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Maduro no tuvo quien lo defendiera

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Cuba, ausente. Rusia, ausente. China, ausente. Irán, ausente.

Por: Laureano Pérez Izquierdo – Infobae

Ninguna de estas autocracias movió una pieza de su tablero para defender la última torre de Nicolás Maduro. Ni siquiera la dictadura cubana, cuya misión última era cuidar la espalda del venezolano cuando tocaran a su puerta. Ahora, el hombre por cuya cabeza había una recompensa de 50 millones de dólares enfrentará un tribunal en el distrito de Nueva York donde se lo acusará de diferentes y aberrantes delitos encuadrados todos bajo un neologismo: narcoterrorista.

No sólo falló la barrera de protección física que La Habana dispuso desde hace años para rodear -y controlar- a Maduro. También fue inútil uno de los trofeos más preciados de Cuba: su sistema de inteligencia para prevenir el cadalso. Nadie aún en el Palacio de Miraflores explicó por qué no pudieron impedir que una unidad del Delta Force -unidad de elite del Ejército- llevara esposados a Maduro y su esposa Cilia Flores. ¿Los custodios quedaron paralizados? ¿Lo entregaron? ¿No estaban disponibles en ese momento?

Para peor, Cuba no identificó a tiempo al informante que la CIA infiltró en el círculo íntimo de Maduro y que instruyó a la agencia de inteligencia norteamericana sobre el paradero exacto del dictador al momento de su captura. Desde hacía meses -de acuerdo a The Wall Street Journal- la CIA seguía con lupa al líder chavista acusado de narcoterrorismo. ¿A cuántos jerarcas más infiltró? ¿Cuántas personas de confianza le quedan a Diosdado Cabello o a Vladimir Padrino López? El generalísimo volvió a buscar en su agenda los contactos que supo cultivar.

Un ultimátum también sobrevuela la capital cubana. Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, fue contundente: “Si yo viviera en La Habana y formara parte del gobierno, estaría al menos un poco preocupado”. ¿Next?

El caso de Rusia no es nuevo. Sólo pudo reaccionar con una impostada indignación -como Irán– a la incursión de los Estados Unidos que este 3 de enero de 2026 puso fin a una era oscura en Venezuela. Algo similar ocurrió hace poco más de un año -el 8 de diciembre de 2024- cuando un grupo encabezados por Ahmed Al-Sharaa tomó el poder en pocas horas en Damasco y depuso a otro dictador sanguinario, Bashar Al-AssadVladimir Putin no hizo nada por su socio.

En aquel momento, sin embargo, Al-Assad pudo escapar junto a su familia a un exilio en las afueras de MoscúMaduro ni siquiera tuvo esa oportunidad. Eso fue lo único que le pudo garantizar Putin a su compañero geográfico más cercano: un techo y comida. En principio no es poco. A diferencia del caribeño, el hombre que comandó Siria con látigo durante décadas no tendrá que enfrentar un tribunal por violaciones a los derechos humanos, crímenes de guerra, tortura y demás aberraciones que se sucedieron durante su estadía en el poder sirio.

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