Por Guillermo García
La dolarización, no es la fórmula mágica para resolver los problemas económicos del país, pero logrará, a corto plazo, una estabilidad monetaria que incluye una reducción drástica de la inflación a nivel de un dígito
Un país con grandes desequilibrios macroeconómicos: inflación galopante; depreciación del bolívar constante (crawling peg); sobrevaluación del tipo de cambio oficial; déficit fiscal permanentes; reservas internacionales operativas en niveles por debajo del óptimo requerido; con un aparato productivo muy golpeado por las políticas impositivas y fiscales, que reducen de forma muy significativa los flujos de caja operativos y los márgenes de utilidad y un sistema cambiario de múltiples tasas de cambio que en conjunto han asfixiado en los últimos años a la empresa privada, son el marco de variables macroeconómicas y microeconómicas que un nuevo gobierno debe enfrentar.
Imaginémonos que el gobierno venezolano anuncia la dolarización plena. Elimina los esquemas de subasta e intervención cambiaria y deja flotar el bolívar para que busque su valor de equilibrio antes de establecer la tasa de canje de la dolarización. Establece el salario mínimo en US$240,00 mensual (de acuerdo al esquema que planteo) Vuelve la apertura de los sectores petróleo, gas y minería a las inversiones nacionales y extranjeras calificadas, democratiza a través del mercado de valores nacional las empresas del estado incluidas las empresas mixtas petroleras de la faja (porción de PDVSA a los venezolanos a través de un fondo de inversión petrolero), cierra el déficit fiscal y corriente, todo en aras de generar un crecimiento económico sustentable y con baja inflación con generación importante de inversión directa y de portafolio. Adicionalmente, imaginémonos, el mercado asimila estas medidas positivamente tomando en cuenta que fueron tomadas por una nueva administración con un apoyo popular importante.
¿Qué pasaría con la deuda y su pago? En mi opinión, el establecimiento de la dolarización aunada al conjunto de medidas señaladas, elimina para los tenedores de bonos el riesgo cambiario y de expectativas de restructuración de deuda en default, y el riesgo país caería abruptamente, por lo que tanto los bonos Venny como los bonos PDVSA revertirían su tendencia bajista de precios cercanos a los precios de “Recovery Value” (precios de valor de recuperación) que actualmente registran.
Al reducirse la inflación por efecto de la dolarización y mejoran las expectativas económicas del país como resultado de la estabilidad monetaria que da el dolarizar plenamente, y de la estabilidad de precios y baja abrupta de la inflación, las tasas de interés de los nuevos bonos venezolanos tenderán a ajustarse a la baja por la recuperación acelerada de apreciación de precios de los bonos que se generará y una percepción de menor riesgo país y mejores condiciones para inversión extranjera directa en los diferentes sectores y empresas a ser privatizadas o en esquemas de APP y por la apertura de los sectores petrolero y del gas, lo que generaría una fuente creciente de ingresos y de garantía de repago a los acreedores de la deuda en default y reestructurada . Esto daría soporte para un proceso de negociación de deuda más beneficiosa para la República y la posibilidad de nuevos créditos y accesos nuevamente a los mercados de deuda e inversión internacional. Aquí podría incluirse un esquema de “debt equity swap “para reducir y licuar deuda externa, al mismo tiempo que compensa y canaliza inversión directa a proyectos y sectores que el gobierno quiera incentivar.
Dolarizar plenamente la economía. Por dolarización plena se entiende un paso más: desde la utilización puntual y limitada, al empleo oficial y total del patrón monetario dólar en todas las transacciones. El atractivo principal de la plena dolarización es que elimina el riesgo de fuerte depreciación o devaluación o repentina del tipo de cambio del país. Cuando se habla de dolarización se describe el proceso en el que el dólar se convierte en moneda de uso nacional de curso legal, sustituyendo a la moneda local del país que la adopta.
La plena dolarización permite, en principio, evitar crisis cambiarias y de balanza de pagos. Por ende, es una medida que implica estabilidad económica.
Beneficios de dolarizar
-Estabilización y reducción de la inflación a niveles internacionales de un dígito
-Bajas tasas de interés y con ello mayor acceso a los capitales.
-Eliminación de riesgo de emitir dinero sin respaldo lo que provocaba altos índices inflacionarios.
-Se descarta cualquier influencia política en el manejo monetario y fiscal del país.
-Credibilidad en el esquema monetario y en consecuencia atracción de capitales extranjeros (Inversión directa).
-Mayor integración a mercados internacionales, de capitales y Valores atrayendo inversión foránea de portafolio.
-Balanza comercial que refleja la realidad productiva del país al no poder devaluar la moneda y beneficiar a los exportadores con esta medida.
La dolarización, no es la fórmula mágica para resolver los problemas económicos del país, pero logrará, a corto plazo, una estabilidad monetaria que incluye una reducción drástica de la inflación a nivel de un dígito, tasas de interés bajas, y de la incertidumbre para invertir. Se recuperará el salario, ahorro y el patrimonio de los venezolanos, porque se elimina el riesgo de la devaluación e inflación, y el financiamiento crediticio de la República mejora. La dolarización alentará la inversión extranjera y nacional de largo plazo por la estabilidad monetaria y baja inflación, y potenciara fuertemente la posibilidad de inversiones en la faja, petroquímica, industria, agricultura y agroindustria, turismo, construcción, electricidad, telecomunicaciones, data centers y retail.
En mi opinión, solo la dolarización plena es la alternativa de menor impacto de costo social y de ajuste económico, dando la posibilidad cierta de mejora sustancial de la calidad de vida en el corto, mediano y largo plazo de la población, cuando se compara con otros esquemas tradicionales ortodoxos de política económica y cambiaria que se han aplicado desde 1983 y han resultado en un verdadero fracaso. Este es el reto de un nuevo gobierno, cambiar el modelo radicalmente, no hay tiempo y paciencia para más fracasos.
(*) Asesor Financiero
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