Míster Barrett, el gran deslave del país es “inblanqueable”

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“La política no produjo los movimientos sísmicos, ni determinó la fuerza de su embestida. Pero solo una política, en mayúsculas, comprometida con los ciudadanos, nos permitirá recuperarnos de la doble tragedia”, Editorial de El Nacional del 28/06/26

Venezuela tiene ante sí un reto existencial. Su historia reciente, que abarca poco menos de tres décadas, da cuenta de acciones y omisiones de un indolente régimen que la somete a constantes desafíos por su supervivencia. Hoy, sin pretenderlo, toma cuerpo el heroísmo colectivo del venezolano, amalgamado en una informal cooperación, comunicación y organización en este terrible momento. De nuevo nos encontramos en una orfandad tal, que evidencia la dimensión de la ineptitud y sadismo crónico de un régimen que agoniza y no termina de expirar. ¿Hasta cuándo? es la pregunta obligada que desvela angustias y deseos de un cambio radical.

A este efecto, cabe enumerar las calamidades de diversa naturaleza que han marcado la gran tragedia de nuestra nación: La vaguada de Vargas, como punto de inflexión que dio inicio a la mayor catástrofe sociopolítica del país, auspiciada por Chávez, quien entonces impidió la ayuda de Estados Unidos y ató nuestro destino a los designios del castrismo por 27 años, luego aventado el 3E; la desaparición del Estado de derecho y el sistema democrático, así como el secuestro y usurpación del poder público, en su clímax el 28J; una de las mayores migraciones del mundo, más de 8 millones de venezolanos, inducida como política de Estado, fue emblemática la selva de El Darién; la represión, innumerables desapariciones, torturas y presos políticos, que aún muestra cara; el deterioro evidente de las infraestructuras y equipamiento de hospitales y centros de salud, toda una crisis aparejada con la merma de médicos profesionales, sustituidos por recetadores comunales y paleros propios del modelo cubano; las obras de infraestructura inexistentes, inconclusas o mal construidas, así como el deterioro y falta de mantenimiento de refinerías, campos y minería; las operaciones de los clanes de la droga y narcoterrorismo; la desaparición de medios de comunicación independientes de carácter privado y el monopolio estatal de la información; la entrega de nuestra soberanía política y económica a Cuba, Rusia, China e Irán; la descomunal corrupción sistémica y la gigantesca deuda externa asumida por depredadores internos y foráneos del erario público; y el indigno alto mando militar, actor y cómplice de este gran desastre. Todos son precedentes que ahora concurren con las repudiables omisiones y actuaciones del régimen en esta tragedia que nos enluta.

Esos hechos, en conjunto, representan por sí mismo el gran deslave del país que sigue ocasionándole este régimen; su mala fe, indolencia e incapacidad son manifiestas. No les importó que cada minuto contaba, que el correr del tiempo era un asunto de vida o muerte. Las “órdenes de arriba” sentenciaron lo peor. Por todo eso, los venezolanos no nos encontramos en estado de resignación, sino de arrechera, hartos del despropósito de su permanencia en el poder. Tenemos que remover los escombros que han dejado sus gobiernos y rescatar a Venezuela de esa gran catástrofe.

La desgracia de hoy, que forma parte del gran deslave, también es “inblanqueable” Mister Barrett; los responsables deben irse. No es cierto que las Fuerzas Armadas de Venezuela hayan trabajado “hombro a hombro” con los equipos estadounidenses desplegados en las zonas afectadas. Igual ha manifestado estar orgulloso de trabajar con el régimen. ¿Diplomacia, conveniencia o indiferencia? Por ahora queda muchísimo por hacer y ellos —de seguro— no lo harán, su naturaleza se impone; solo así se superará este reto existencial. Recién lo manifestó Edmundo González: “La otra falla, la que Venezuela lleva años soportando, solo podrá cerrarse cuando el Estado vuelva a estar al servicio de los ciudadanos”.

Será eterno el agradecimiento de Venezuela a nuestros valientes compatriotas: familiares, voluntarios y vecinos que a mano desnuda fungieron de rescatistas, así como a quienes aportaron recursos adentro y desde el exterior, y a los países y organismos que con sus equipos de rescate han dado lo mejor de sí en este doloroso momento. Sin duda, nuestros grandes héroes.

Víctor Bolívar
X/G@vabolivar

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