Dos médicos venezolanos radicados en Estados Unidos afirmaron que los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio no solo provocaron una tragedia humana sin precedentes, sino que también evidenciaron las profundas debilidades de un sistema sanitario que, según sostienen, llevaba años funcionando con graves carencias.
En una entrevista publicada por The Conversation, los doctores Hermes Florez y Zeina Hannoush, ambos formados en Venezuela y actualmente profesores de medicina en Estados Unidos, describieron la emergencia sanitaria tras el desastre y coincidieron en que el país necesita una reforma integral de su sistema de salud.
Según la publicación, al momento de la entrevista las autoridades habían reportado 3.685 fallecidos y más de 30.000 personas desaparecidas (ayer los fallecidos sumaban 4.333) como consecuencia de los terremotos que afectaron gravemente a Caracas y, especialmente, a Vargas.
«Fue un terremoto muy intenso»
La doctora Zeina Hannoush relató que se encontraba en Caracas cuando ocurrió el sismo principal. Explicó que acababa de salir del edificio donde visitaba a unos familiares cuando comenzó el movimiento telúrico.
«Fue muy intenso y muy largo», recordó. Contó que permaneció en la calle mientras alertaba a los vecinos para que abandonaran los edificios, después de escuchar el estruendo de objetos cayendo y los gritos de las personas.
Aunque la zona donde se encontraba no sufrió daños comparables con los registrados en La Guaira, señaló que las réplicas continuaron durante varios días, obligando a muchas familias a abandonar sus viviendas incluso durante la noche.
Hospitales públicos funcionan con recursos mínimos
Durante la entrevista, Hermes Florez explicó que la situación del sistema sanitario venezolano ya era crítica antes del terremoto.
Citó un estudio publicado este año por The Lancet, según el cual menos del 10 % de los venezolanos puede costear atención médica privada, mientras alrededor del 70 % de la población vive en condiciones de pobreza, dependiendo casi exclusivamente de hospitales públicos con severas limitaciones de recursos.
Añadió que en numerosos centros asistenciales los pacientes deben asumir gastos básicos debido a la falta de insumos y a las constantes fallas en los servicios de agua y electricidad, especialmente fuera de Caracas.
«Una renovación total del sistema de salud ya estaba atrasada desde hace mucho tiempo», afirmó.
Pacientes deben llevar desde las gasas hasta los colchones
Hannoush describió el funcionamiento cotidiano de la atención pública en Venezuela antes del desastre.
Explicó que los pacientes que requieren una cirugía reciben la evaluación médica, pero luego deben adquirir por cuenta propia prácticamente todos los materiales necesarios para la intervención.
Según indicó, los familiares deben proporcionar gasas, guantes, medicamentos, alimentos, almohadas, cobijas e incluso colchones para la hospitalización. En casos de prótesis, agregó, también corresponde al paciente conseguir los recursos para comprarlas, situación que ha hecho frecuentes las campañas de recaudación de fondos.
Pese a estas limitaciones, destacó el compromiso del personal médico que continúa trabajando en los hospitales públicos.
Falta de preparación ante desastres
Ambos especialistas coincidieron en que Venezuela no contaba con un plan de respuesta suficientemente estructurado para enfrentar un terremoto de gran magnitud, a pesar de tratarse de una zona con antecedentes sísmicos.
Hannoush reconoció la enorme solidaridad de la población y de organizaciones que han acudido en ayuda de los afectados, aunque consideró que gran parte de esos esfuerzos se desarrollan de manera poco coordinada.
Por su parte, Florez sostuvo que, tras los cambios ocurridos entre 2002 y 2003 en la industria petrolera estatal, se abandonaron numerosos sistemas de mantenimiento preventivo y planificación que anteriormente existían para responder a emergencias.
También afirmó que, durante más de dos décadas, no se implementaron en el sistema sanitario venezolano los programas de preparación para desastres promovidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Asimismo, señaló que la normativa de construcción en Venezuela no incorpora disposiciones específicas para edificaciones resistentes a terremotos, lo que, en su opinión, incrementó la vulnerabilidad frente al desastre.
Desconfianza dificulta la llegada de ayuda
Hannoush indicó que existe una amplia disposición de organizaciones internacionales y miembros de la diáspora venezolana para enviar ayuda humanitaria.
No obstante, aseguró que persiste una profunda desconfianza hacia los mecanismos oficiales de distribución, debido a experiencias anteriores durante la emergencia por COVID-19 y otros desastres naturales, cuando —según afirmó— parte de las donaciones no llegó a sus destinatarios.
Explicó que actualmente colabora para facilitar el ingreso de insumos médicos y garantizar que estos sean entregados directamente a hospitales y equipos médicos que trabajan en las zonas más afectadas.
Confían en una reconstrucción del sistema sanitario
Pese a la magnitud de la tragedia, Hermes Florez expresó optimismo respecto al futuro del sistema de salud venezolano.
Consideró que la experiencia adquirida durante la pandemia de COVID-19, especialmente en telemedicina y educación a distancia, abre oportunidades para que los miles de profesionales venezolanos que emigraron puedan contribuir a formar personal sanitario dentro del país.
No obstante, advirtió que la atención a la emergencia provocada por los terremotos debe ir acompañada de una reforma estructural del sistema de salud, para evitar que futuras crisis vuelvan a encontrar a Venezuela con las mismas deficiencias.
Información basada en una entrevista realizada por The Conversation, publicada el 9 de julio de 2026, a los doctores Hermes Florez y Zeina Hannoush.


