamente la intimidad en la pareja.

La dinámica de las relaciones a largo plazo

En relaciones de largo plazo, la disminución del deseo sexual femenino es un patrón bien documentado. Estudios longitudinales han revelado que, en los primeros cinco años de matrimonio, el deseo sexual de las mujeres disminuye progresivamente, mientras que el de los hombres permanece constante. Este fenómeno no se limita al posparto: una investigación con 2,173 mujeres premenopáusicas mostró que aquellas en relaciones monógamas de siete años experimentaron la mayor disminución en el deseo sexual, en comparación con mujeres solteras o con nuevas parejas. Los factores incluyen la familiaridad, la falta de novedad y la presión de las responsabilidades diarias, que a menudo recaen desproporcionadamente en las mujeres.

Además, las mujeres reportan que la falta de conexión emocional y el estrés por las demandas de la vida laboral y familiar afectan su disposición para la intimidad. Un estudio cualitativo con 36 mujeres en los primeros seis meses posparto destacó estrategias como la comunicación abierta con la pareja, la planificación de momentos de intimidad y la aceptación de los cambios físicos como clave para recuperar la sexualidad, pero estas requieren un esfuerzo conjunto que no siempre está presente.

El rol del estrés y la salud mental

El estrés crónico y los problemas de salud mental, como la depresión posparto o la ansiedad, también juegan un papel crucial. Síntomas como fatiga, depresión, ansiedad y problemas de sueño están significativamente asociados con una menor libido en mujeres durante y después de la transición a la menopausia, un patrón que se observa también en el posparto. La presión social para cumplir con las expectativas de ser una «buena madre» y una «buena esposa» puede exacerbar estos sentimientos, generando un ciclo de culpa y baja autoestima que afecta aún más el deseo sexual.

¿Qué pueden hacer las parejas?

La ciencia sugiere que abordar estas disparidades requiere un esfuerzo conjunto. Estudios destacan que las parejas con una división más equitativa del trabajo doméstico reportan mayor frecuencia sexual y satisfacción en la relación. La comunicación abierta es esencial: las parejas que discuten sus necesidades y expectativas sexuales logran una mayor conexión emocional y sexual. Además, planificar momentos de intimidad, como en horarios menos demandantes para las mujeres, puede ayudar a reducir la frustración y fomentar la conexión.

El apoyo profesional, como la terapia de pareja o sexual, puede ser una herramienta valiosa para mejorar la comunicación y abordar problemas subyacentes, como la falta de confianza o la desconexión emocional. También se recomienda el autocuidado, como el ejercicio regular y una dieta equilibrada, para mejorar la autoimagen y la energía, factores que influyen positivamente en el deseo sexual.

Conclusión: Un desafío multifacético

La disminución del deseo sexual en mujeres que son madres y trabajadoras no es simplemente una cuestión biológica, sino un reflejo de las complejas interacciones entre hormonas, responsabilidades domésticas, dinámicas de pareja y presiones sociales. Como lo ilustra la fórmula viral de Maddie Muhs, el agotamiento físico y emocional, combinado con una percepción de inequidad en el hogar, puede apagar el deseo sexual. Sin embargo, con apoyo mutuo, comunicación y estrategias prácticas, las parejas pueden trabajar para recuperar la chispa. La ciencia nos recuerda que este desafío es común, pero no insuperable, y que entender las necesidades de ambos puede marcar la diferencia en la vida sexual y emocional de las familias modernas.

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