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A 60 años del Tratado del Elíseo, la amistad franco-alemana está puesta a prueba

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El canciller alemán Konrad Adenauer tenía 87 años, el presidente francés Charles de Gaulle 72. Y, sin embargo, estos dos hombres ya mayores representaron un nuevo comienzo en las relaciones entre Alemania y Francia.

DW

El 22 de enero de 1963 se dieron la mano en la residencia oficial del presidente francés, el Palacio del Elíseo, e incluso intercambiaron un beso fraternal. Y firmaron un tratado que sellaba la amistad entre dos países que habían sido enemigos durante mucho tiempo.

Aún no habían pasado 18 años desde Segunda Guerra Mundial.Los recuerdos todavía eran recientes para las millones de personas de ambos bandos que participaron en la guerra. La propaganda alemana había inculcado a los escolares, ya mucho antes de Adolf Hitler, que Francia era el enemigo histórico de Alemania. Durante siglos, alemanes y franceses habían luchado unos contra otros.

Precisamente porque Adenauer y de Gaulle traían consigo experiencia bélica incluso de dos guerras mundiales, dieron a la causa «tanto más credibilidad», dice a DW Frank Baasner, director del Instituto Franco-Alemán. Sin embargo, el tratado de amistad no habría sido posible, afirma Baasner, sin los ciudadanos de ambos países. Mucho antes de la firma, «ya había un acercamiento muy hermoso, asombroso y valiente entre la gente de ambas naciones. Fue la culminación de un proceso de acercamiento que provino de la sociedad. No debemos olvidarlo».

Intercambios de jóvenes y hermanamiento de ciudades

El objetivo del Tratado del Elíseo era «llegar, en la medida de lo posible, a una actitud común» mediante consultas periódicas entre los gobiernos sobre política exterior y de seguridad. «Creo que se ha avanzado mucho en la duración de la cooperación», afirma Frank Baasner. La parte francesa se había dado cuenta «de que los alemanes, a pesar de sus fuertes lazos con Estados Unidos, no tiraban la toalla, sino que, después de todo, cumplían con el tratado».

Pero no solo debían reunirse políticos y altos funcionarios, sino también ciudadanos corrientes. En julio de 1963 se fundó la Oficina Franco-Alemana de la Juventud. Hasta la fecha, esta ha acercado a unos diez millones de jóvenes alemanes y franceses a sus respectivos países vecinos a través de intercambios.

Se han establecido numerosos hermanamientos de ciudades. La Brigada Militar Franco-Alemana existe desde 1989. Tres años más tarde, se puso en antena el canal de televisión cultural binacional Arte.

Macron y Scholz: diálogo en situación de crisis

Las respectivas parejas al frente de sus Estados o Gobiernos eran en ocasiones muy diferentes. Algunas veces armonizaron mejor que otras. En los actos conjuntos, a Macron y a Scholz les gusta reafirmar ritualmente las estrechas relaciones entre ambos países, pero hasta ahora no hay muchas pruebas de cercanía personal. También hay fricciones políticas en este momento, por ejemplo, al abordar la guerra de Ucrania. Macron y Scholz viajaron tarde juntos a Kiev. Cuando se trata de entregas de armas a Ucrania, Scholz se muestra siempre más reticente que Macron. Sobre la cuestión de la limitación del precio del gas, Macron llegó a advertir públicamente de que Alemania se estaba «aislando» en Europa, una afrenta para Berlín. Las dos partes avanzan muy despacio en proyectos conjuntos de armamento, por ejemplo en el desarrollo de un avión de combate.

Frank Baasner, del Instituto Franco-Alemán, no quiere dramatizar. «La capacidad de encontrar el diálogo incluso en situaciones de crisis se mantiene. Es cierto que las diferencias de intereses están ahí, y quizá las orientaciones estratégicas también sean diferentes. Alemania siempre ha tenido dificultades con algo así como una visión geoestratégica del mundo, Francia siempre la ha tenido. Ahora, Alemania está quizás a punto de tener que hacerlo también». En este sentido, ve buenas oportunidades para que ambas partes vuelvan a acercarse.

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