La nueva duda de fondo
Las últimas señales de Donald Trump respaldando a Delcy Rodríguez, en medio del desastre sísmico, obligan a revisar no solo la coyuntura humanitaria, sino también el verdadero perfil político de la llamada tutela sobre Venezuela.
Lo que parecía una relación instrumental para administrar una transición empieza a verse, cada vez más, como una convivencia opaca con el chavismo operativo, precisamente en el momento en que el país necesitaría claridad, rendición de cuentas y liderazgo legítimo.
No se trata de negar que Estados Unidos ha movilizado ayuda. Eso está confirmado: Washington activó contactos con las autoridades venezolanas, anunció apoyo de búsqueda y rescate, asistencia médica y recursos humanitarios tras los terremotos. El problema es otro: que el respaldo político y práctico a Delcy, sin exigencias públicas equivalentes de transparencia, desempeño y corrección de abusos, empieza a proyectar la imagen de una tutela que se adapta al chavismo en lugar de corregirlo.
El riesgo de una tutela chavizada
La sospecha crece porque los patrones que hoy se observan se parecen demasiado a los vicios que definieron al chavismo durante años: opacidad en las decisiones, insuficiente rendición de cuentas, discrecionalidad en la asignación de recursos y una concentración del castigo sobre los adversarios internos del poder, más que sobre las estructuras que produjeron el desastre político e institucional del país.
Reuters describió a Delcy Rodríguez como una aliada cercana de Trump y señaló que la crisis sísmica puede terminar aumentando tanto la presencia estadounidense como la dependencia del gobierno venezolano con respecto a Washington.
Esa fórmula puede ser funcional en lo táctico, pero empieza a ser muy problemática en lo estratégico. Si la tutela termina fortaleciendo a un equipo incompetente, corroído por la corrupción y sin credibilidad social, entonces la ayuda externa no estaría empujando una salida democrática sólida, sino prolongando una administración de facto que el país ya no soporta.
La pregunta que comienza a instalarse no es menor: si Washington está ayudando a Venezuela o si, sin querer o queriendo, está ayudando a que el chavismo 3.0 gane tiempo, cobertura y capacidad de recomposición en medio de la tragedia. Esa ambigüedad es especialmente costosa después de un evento transformador como los terremotos, porque estos episodios alteran prioridades, reordenan legitimidades y obligan a definiciones que antes podían postergarse.
Ayuda sí, pero con qué propósito
El apoyo norteamericano ha sido visible. Reuters informó que la administración Trump estaba en contacto con las autoridades venezolanas y movilizando equipos de rescate, insumos médicos y ayuda humanitaria. También quedó registrado que Trump ofreció una respuesta rápida y que Delcy agradeció públicamente ese apoyo, en una escena que proyectó pragmatismo bilateral en plena emergencia.
Sin embargo, una cosa es apoyar a la población venezolana y otra muy distinta es terminar validando políticamente a quienes no han demostrado capacidad gerencial, probidad administrativa ni voluntad de proteger a la sociedad frente a la opacidad y los abusos del aparato de poder.
El terremoto no borra la historia previa: el país llega a esta catástrofe después de décadas de deterioro institucional, servicios colapsados e infraestructura vulnerable, y esa herencia pesa directamente sobre el número de víctimas, la lentitud de la respuesta y la precariedad actual.
Por eso, cualquier ayuda internacional que no tenga condiciones visibles de transparencia puede producir el peor de los resultados, que es aliviar una parte del dolor inmediato mientras consolida el esquema político que ayudó a incubarlo. En ese escenario, la tutela dejaría de ser una corrección externa y pasaría a parecerse demasiado a una administración indirecta de la continuidad chavista.
La presión que viene desde la sociedad
Aquí aparece el factor que altera la ecuación: María Corina Machado. Más allá del debate político ordinario, la catástrofe la coloca como el actor con mayor capacidad de articular legitimidad social, confianza ciudadana y energía organizativa para empujar una respuesta distinta. El valor decisivo no es solamente su formación técnica, sino que la gente la sigue, le cree y está dispuesta a reconocerse en un liderazgo que no genera el nivel de rechazo y sospecha que provoca el chavismo operativo y que se está extendiendo al tutor norteamericano.
