Cada año, millones de personas en el mundo participan en el rito de la imposición de cenizas, una tradición profundamente arraigada en la fe cristiana que marca el inicio de la Cuaresma, un periodo de 40 días de preparación para la Pascua.
Armando Estaban Quito Musk
Pero, ¿de dónde proviene esta práctica y qué significa? Su historia se remonta a siglos atrás, combinando elementos bíblicos, culturales y simbólicos que han perdurado hasta nuestros días.
El uso de cenizas como símbolo de penitencia y mortalidad tiene sus raíces en el Antiguo Testamento de la Biblia. En textos como el libro de Job (42:6), se describe cómo las personas se cubrían de ceniza y polvo en señal de arrepentimiento y humildad ante Dios. Asimismo, en Jonás (3:6), el rey de Nínive se vistió de saco y se sentó sobre cenizas al escuchar el llamado al cambio. Estos actos reflejaban una tradición común en las culturas del antiguo Oriente Medio, donde las cenizas eran un signo visible de duelo, purificación y reconocimiento de la fragilidad humana.
Con el paso del tiempo, esta práctica fue adoptada por la Iglesia primitiva y evolucionó hasta convertirse en el rito que conocemos hoy. Historiadores señalan que, hacia el siglo VII, la imposición de cenizas comenzó a formalizarse en la liturgia cristiana, especialmente en el contexto de la penitencia pública. En aquella época, los pecadores confesos recibían cenizas en la frente como parte de su proceso de reconciliación con la comunidad, un acto que se realizaba el primer día de Cuaresma, conocido ahora como «Miércoles de Ceniza».
El simbolismo de las cenizas es doble: por un lado, recuerdan la mortalidad humana con la frase tradicional “Polvo eres y en polvo te convertirás” (Génesis 3:19); por otro, invitan a la conversión y al cambio interior. Las cenizas utilizadas en la actualidad suelen provenir de la quema de los ramos de palma bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, un detalle que conecta los ciclos litúrgicos y refuerza su significado espiritual.
En el siglo XI, el papa Urbano II universalizó esta práctica en la Iglesia Católica, extendiéndola a todos los fieles y no solo a los penitentes públicos. Desde entonces, el Miércoles de Ceniza se ha convertido en un momento clave para católicos y algunas denominaciones protestantes, como los anglicanos y luteranos, que también lo observan.
Hoy, en pleno 2025, la imposición de cenizas sigue siendo un acto de relevancia global. En países como México, España y Filipinas, las iglesias se llenan de fieles que reciben la cruz de ceniza en la frente, mientras reflexionan sobre su vida y se preparan para la Pascua. A pesar de los cambios sociales y tecnológicos, este rito milenario conserva su esencia: un recordatorio de la humildad y la esperanza en medio de la condición humana.
Así, la próxima vez que veas a alguien con una marca grisácea en la frente, recuerda que no solo lleva una tradición de siglos, sino un símbolo universal de introspección que trasciende el tiempo.