Una historia de depredación de cetáceos, los esfuerzos internacionales por detenerla, los países que aún la practican y las medidas necesarias para proteger a estas especies en peligro son de vital atención en el día mundial de las ballenas y los delfines.
La caza de ballenas tiene raíces profundas. Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), hasta finales del siglo XVII, las comunidades costeras cazaban ballenas para subsistir. Sin embargo, la industrialización en el siglo XIX, con barcos a vapor y tecnología avanzada, llevó la caza a niveles insostenibles. Para el siglo XX, tres millones de ballenas fueron sacrificadas, diezmando poblaciones de especies como la ballena azul, que es el animal más grande del planeta, según la WWF.
Los delfines también sufrieron. En Japón, la cacería anual en Taiji, documentada por Oceana, mata miles de delfines entre septiembre y abril, bajo el pretexto de «tradición» o «investigación científica». Estas prácticas han sido ampliamente criticadas por organizaciones como Greenpeace, que señala que la carne de delfín a menudo se vende en mercados locales.
Esfuerzos internacionales
La preocupación por la disminución de las poblaciones de cetáceos comenzó antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1935, países como Inglaterra y Noruega redactaron un acuerdo para regular la caza, según PROFEPA. En 1937, Gran Bretaña estableció zonas protegidas y prohibió la caza de ballenas azules durante nueve meses al año. La CBI, fundada en 1946, marcó un hito al aprobar en 1972 una moratoria de 10 años durante la Conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo. En 1986, la CBI prohibió la caza comercial, aunque países como Japón, Noruega e Islandia continúan practicándola, según Eltiempo.es.
Japón, en particular, ha sido señalado por violar la moratoria. Un informe de la CBI indica que Japón caza unas 400 ballenas al año, justificándolo como investigación científica, aunque gran parte de la carne termina en mercados. En las Islas Feroe, la caza tradicional de ballenas piloto también persiste, según NOAA Fisheries.
Más allá de la caza, las ballenas y delfines enfrentan amenazas como la pesca incidental. Un estudio de Oceana estima que 300,000 cetáceos mueren anualmente por enredos en redes de pesca. Las colisiones con barcos son otro problema grave, especialmente para especies como la ballena franca del Atlántico Norte, cuya población se redujo a 330 individuos en 2022. La contaminación acústica, generada por actividades como la exploración de hidrocarburos, también interfiere con la comunicación de los cetáceos, según Greenpeace.
La protección de ballenas y delfines requiere esfuerzos globales. La CBI trabaja en políticas para reducir enredos y colisiones, mientras que organizaciones como Oceana abogan por regulaciones más estrictas en la pesca y la navegación. En México, la PROFEPA vigila el cumplimiento de normas como la NOM-135-SEMARNAT-2004, que regula el manejo de cetáceos en cautiverio. Los ciudadanos pueden contribuir evitando productos plásticos, apoyando campañas contra delfinarios y promoviendo el avistamiento responsable. Este Día Mundial es una oportunidad para exigir a los gobiernos que refuercen las leyes y cumplan los acuerdos internacionales, asegurando que estos mamíferos sigan surcando los mares.


