La administración del presidente Donald Trump intensifica su estrategia de “aceleracionismo” contra el gobierno cubano, con el objetivo de estrangular económicamente al régimen comunista y abrir paso a una transición pacífica, posiblemente antes del final del verano de 2026. Funcionarios estadounidenses han realizado simulacros militares ante el riesgo de caos en la isla, aunque no hay planes de invasión inminente.
Según fuentes de la administración citadas por Axios, la estrategia consiste en una “constricción lenta” mediante sanciones que buscan agotar las fuentes de ingresos del régimen, particularmente el conglomerado militar GAESA, que controla gran parte de la economía cubana. El 1 de mayo, Trump firmó una orden ejecutiva que impone sanciones secundarias a empresas extranjeras que hagan negocios con GAESA.
Como resultado, compañías como la minera canadiense Sherritt International y las navieras francesas CMA CGM y Hapag-Lloyd han suspendido operaciones en Cuba. Se esperan más retiros de firmas españolas, panameñas y mexicanas en sectores como hotelería y finanzas.
Contexto de la crisis cubana
La situación en Cuba se ha agravado tras la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela en enero de 2026. La interrupción de los envíos de petróleo subsidiado ha provocado apagones masivos, escasez de alimentos y un aumento del malestar social en medio de altas temperaturas. Funcionarios estadounidenses advierten que estas condiciones podrían desencadenar protestas mayores a las del 11 de julio de 2021.
El Comando Sur de EE.UU. (SOUTHCOM) realizó recientemente un ejercicio de “mesa” (tabletop) con múltiples agencias para prepararse ante posibles escenarios de represión, disturbios o colapso. Un grupo de portaaviones Nimitz opera en la región.
“Todo está sobre la mesa, pero no hay una invasión planeada ni inminente”, señaló un alto funcionario. Otro asesor advirtió sobre los riesgos: “El presidente no quiere botas en el terreno por más de 48 horas. Esto podría convertirse en un pantano”.
Rol clave de Marco Rubio
El secretario de Estado, Marco Rubio, es uno de los principales artífices de esta política. Ha liderado la comunicación hacia el pueblo cubano y anunció sanciones adicionales. El 20 de mayo, en el Día de la Independencia cubana, difundió un mensaje directo a los habitantes de la isla. Ese mismo día se reveló una acusación federal contra Raúl Castro por el derribo de aviones de Brothers to the Rescue en 1996.
Zanahorias y palos
La política no es solo de sanciones. La administración anunció 100 millones de dólares en ayuda humanitaria que se canalizará a través de iglesias y organizaciones caritativas, no del gobierno cubano. “Si quisiéramos acelerar el colapso, no habríamos enviado ninguna asistencia”, indicó un funcionario.
Diferencias con Venezuela
A diferencia del caso venezolano, en Cuba no se ha identificado un liderazgo interino claro para una posible transición. Además, el embargo está codificado en ley (Helms-Burton), lo que limita la capacidad del presidente para levantar sanciones solo por decreto y requiere reformas democráticas concretas: liberación de presos políticos, elecciones libres y respeto a derechos civiles.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, acusó a Estados Unidos y particularmente a Rubio de manipular la opinión pública para justificar una eventual intervención militar.
Perspectivas
La administración Trump describe su enfoque como “presión clásica”: aplicar presión, observar la respuesta y aumentar la presión. Funcionarios creen que el régimen cubano tiene menos tiempo que Washington, que prioriza actualmente las negociaciones con Irán.
Expertos advierten que, aunque la presión económica es inédita, los regímenes autoritarios a menudo se fortalecen a corto plazo ante crisis externas, y una transición sin estructuras opositoras claras podría ser caótica.
Esta nota se basa en información exclusiva de Axios y reportes complementarios de fuentes oficiales estadounidenses. La situación evoluciona rápidamente.


