Impedir el regreso de María Corina: peor que un crimen, un error

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Cuando Napoleón ordenó fusilar al duque de Enghien en 1804, Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord resumió el significado político de aquella decisión con una frase que sobrevivió a los hechos: «Es peor que un crimen, es un error.» No discutía su legitimidad; señalaba que el cálculo político era equivocado y que sus consecuencias terminarían siendo más costosas que cualquier ventaja inmediata.

Editorial Analítica

Impedir hoy el regreso de María Corina Machado puede entenderse desde esa misma lógica. Más allá de las posiciones que existan sobre su figura, resulta difícil imaginar un proceso de normalización política que prescinda de quien encabezó el liderazgo opositor durante el proceso electoral de 2024 y conserva un importante capital político dentro de ese sector.

Toda transición necesita algo más que acuerdos institucionales: requiere legitimidad ante una parte significativa de la sociedad. Ningún cronograma electoral ni diseño jurídico podrá sustituir la participación de los actores que una parte sustancial del electorado identifica como sus representantes. Excluirlos no elimina el problema; puede trasladarlo al futuro.

La experiencia comparada muestra que las transiciones políticas tienden a consolidarse cuando incorporan a los principales actores y no cuando intentan marginarlos. La exclusión prolonga la incertidumbre; la inclusión crea mejores condiciones para que los acuerdos sean aceptados y sostenibles.

Por eso, impedir el regreso de María Corina Machado no debería analizarse únicamente desde una perspectiva jurídica o política. También merece evaluarse como una decisión estratégica. Y, desde esa óptica, podría terminar siendo uno de esos errores que la historia recuerda no por su intención, sino por sus consecuencias.

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