Eso explica por qué su sola existencia política presiona a los estadounidenses a definirse. Mientras el esquema actual siga siendo ambiguo, la comparación entre un aparato de facto sostenido desde fuera y una figura con legitimidad social propia se hará cada vez más incómoda.
Los terremotos, precisamente por su carácter de evento que cambia prioridades y rompe inercias, hacen mucho más difícil seguir jugando al equilibrio entre apoyo humanitario, cálculo geopolítico y tolerancia frente a la continuidad interna del chavismo.
Lo que Estados Unidos debería corregir
Washington debería revisar de forma radical una estrategia diseñada para una transición incompleta y no para una catástrofe de esta magnitud. El terremoto cambió el tablero. Ya no se trata solo de administrar poder, petróleo o equilibrios de élites; ahora se trata de quién puede gerenciar una emergencia extrema con rapidez, honestidad, control operativo y confianza social.
Ese cambio de estrategia debería incluir al menos cinco correcciones:
– Separar claramente la ayuda a la población del respaldo político automático a Delcy y su equipo
– Exigir trazabilidad pública de fondos, contratos, donaciones y prioridades de asignación
– Frenar cualquier uso selectivo de la presión estadounidense para favorecer disputas internas del grupo gobernante
– Respaldar un esquema de coordinación humanitaria visible, profesional y con rendición de cuentas diaria
– Reconocer que, en una emergencia como esta, la legitimidad social es un insumo operativo y no un detalle decorativo.
Lo más peligroso para Estados Unidos sería subestimar el cambio de humor del pueblo venezolano. Si la percepción pública empieza a consolidarse en la idea de que Washington protege al chavismo reconfigurado mientras habla en nombre de la libertad, el costo político puede crecer muy rápido.
Y en un país herido, empobrecido y hoy devastado además por un desastre natural, ese malestar puede terminar dañando no solo a Delcy, sino también a la propia influencia estadounidense.
Una conclusión incómoda, pero necesaria
Todavía es posible interpretar la conducta norteamericana como pragmatismo de emergencia y no como adhesión estructural a una continuidad autoritaria. Pero las señales acumuladas ya justifican una alarma política seria: una tutela que opera con excesiva opacidad, que respalda sin exigir, que se acomoda a la discrecionalidad del chavismo operativo y que no se alinea con el actor de mayor legitimidad social, corre el riesgo de chavizarse ella misma.
El pueblo venezolano necesita ayuda, pero también necesita saber para qué sirve esa ayuda políticamente. Si el resultado final es prolongar un poder incompetente, corrupto y rechazado, la tragedia sísmica habrá sido usada para administrar la continuidad y no para abrir una salida mejor.
Si, en cambio, la presión de la sociedad y la realidad del desastre obligan a redefinir la estrategia, todavía puede emerger una conducción más legítima, más transparente y más eficaz para enfrentar la emergencia y empezar la reconstrucción nacional.
Noticias Destacadas
NTN Consultores:
- Economía sin alivio: Aunque se habla de recuperación petrolera y flexibilización de sanciones, salarios siguen erosionados, consumo frágil y beneficios se concentran en Gobierno e inversionistas
- Chavismo y tutela externa: La captura de Maduro no desmonta el aparato chavista; la transición se negocia con Washington, que condiciona licencias, elecciones y acceso a recursos estratégicos
- Presencia de Estados Unidos y costos sociales: Ayuda militar y humanitaria refuerza control sobre puertos y comercio, limita vínculos con China/Rusia y coexiste con deportaciones y debilitamiento de la sociedad civil.
