Un violento terremoto de magnitud 9,2 grados en la escala de momento sacudió el sur de Alaska este Viernes Santo a las 5:36 de la tarde (hora local), convirtiéndose en el sismo más poderoso registrado en la historia de Norteamérica y el segundo más fuerte del mundo desde que se miden con instrumentos modernos.
El epicentro se localizó en la región de Prince William Sound, a unos 25 kilómetros de profundidad, aproximadamente 90 kilómetros al oeste de Valdez y 120 kilómetros al este de Anchorage. El movimiento duró entre 4 y 5 minutos, un tiempo inusualmente prolongado que provocó daños masivos en una vasta zona.
El sismo, conocido como el Gran Terremoto de Alaska o Terremoto del Viernes Santo, no solo destruyó edificios e infraestructuras en ciudades como Anchorage, Valdez, Kodiak y Whittier, sino que generó un devastador tsunami que causó la mayoría de las víctimas. La ola más alta registrada alcanzó los 67 metros (220 pies) de altura de ascenso en Shoup Bay, cerca de Valdez, una de las mayores olas documentadas por un tsunami tectónico.
Según reportes oficiales, el balance de fallecidos asciende a 131 personas: alrededor de 115-122 murieron a causa del tsunami (incluyendo efectos locales por deslizamientos submarinos y el tsunami tectónico que llegó a costas lejanas como California, Oregón y Hawái), mientras que el resto falleció directamente por el sacudón del terremoto. La baja densidad poblacional de Alaska en esa época evitó una tragedia aún mayor.
Destrucción en tierra y mar
El terremoto provocó elevaciones del terreno de hasta 11-12 metros en algunas zonas y subsidencias de hasta 2,5 metros en otras, afectando más de 120.000 km². En Anchorage, barrios enteros se deslizaron por fallas y licuefacción del suelo. En Valdez, un deslizamiento submarino generó un tsunami local que arrasó el puerto y causó decenas de muertes.
El tsunami no solo azotó Alaska: olas de varios metros llegaron a la costa oeste de Estados Unidos y Canadá, causando daños adicionales en Crescent City (California) y otras localidades.
Un punto de inflexión para la ciencia
Este evento marcó un antes y un después en la sismología. Ayudó a comprender mejor las zonas de subducción, los megaterremotos y la generación de tsunamis, impulsando el desarrollo de sistemas modernos de alerta temprana y normas antisísmicas más estrictas.
A pesar de la magnitud del desastre, la resiliencia de las comunidades alaskeñas permitió una reconstrucción que fortaleció la región. Hoy, 62 años después, el 27 de marzo de 1964 se recuerda como una de las mayores catástrofes naturales en la historia de Estados Unidos, pero también como una lección que salvó vidas en eventos posteriores.
Las autoridades y científicos continúan estudiando este sismo para mejorar la preparación ante futuros eventos en la “Cinturón de Fuego” del Pacífico.(Nota: Las cifras exactas de víctimas varían ligeramente entre fuentes históricas, pero el consenso oficial se sitúa en torno a 131-139 fallecidos, con el tsunami como principal causa de mortalidad).
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