Una mascota puede brindar consuelo durante un día difícil. Pero ese vínculo no se traduce automáticamente en una mejor salud o un mayor bienestar, según una amplia encuesta suiza.
La investigación halló escasa evidencia de que tener una mascota, por sí solo, estuviera relacionado con una mejor salud física, menor soledad o mayor satisfacción vital. En cambio, los resultados apuntaron a un panorama más complejo, influenciado por el tiempo, la especie, la demografía y el papel que desempeña un animal en la vida de una persona.
Rahel Marti, de la Universidad de Basilea , y sus colegas analizaron las respuestas de 2.328 adultos suizos.
El equipo comparó la tenencia de mascotas, el contacto con los animales, el apego y el apoyo percibido con varias medidas de salud y bienestar.
Un amplio estudio sobre personas y animales
Los datos proceden de MOSAiCH, una encuesta suiza representativa a nivel nacional realizada a adultos mayores de 18 años. Los participantes completaron cuestionarios en alemán, francés o italiano, ya sea en línea o en papel.
De las 6.008 personas invitadas, 3.349 completaron la primera parte. La tasa de respuesta fue del 55,7 por ciento. Una segunda encuesta fue completada por 2.328 personas, casi el 70 por ciento de quienes finalizaron la primera etapa.
Entre los participantes finales, 1.105 tenían una mascota o mantenían contacto regular con animales. Los 1.223 restantes no declararon ninguna de las dos cosas.
La encuesta incluyó perros , gatos, aves, peces, reptiles, insectos, caballos, animales de granja y otras especies. Los investigadores distinguieron entre los animales que vivían en el hogar de un participante y los que se encontraban habitualmente en otros lugares.
También tuvieron en cuenta la edad, el género, la educación, el empleo, los ingresos familiares, el estado civil, el tamaño del hogar y si los participantes vivían en zonas urbanas o rurales.
No existe una clara ventaja para la salud de los propietarios
Tras estos ajustes, los dueños de mascotas calificaron su salud general como ligeramente peor que quienes no las tenían. Además, fumaban, en promedio, unos 0,19 cigarrillos más al día.
La diferencia en el consumo de tabaco fue estadísticamente significativa, pero muy pequeña. Los investigadores advirtieron que podría no representar una brecha significativa en el estilo de vida.
Más allá de esos resultados, los dueños de mascotas y quienes no las tenían eran, en general, similares. No presentaban diferencias significativas en cuanto a visitas al médico, soledad, satisfacción con la vida, bienestar psicológico o apoyo social.
El contacto regular con animales fuera del hogar tampoco mostró una relación general con una mejor salud o bienestar. Las personas que interactuaban con animales pero no los poseían reportaron resultados similares a los de quienes no tenían contacto regular con ellos.
Los resultados ponen en entredicho la idea de un «efecto mascota» universal, según el cual tener una mascota por sí solo mejora la salud de una persona.
El tiempo y la especie moldearon los vínculos emocionales
Los investigadores encontraron patrones más claros al examinar cómo se relacionan las personas con los animales.
En general, las mujeres manifestaron un vínculo más fuerte y mayor apoyo socioemocional por parte de los animales que los hombres. Los participantes que pasaban más tiempo con un animal también tendían a sentirse más cercanos a él y a recibir mayor apoyo de su parte.
Los perros fueron los que más destacaron. Las personas que convivían con perros o interactuaban con ellos con regularidad reportaron un mayor apego y apoyo. La presencia de gatos en el hogar también se asoció con un mayor apego, mientras que los pequeños mamíferos y las aves se vincularon con un apoyo emocional algo mayor.
Los participantes cuyo animal más cercano vivía en su hogar reportaron vínculos más fuertes que aquellos cuyo animal más cercano vivía en otro lugar.
Las personas que nunca se habían casado también tendían a reportar un apego más fuerte. Los participantes jubilados reportaron vínculos algo más débiles, y las personas que vivían en hogares más numerosos obtuvieron puntuaciones de apego más bajas.
En general, los animales de granja y los animales mantenidos en terrarios o acuarios mostraron un apego más débil.
Implicaciones prácticas de la investigación
Futuros estudios podrían aportar respuestas más útiles al analizar cómo interactúan las personas y los animales a lo largo del tiempo. Los investigadores podrían examinar las actividades diarias, la edad y la salud de los animales, su historial médico y las diferencias culturales.
La investigación longitudinal también podría ayudar a distinguir la causa del efecto. Podría mostrar si los animales influyen en el bienestar o si la salud y las circunstancias sociales de las personas determinan su relación con los animales.
Las medidas objetivas de salud y los datos de países distintos de Suiza fortalecerían ese trabajo.
Por ahora, los resultados sugieren que contabilizar a quienes tienen mascotas y a quienes no las tienen podría pasar por alto detalles importantes. El tiempo que las personas pasan juntas, la especie involucrada y el papel emocional del animal podrían ofrecer una visión más clara de cómo las relaciones entre humanos y animales se relacionan con el bienestar.
Los resultados de la investigación están disponibles en línea en la revista PLOS One