ANSA: Machado desafía al eje Delcy-Trump: “Es hora de volver”
El Mundo. Protestas contra las Fuerzas Armadas en Venezuela tras los terremotos: “Sinvergüenzas”
El Nacional: Estados Unidos califica como malentendido el incidente entre Diosdado Cabello y rescatista estadounidense (“something is rotten in the state of Denmark” una de las frases más icónicas de la literatura universal señalando corrupción, decadencia sistémica y presunción de maldad)
The New York Times: El gobierno de Venezuela es acusado de politizar la ayuda tras los terremotos. Los críticos dicen que la presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, está intentando sacar partido de la tragedia para su beneficio político. Sus seguidores acusan a la oposición de hacer lo mismo (de las dos partes, la credibilidad la tiene MCM)
Tal Cual. Balance oficial: 1.719 víctimas mortales y 5.034 heridos a 100 horas del sismo (la experiencia nos dice que no debemos confiar en esas cifras)
Tal Cual: Entre el miércoles 24 y este lunes 29 de junio, fueron reportados 611 eventos sísmicos, entre ellos el sismo de magnitud 4,2 con epicentro en el estado La Guaira se sintió la mañana de este lunes, que «no afectaron las estructuras», de acuerdo con Rodríguez
EFE: El sismo en Venezuela habría afectado a 59.000 edificios, según la NASA Monitoreamos: Estados Unidos amplía su despliegue militar en Venezuela: Marines, Ospreys y Chinooks operan en Maiquetía
La Patilla: Estados Unidos elevó a más de 300 millones de dólares la ayuda para Venezuela tras el doble terremoto (ojalá no se los roben… porque evidentemente, en este caos y anarquía, no se sabe de controles que lo impidan)
The New York Times: Las elecciones presidenciales de Perú suponen otra victoria para la derecha en Latinoamérica
Lo que no fue noticia (y debería serlo)
- Que los terremotos no solo desnudaron la fragilidad física del país, sino también la verdadera naturaleza de la tutela: una estructura que dice venir a corregir al chavismo, pero que cada vez se parece más a él en sus modos, sus silencios y su opacidad. Que mientras Washington moviliza ayuda y respaldo operativo, también fortalece políticamente a Delcy Rodríguez en el momento exacto en que la tragedia debería haber obligado a revisar su capacidad real para conducir la emergencia. Ya yo se los había advertido que una tutela sin transparencia, sin rendición de cuentas y sin distancia moral frente al chavismo operativo podía terminar chavizándose
- O que alguien creyó de verdad que se podía administrar una transición sobre bases opacas, con pactos que no se explican, decisiones que no se auditan y mensajes cada vez más desconectados de la realidad que vive el pueblo venezolano. O que era irrelevante que la gente dejara de creer en las cifras, sospechara del destino de los recursos y viera cómo la ayuda internacional terminaba entrando por un sistema al que nadie le tiene confianza. O creyeron que podía seguir funcionando indefinidamente una estrategia ambigua, aun cuando el terremoto cambió las prioridades, las urgencias y el umbral de tolerancia de la sociedad venezolana. Un evento de esta magnitud debería obligar a Estados Unidos a definirse entre apoyar de verdad una salida libre o administrar, por conveniencia, una dictadura reconfigurada
- Ni que no se veía venir que una parte creciente del malestar popular empezaría a desplazarse también hacia los estadounidenses; si la percepción pública se consolida en la idea de que la tutela protege al chavismo renovado mientras habla en nombre de la libertad; y que no tomaron en cuenta que todo el que se acerca demasiado al chavismo corre el riesgo de contaminarse de sus peores prácticas: discrecionalidad, falta de controles, castigo selectivo y desprecio por la rendición de cuentas
- Tampoco que el terremoto también dejó más claro quién tiene hoy la confianza, la autoridad moral y la capacidad de movilizar a la sociedad para ordenar una respuesta distinta. Tampoco que la ayuda internacional tenga que convertirse fatalmente en sostén de una continuidad chavista: todavía puede reorientarse hacia una arquitectura de coordinación transparente, verificable y centrada en las víctimas. La tragedia cambió las reglas y abrió una exigencia nueva: ya no basta con administrar equilibrios políticos; ahora hace falta liderazgo legítimo para gerenciar una catástrofe nacional. Aun no es tarde para corregir: si Washington revisa su estrategia, si deja de confundir ayuda humanitaria con respaldo político y si reconoce quién tiene la confianza del pueblo venezolano, todavía puede contribuir a una salida mejor y no a la profundización de una dictadura maquillada
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