La luz es tan importante que, para El Génesis, es el primer mandato de Dios en la creación. El Big Bang originario, con su estallido luminoso, ocurrió en la millonésima de segundo en la que el “desorden” del universo se hizo un orden. Aquí, la ciencia y la religión se encuentran. El principio de entropía de la segunda ley de termodinámica es aceptado, por ambas, como la explicación del inicio del universo que conocemos.
La luz, el fuego y la energía, han sido propulsores de la evolución de los seres humanos. Por tenerla, junto con el agua, se han librado guerras, construido imperios y modificado fronteras. Quien controla la energía, controla el mundo. La actual realidad geopolítica planetaria, es una demostración fehaciente de esta afirmación.
Cuando en Venezuela nos dicen “se fue la luz”, nuestro ADN, nos hace reaccionar como lo hicieron todos nuestros ancestros con miedo, con desesperación y con angustia.
A esa reacción natural, se suma, en Venezuela, otra añadida: la indignación.
¿Por qué? Pues, porque el tema de la energía y la electricidad concentran todas las contradicciones, los intereses particulares, así como también, las amenazas y los peligros a los que nos enfrentamos. ¿Cómo? La respuesta es sencilla, En primer lugar, porque la ruina de nuestro sistema energético, es la demostración más patente de como un grupo llego al poder con la intención aviesa de apoderarse de él, para provecho propio. Las más escandalosas tramas de corrupción han girado en torno a PDVSA y a opacos contratos para mejorar el sistema eléctrico nacional. En segundo lugar, porque se ha revelado que los negocios energéticos, con empresas extranjeras, siguen determinando el desarrollo de los acontecimientos políticos del país y en tercer lugar porque el deplorable servicio que hoy padecemos, puede convertirse en un elemento de indignación que nos lleve por caminos desconocidos y peligrosos.
En un santiamén, la gente pueda pasar de “bailar en las calles” a volver a protestar en las calles, como está ocurriendo.
Cada vez, con mayor imprudencia, las elites que nos gobiernan retan al ciudadano con explicaciones mas pintorescas: El sol perpendicular; las iguanas; El Niño. Los eufemismos llenan el diccionario de la literatura oficial: Al racionamiento, lo llaman, administración de carga. El mensaje que te llega al celular, sobre la suspensión del servicio, expresa que “por alta demanda” se ira la luz, cuando todos sabemos que es por baja generación.
Todo el mundo sabe que la poquita electricidad disponible es desviada para atender, con prioridad, la explotación petrolera y no a los hogares y al resto de las empresas y comercios. Y, ese sentimiento de orfandad, mezclada con traición a la gente común, es demasiado potente.
Esta crisis, esta a punto de generar otras oleadas migratorias. No se puede trabajar y producir, en un país, donde falta la electricidad casi 8 horas diarias en promedio. Todos conocemos decenas de pequeños emprendimientos familiares que tienen que cerrar sus puertas porque no pueden encender la plancha, el equipo de soldar, los bombillos de alumbrar o las neveras de los comestibles.
El debate nacional debe incorporar esta realidad, como una de las mas urgentes e importantes del momento.
La calle esta hablando: los planes de dos, tres o de cuatro etapas pueden naufragar. La realidad posterior al 3 de enero, se hace cada vez más terrible de soportar. Conviene a las elites que administran al país, tener en cuenta este estas penumbras y sombras oscuras que se ciernen sobre él.
Ojala, se haga la luz en sus cerebros.
Julio Castillo Sagarzazu


