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Un retrato: Pablo Echenique, de físico fracasado a sicario paralítico de Podemos

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Echenique Robba es un físico teórico argentino de segunda fila nacido en Rosario en 1978, que emigró a España con 13 años, vive en silla de ruedas por atrofia muscular espinal y convirtió su discapacidad en escudo moral blindado para librarse de cualquier crítica. El clásico caso de «no me critiques que soy vulnerable», mientras reparte leña dialéctica como un matón de Twitter desde su trono de víctima profesional.

De joven fue neoliberal y militante de Ciudadanos (sí, el mismo que ahora llama fascistas a cualquiera que no comulgue con el catecismo woke). Luego olió el viento del 15-M, se subió al carro de Podemos en 2014 como «retrón» (su pseudónimo bloguero patético) y se convirtió en uno de los sicarios verbales más rabiosos del partido morado.

«Retrón» es un neologismo inventado por él y su amigo Raúl Gay para referirse a las personas con impedimentos, especialmente aquellas que usan silla de ruedas. Lo crearon como una palabra irónica y autodespectiva que juega con dos ideas: retarded (en inglés, retrasado, que suena parecido) y retroceder (ir hacia atrás, como quien no puede caminar hacia adelante). La intención era reapropiarse del término de forma humorística y agresiva para no usar palabras políticamente correctas como «discapacitado» o «persona con diversidad funcional», que ellos consideraban blandas o hipócritas. Echenique y Gay tenían un blog colectivo en http://eldiario.es llamado «De retrones y hombres», donde escribían sobre minusvalía, dependencia y vida cotidiana con ese tono provocador y negro. En fin, todo un circo chapucero y barato.

Según cuenta en su trayectoria de chaquetero leal, ha sido eurodiputado, secretario de organización de Podemos, portavoz parlamentario y uno de los pablistas más fieles, que traicionó a los críticos cuando le convenía. Ahora es un cadáver político de Podemos post-Sumar: sigue cobrando del erario público mientras el partido se desangra a diario.

Lo que realmente es, más allá de toda esta careta social, apunta a un resentido profesional de manual. Físico de medio quilo que descubrió que en la política de extrema izquierda se vive mucho mejor que haciendo ciencia. Pasó de defender el capitalismo ligero a defender el chavismo y el comunismo bolivariano, las leyes que destrozan la presunción de inocencia («solo sí es sí»), los okupas, los etarras blanqueados y toda la agenda identitaria-radical.

Pablo Echenique tuvo durante más de un año (en dos períodos diferentes: 2011-2012 y después) a un asistente personal/cuidador trabajando en su casa por la izquierda.

Sin contrato laboral.
Sin darle de alta en la Seguridad Social.
Pagándole en efectivo, sin nómina ni cotizaciones.

Esto es fraude laboral clásico y evasión de cuotas a la Seguridad Social. La Inspección de Trabajo lo descubrió, le abrió expediente y le impuso una sanción. Echenique recurrió varias veces, pero perdió en los tribunales. El Tribunal Superior de Justicia de Aragón confirmó la condena en firme en 2019 y 2020. Tuvo que pagar 11 040 euros entre cuotas atrasadas y multa. Un fariseísmo brutal.

Mientras hacía esto, Echenique y Podemos predicaban contra la economía sumergida. Denunciaban la explotación de las cuidadoras. Decían que era «una vergüenza» que hubiera trabajadores sin cotizar a la Seguridad Social. Incluso hay un video donde Echenique, en un acto público, dice literalmente que es bochornoso tener cuidadoras sin pagarles sus beneficios sociales, mientras él lo estaba haciendo con su propio asistente. El tipo que cobra un sueldazo público explotaba laboralmente a quien le limpiaba el culo, literalmente. Y encima se victimizó diciendo que «todo el mundo hace eso».

Defensor de violadores y asesinos cuando le conviene, respaldó a Pilar Baeza (condenada por asesinato y violación) y tuvo que pagar indemnización (luego anulada por algunos tecnicismos). Su toxicidad en Twitter, ahora X, lo convierte en el típico zurdo que llama «facha», «machista», «violador» o «negacionista» a cualquiera que discrepe. Venenoso, arrogante y con la moralina por las nubes mientras su partido se financiaba con dinero de regímenes dictatoriales y sus líderes gozaban como oligarcas.

Lleva una vida de élite a la vez que predica pobreza y llora por «los de abajo», justificando políticas que han hundido a la clase trabajadora española (precios de la vivienda, energía, inseguridad). Es la encarnación perfecta del nuevo rico de la izquierda de pasarela, aunque este no pueda caminar: argentino reciclado con una soberbia insoportable, disminuido de conveniencia política, ex-neoliberal converso y fanático, machacador de rivales internos y promotor de causas que socavan el país.

El típico bolivariano de salón que nunca ha pisado un barrio de verdad en Venezuela, pero alaba el modelo. Que nunca ha creado riqueza, pero reparte la ajena. Que vive del Estado que tanto odia cuando no lo controla. Un lisiado físico y moral que encontró en Podemos el paraíso perfecto donde su mediocridad científica, su resentimiento y su limitación se transformaron en carrera política, poder y dinero. Un tipo que pasó de ser irrelevante en un laboratorio a ser uno de los rostros más odiados, y merecidamente, de la política española por su sectarismo, cinismo y mala baba de serpiente infectada.

Vía: Cuba Ortografía

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