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Un unicornio automotriz rodó por Caracas: El Thunderbolt, primer show car de Chrysler

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En 1941, el departamento de diseño de Chrysler Corporation completó el diseño y desarrollo de un automóvil sumamente especial, llamado a influir de manera notable en el área de diseño e ingeniería de la industria.

Por: Julian Afonso Luis – Especial para Morfema Press

Aquel auto, el Thunderbolt, fue desarrollado sobre órganos mecánicos de producción en serie y fue el primer “show car” de Chrysler, siguiendo el ejemplo de GM, que en 1939 se había convertido en la primera empresa automotriz mundial en concebir un vehículo semejante.

¿Qué es un “show car”? Básicamente un auto que hace propuestas de diseño e ingeniería aún no usadas en la producción en serie, pero que los ingenieros, diseñadores y creativos de las empresas automotrices están evaluando introducir en el futuro.

A fin de evitar el riesgo de poner en producción un carro con características que quizá no sean aceptadas en el mercado, el Jefe de Diseño de GM, Harley Earl decidió, en 1939, crear un vehículo que las anticipara en exhibiciones para conocer la reacción del público.

La idea tuvo mucho sentido y por ello las demás empresas automotrices del mundo no tardaron en seguir el ejemplo de Earl, de GM y de aquel primer “show car”, llamado Y Job y creado sobre órganos mecánicos Buick.

En respuesta al famoso e influyente Buick Y-Job de 1939, Chrysler Corporation creó su primer “show car” en 1941, llamándolo Thunderbolt y éste, al igual que el modelo de GM, hizo historia y causó sensación.

Prodigio de la tecnología

Entre las diferentes propuestas de estilo e ingeniería hechas por el Thunderbolt están la carrocería carente de guardafangos prominentes, los faros delanteros ocultos (funcionaban con un mecanismo manual, que se activaba con una palanca desde el tablero), las proporciones equilibradas entre el capó y el maletero, y algunas otras cosas.

La característica distintiva más notable del Thunderbolt fue, junto con su radical diseño exterior, el techo metálico de tipo retráctil, que al toque de un botón se levantaba y se guardaba en el maletero gracias a una serie de mecanismos de tipo eléctrico.

Chrysler fue la primera empresa estadounidense (la segunda del mundo, luego de Peugeot) en proponer algo así. Finalmente, el techo retráctil nunca fue usado por Chrysler en un carro de producción en serie y Ford acabó siendo la primera empresa estadounidense en fabricarlo, tres lustros después que el Thunderbolt vio la luz.

El Thunderbolt fue un producto realmente influyente, que ayudó a Chrysler Corporation a evaluar diversos aspectos de diseño e ingeniería, que con el paso de los años llegaron a la producción en serie.

En total, fueron seis las unidades Thunderbolt fabricadas por Chrysler. Todas eran idénticas, exceptuando el color y al igual que el Buick Y Job, eran vehículos totalmente desarrollados, absolutamente funcionales en todos sus aspectos, que pudieron matricularse para rodar legalmente por las calles.

Luego de ser exhibidas por Chrysler en diversos eventos a lo largo y ancho de EE.UU., las seis unidades Thunderbolt fueron vendidas a clientes. Uno de esos compradores resultó ser un acaudalado empresario caraqueño, que lo hizo traer a Venezuela hacia 1944.

El Thunderbolt en Caracas

La única referencia conocida del paso de aquel Thunderbolt por Venezuela (y la única que nos queda al día de hoy) fue una foto tomada por el propietario del vehículo en la urbanización Caracas Country Club. Dicha foto, perteneciente al archivo del gran piloto venezolano Maurizio Marcotulli, ha venido siendo divulgada con cada vez más frecuencia en medios impresos, redes y demás canales comunicacionales, siempre despertando gran admiración.

Infortunadamente, más allá de la foto, es poco lo que puede precisarse sobre la presencia en Caracas de aquel Thunderbolt, excepto que el carro era de color gris, que permaneció en el país durante varios años y que fue vendido por su primer propietario. Luego, en algún momento, el carro llegó a manos de algún comprador que, consciente de su valor a futuro, lo hizo enviar de vuelta a EE.UU., donde fue restaurado y donde sigue haciendo historia y causando admiración.

