Por José Ignacio Gerbasi
Para explicar lo que pasa en Venezuela con María Corina Machado y el extraño papel de Donald Trump, hay que imaginar que estamos en una de esas aventuras donde la razón y la locura se confunden. María Corina es como Don Quijote cuando decía aquello de «la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Ella se ha lanzado a los caminos con una fe que parece de otro siglo, convencida de que el honor y la verdad pueden vencer a los castillos de mentiras. Su liderazgo no es de oficina; es el de quien, aun estando golpeado por la realidad, se levanta y dice que «la fuerza de la voluntad es la que vence a la fortuna». Ella ha logrado que mucha gente, que antes solo pensaba en el pan de cada día, empiece a soñar con esa libertad que parece imposible.
El problema viene cuando miramos hacia el norte, hacia Donald Trump. Si María Corina es el caballero que arriesga el pellejo, Trump se parece a esos personajes poderosos que el Quijote encontraba en su camino: gente que tiene las armas y el dinero, pero que juega según sus propias reglas. Lo que nadie termina de entender, y que confunde hasta al más sabio, es cómo Trump parece haber cambiado de cuento. Hace unos meses hablaba de combatir gigantes y de rescatar a la doncella oprimida (la libertad de Venezuela), pero ahora se queda en el castillo mirando para otro lado. Como decía Cervantes, «en las cortesías hay que andar con tiento», y parece que Trump está más pendiente de sus propios negocios y batallas en su tierra que de cumplir las promesas de auxilio que hizo en el pasado.
Esta situación crea una gran duda filosófica. Es como si el caballero estuviera en mitad de la batalla esperando una señal que no llega de quien decía ser su aliado. No se entiende cómo alguien que hace poco denunciaba la tiranía con gritos de guerra, ahora parece cómodo dejando que el tiempo pase sin llamar a las soluciones que antes exigía. Al final, esta lucha nos enseña lo que Don Quijote siempre supo: que «cada uno es hijo de sus obras». María Corina está demostrando quién es con su valentía en la calle, mientras que Trump, con su silencio o su cambio de actitud, está dejando claro que para los poderosos, a veces, las batallas de libertad son solo historias que se cuentan cuando conviene, pero que se olvidan cuando el viento sopla para otro lado.
Vamos por más..
@jgerbasi


