Por Miguel Méndez Rodulfo
Haciendo una apretada síntesis histórica de los sismos ocurridos en Venezuela y el mundo, encontramos la siguiente información significativa:
Terremotos importantes en Venezuela: Cumaná, 1503, magnitud 7,5; San Blas, Táchira y Mérida, 1610, magnitud 7,3; Los Andes, 1674, magnitud 7,4; Santa Úrsula, Venezuela entera, 1766, magnitud 7,9; terremoto de Caracas, 1812, magnitud 7,4; terremoto de Cumaná, 1853, magnitud 7,4; terremoto de Los Andes, 1894, magnitud 7,5: terremoto de San Narciso, centro del país y Caracas-La Guaira, 1900, magnitud 8,0; terremoto de Cumaná, 1929, magnitud 7,0; terremoto de Venezuela, centro del país, 2018, magnitud 7,3.
Terremotos por zonas críticas en Venezuela: Sucre-Cumaná, 1 en el siglo XVI (1530); 2 en el siglo XVII; 3 en el siglo XVIII. 3 en el siglo XIX; 13 en el siglo XX; 5 en el siglo XXI. Mérida y Táchira, 3 en el siglo XVII; 1 en el siglo XVIII; 5 en el siglo XIX; 7 en el siglo XX; 2 en el siglo XXI. Trujillo, 1 en el siglo XVIII. 2 en el siglo XIX; 1 en el siglo XX; 1 en el siglo XXI. Caracas-La Guaira, 2 en el siglo XVII, 2 en el siglo XIX, 1 en el siglo XX; 3 en el siglo XXI.
Terremotos destacados en el mundo: Valdibia (Chile) 1960, diez minutos de duración, intensidad 9,5; Alaska 1964, cuatro minutos y medio de duración, intensidad 9,2; Sumatra (Indonesia), 2004, diez minutos de duración, intensidad 9,1; Tohoku Japón) 2011, seis minutos de duración, intensidad 9,0: Haití 2010, 60 segundos de duración, intensidad 7,0, cifras: 316.00 muertos, 350.000 heridos, 1.500.000 damnificados.
Los dobletes sísmicos son muy raros y más destructivos, porque el primero daña y debilita las estructuras y el segundo golpea antes de que las edificaciones puedan soportarlo. Doblete de Turquía en 2023, magnitud 7,7 y 7,8, 120.000 edificaciones destruidas. Pero en Australia en 1998, hubo un triplete: tres terremotos en un espacio de 12 horas (magnitud 6,2, 6,3 y 6,6).
Las ciudades de Venezuela de mayor exposición sísmica son: Cumaná, Caracas, La Guaira, Mérida, San Cristóbal, Trujillo, Barquisimeto, Valencia y Maracay; esto incluye la propia urbe y sus zonas de influencia. La razón de tan alto riesgo, responde al hecho de localizarse a lo largo de las cordilleras de los Andes y de la Costa, además de estar signadas por las tres principales fallas: Boconó, San Sebastián y El Pilar. En el valle de Caracas, hace 600 años, hubo un mega alud torrencial que bajó desde las laderas de la Silla de Caracas y arrastró sedimentos, lodo y rocas muy grandes, cubriendo Los Palos Grandes, Altamira y La Castellana. Se estima que se movilizaron cerca de 30 millones de metros cúbicos de sedimentos, mucho más que en la tragedia de Vargas de 1999. Estos sedimentos sueltos, no consolidados, dieron origen a suelos de baja densidad e inestabilidad geofísica. En La Guaira los aludes han sido una constante en su historia documentada. Humboldt reseñó detalladamente uno ocurrido en 1798, el cual destruyó parte importante de la infraestructura colonial del puerto. Sucesivamente otros más en 1912, 1938, 1944 y 1951, con consecuencias menores porque entonces había poca población y baja invasión de los conos de deyección, realidad que fue totalmente distinta en 1999. El terremoto de Cumaná de enero de 1929, tuvo magnitud de 7,0 y duración de 15 segundos, devastó la ciudad y produjo tsunamis en el área de golfo de Cariaco. El terremoto de agosto de 1950, de magnitud 6,3, prácticamente destruyó a la ciudad de El Tocuyo, en el estado Lara. Ambos cataclismos son solo dos muestras que evidencian la exposición de las ciudades en Venezuela a sismos graves.
El subsuelo particular de Los Palos Grandes y de Caraballeda está conformado por capas muy amplias y profundas de material sedimentario, cuya acumulación ha ocurrido durante siglos. La Silla de Caracas, que se interpone entre Vargas y el Distrito Metropolitano, con su erosión continua, ha causado esta realidad. Estudios geológicos y geotécnicos realizados en 2002, detectaron que en Caraballeda la franja aluvional se extiende por 450 metros de profundidad hasta encontrar roca sólida; en Los Palos Grandes, la firmeza rocosa se encuentra a 330 metros. La presencia profusa de sedimentos y el alto nivel freático, configuran el llamado “efecto sitio” o zona roja sísmica. Esta realidad obliga a que las bases de las edificaciones que se vayan a levantar allí, deban tener características muy especiales. No todos los sedimentos de Vargas son iguales; el estudio de 2002, determinó que estos se componen de tres capas distintas: la de arriba es una de sedimentos sueltos, la del medio es una más compactada (de origen aluvional), y la de abajo es roca sedimentaria, localizada antes de llegar a la roca sólida. Por otra parte, a lo largo de la franja costera, pero en dirección al sur, como quien se va adentrando hacia la montaña, se encuentra en el subsuelo roca blanda a menor profundidad, lo que significa también piedra sólida más próxima.
Cuando las ondas sísmicas que viajan a gran velocidad por la roca madre, entran de forma repentina en terrenos aluviales (sueltos, blandos, poco consolidados, provenientes de la erosión de las montañas), ralentizan o disminuyen su velocidad de propagación, pero aumentan drásticamente su amplitud; es decir, incrementan su movimiento vibratorio en la superficie. Las ondas se mueven más lentas pero con mayor amplitud, sacudiendo las estructuras con violencia incremental.
En Vargas el alto nivel freático, que se encuentra de 5 a 10 metros de profundidad, agravó la situación provocando la licuación de los suelos, hecho que determinó que los terrenos arenosos, sedimentarios y saturados de agua, perdieran su compactación y dureza, que su firmeza desapareciera y que se volvieran arenas movedizas, en las que muchos edificios se hundieron en sus primeros niveles, colapsando las fundaciones. Un factor que contribuyó a que la tierra se tragara los edificios, fue el tiempo de oscilación o el “período fundamental de vibración”, que en Caraballeda llegó a situar el vaivén de las edificaciones en cerca de los dos segundos, tiempo muy largo si se compara con los 0,3 y 0,6 segundos de Tanaguarena, Muchos otros edificios no se hundieron, pero se derrumbaron como castillos de naipes; otros quedaron en pie, pero su condición es de inhabitabilidad y deben ser demolidos. Unos pocos resistieron sin graves afectaciones estructurales; a esos hay que reforzarlos.