Primero de una larga zaga

Por increíble que parezca, el Thunderbolt solo fue el primero de un significativo número de “show car” Chrysler llegados a Venezuela y adquiridos todos por empresarios venezolanos, mayormente establecidos en Caracas.

Entre los varios y fabulosos “show car” Chrysler llegados al país debemos mencionar varias de las cincuenta unidades del cupé Chrysler By Ghia. Una fue propiedad de un empresario que vivía en Altamira, en las cercanías de la Clínica El Ávila.

Otros famosos “show car” Chrysler que hicieron presencia en Venezuela fueron el DeSoto Adventurer I, que acabó totalmente deteriorado hasta que un muro lo aplastó, terminándolo de destruir por completo. También está el caso de uno de los tres descapotables De Soto Falcon y no se puede olvidar el segundo de los cuatro Firearrow.

El segundo de los Firearrow, con carrocería descapotable de color rojo, fue adquirido en un autoshow estadounidense en 1954 (el mismo año en el que fue terminado) por un empresario que vivía en el Country Club y muchos aficionados entrados en edad recuerdan claramente que este carro llegó a ser ofrecido en venta, en un negocio dedicado a la compra-venta de carros usados, como si tal cosa.

Con el tiempo, el carro acumuló desgaste y deterioro, siendo adquirido por el coleccionista y restaurador venezolano Alfredo Bruck, que lo devolvió a sus condiciones originales.

El trabajo de Bruck reconstruyendo el Firearrow fue de tal nivel, que le mereció numerosos reconocimientos e incluso el honor de ser exhibido en la edición 1989 de la famosa muestra para autos de pedigrí que cada año se realiza en Pebble Beach, recibiendo su propietario una suma fabulosa por él.

Otro influyente “show car” Chrysler llegado a Venezuela fue uno de los 45 cupés Turbine, con motor de turbina de gas, importado al país temporalmente por Chrysler de Venezuela en 1963 y mostrado públicamente a la prensa y a los concesionarios durante un evento realizado en Los Próceres, donde los asistentes tuvieron oportunidad de montarse en él y valorar su desempeño.

Homenaje al gran testigo de los show cars Chrysler venezolanos

Cuando Chrysler regresó al mercado venezolano en 1992, organizó una exhibición en la Zona Rental de Plaza Venezuela para anticipar ese retorno y a tales efectos importó de manera temporada su “show car” Slingshot, aunque éste no era funcional; carecía de órganos mecánicos.

Luego la firma usó algunas ediciones del Auto Show de Caracas para exhibir otros “show car” a los venezolanos. Ninguno era funcional y ninguno se quedó en el país.

Hoy, cuando escribimos esta nota sobre el primer “show car” de Chrysler Corporation, el Thunderbolt, y recordamos su breve (y poco documentada) presencia en suelo venezolano, también nos enteramos del fallecimiento del restaurador Alfredo Bruck, quien siendo un niño llegó a ver este carro rodando por las calles caraqueñas dejándonos su testimonio y quien, muchos años después, tuvo el honor de ver, fotografiar e incluso restaurar varios de los otros “show car” de la marca que le siguieron.

Cada vez que la foto del Thunderbolt con el Ávila de fondo sale publicada en algún medio digital venezolano, es inevitable la respuesta en forma de numerosos comentarios admirativos, incluyendo los de personas que encuentran difícil creer que un carro de ese nivel pudiera haber estado en Venezuela.

Invariablemente, no falta quien intente, a partir de esa foto, iniciar alguna pesquisa para detectar si el carro aún sigue en el país, oculto quizá bajo una capa de deterioro y olvido que permita su compra de manera discreta por una cifra irrisoria para revenderlo ventajosamente, a imitación de la fantasía favorita de los programas de TV cable.

Pero lamentablemente para todos ellos y para toda la afición, el carro hace tiempo que dejó el país para no volver.

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