Los concursos de belleza (un pilar de la cultura occidental, particularmente de los Estados Unidos) fueron prohibidos en la Unión Soviética desde 1959: no se permitían damas escasamente vestidas, ni moda atrevida, ni celebraciones de la belleza y el aplomo.
Sin embargo, el panorama cambió en 1985 con el nombramiento de Mijail Gorbachov, quien se convirtió en el Secretario General más joven del Partido Comunista.
Su nombramiento marcó el inicio de una nueva era de libertad social para los ciudadanos de la URSS, incluida la eliminación de la prohibición de los concursos de belleza.

Tres años más tarde, en el Palacio de Deportes Luzhniki del Moscú soviético se celebró el primer concurso de belleza oficial de la URSS, «Belleza de Moscú 1988», que se convirtió en una auténtica sensación para la comunidad mundial.
El concurso fue patrocinado por la prestigiosa revista de moda alemana Burda Moden, cuya propietaria y editora, la Sra. Burda, fue miembro honorario del jurado.
Los promotores del evento renunciaron a todos los estándares y permitieron que participaran en el concurso chicas de cualquier tipo. Las atractivas chicas rusas encontraron inmediatamente admiradores entre los productores de cine, fotógrafos de moda, inversores extranjeros, diseñadores de moda, etc.

Participar en un concurso de belleza en aquella época significaba en gran medida ir en contra de la opinión pública, todavía prevaleciente, de que sólo participaban muchachas indecentes y vergonzosas; muchachas a las que no les importaba ser vistas por millones de televidentes en traje de baño marchando en el escenario, muchachas cuyos valores morales estaban muy por debajo de los estándares públicos; muchachas que estaban más asociadas con prostitutas que con reinas de belleza.
Al final, el concurso lo ganó una colegiala llamada Masha Kalinina. No fue hasta la segunda edición, un año después, cuando la ganadora fue coronada como «Miss URSS».


Fue un título que permaneció vigente durante tres años más hasta que el imperio soviético se desmoronó y la URSS se disolvió y desapareció en los anales de la historia.













