Aranza Hernández, joven de 19 años que estuvo detenida por motivos políticos por casi ocho meses, recibió en su hogar a Alfredo Romero, director de la ONG Foro Penal, y compartió algunas de las experiencias que vivió durante el tiempo que estuvo recluida en el centro penitenciario Las Crisálidas, ubicado en Los Teques, estado Miranda.
Explicó que su detención se produjo por «una historia que se inventan ellos porque les piden estadísticas». En este sentido, agregó que las personas son detenidas bajo un «cóctel» de acusaciones, entre las que se encuentran «terrorismo, asociación para delinquir y financiamiento (del terrorismo)».
Las torturas que sufrió
Aranza resaltó que al momento de su detención hubo irregularidades, pues los funcionarios solo le preguntaron si ella era la hermana de Samantha Hernández, de 16 años, detenida solo tres días antes, y se la llevaron.
Agregó que durante los interrogatorios siempre estuvo encapuchada y el hombre que le hacía las preguntas se identificaba como un funcionario de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). Ella era cuestionada sobre su hermano, el primer teniente en el exilio Christian Hernández, pero asegura que no sabía nada de él porque no lo ve desde hace ocho años.
«En vista de que ellos no encontraban nada en el teléfono, no tenían probatorias de nada, eso fue asfixia por todos lados y golpes hasta que hablara. Ellos no paraban, pero la realidad es que yo no tenía nada de qué hablar porque yo no sabía de qué me estaban hablando… Esa es una persecución familiar que viene desde hace un año y seis meses», afirmó.
Sobre la detención de Samantha
Alfredo Romero dijo previamente que evitó mostrar la imagen de Samantha, ya que es menor de edad y sigue asimilando lo que vivió durante su tiempo de detención.
Ella fue detenida el 19 de noviembre de 2025, algo que afectó mucho a Aranza: «Cuando se llevan a Samantha, a mí me afectó mucho porque, o sea, ella es mi bebé, es mi hermana la más pequeña».
Agregó que su hermana aún no se ha abierto a relatarle las experiencias que vivió mientras estuvo recluida, pero respeta su proceso, pues está consciente de que «es muy duro para ella hablar de eso» y todavía no se siente lista para hacerlo.


