Perkins Rocha, a dos años de su detención: “La razón de mi vida de aquí en adelante es luchar contra la injusticia”

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Perkins Rocha cumple dos años desde que fue detenido. El abogado del Comando Con Venezuela, que actualmente permanece bajo arresto domiciliario después de haber pasado 535 días recluido en El Helicoide, asegura que la experiencia de prisión cambió su manera de entender la libertad y lo llevó a replantearse qué quiere hacer cuando pueda recuperarla plenamente.

Vente Venezuela

“Acá abro los ojos y tengo luz, pero sigo preso”, afirma Rocha al describir la diferencia entre su situación actual y los días que pasó en la oscuridad de El Helicoide. Para él, la mañana se convirtió en el momento más importante del día: abrir los ojos y comprobar que existe luz, incluso en medio de una situación de encierro.

Pero las noches, dice, son distintas. Cuando cae el sol recuerda a sus amigos y a los cientos de personas que, según sus palabras, permanecen privadas de libertad “sin debido proceso y sin derecho a defenderse”. Esa realidad terminó convirtiéndose en parte central de su propósito.

“Si recupero la libertad, salir con un propósito. No solo luchar en términos generales por ella, sino en particular por los que hoy están sin debido proceso y sin derecho a defenderse”, señala.

Una vida dedicada al derecho

Rocha explica que su experiencia también le permitió mirar de otra manera los casi 39 años que lleva como graduado en Derecho. Después de décadas dedicadas al estudio jurídico, asegura que ahora comprende con mayor claridad el sentido que tiene para él esa trayectoria.

“La razón de vida de aquí en adelante” es, dice, “no luchar por la justicia, sino luchar contra la injusticia”. Para Rocha, esa lucha trasciende la situación venezolana y no tiene un punto final mientras exista injusticia en el mundo.

La prisión también modificó su relación consigo mismo. Describe su vida actual como fragmentada y explica que la experiencia en El Helicoide produjo una especie de ruptura entre su conciencia, su cuerpo y sus recuerdos.

“Yo no era yo en El Helicoide”, afirma. “Por un lado iba mi conciencia, por otro lado iba mi cuerpo, en otro lado iban mis recuerdos”. Ahora, asegura, se encuentra en un proceso de reconstrucción personal.

Del enojo al entendimiento

Su relación con quienes lo custodiaban también cambió durante el encierro. Rocha cuenta que inicialmente sentía rabia hacia los custodios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), pero posteriormente comenzó a verlos como seres humanos con sus propios dramas.

Al mismo tiempo, recuerda que él y sus compañeros de prisión eran conscientes de que afuera había personas trabajando por su liberación. Esa expectativa, sostiene, les permitió mantener la esperanza.

“Llegó el 3 de enero”, recuerda, y atribuye parte de ese desenlace a la manera en que su grupo político logró llevar su situación hacia espacios internacionales.

“Me han hecho un gran favor”

Lejos de describirse como una persona quebrada por el encarcelamiento, Rocha sostiene que la experiencia tuvo el efecto contrario.

“Creo que me han hecho un gran favor. Creo que, si la idea era quebrarme, voy a salir mucho más tranquilo. Voy a salir un poquito más fuerte”, afirma.

Sin embargo, reconoce que también siente temor ante la posibilidad de recuperar plenamente la libertad. Ha imaginado numerosas veces cómo será ese momento y ha llegado incluso a escribir mapas mentales sobre lo que hará cuando vuelva a ser libre.

Con el tiempo, esos planes fueron cambiando. Al principio estaban concentrados en tareas jurídicas y políticas. Después comenzaron a aparecer otras cosas que antes consideraba secundarias: abrazos pendientes, conversaciones con familiares y palabras que quedaron sin decir.

“Ahora las creo fundamentales”, afirma. Entre esas prioridades menciona a su madre, sus familiares y la necesidad de resolver asuntos pendientes y perdonar a personas cercanas.

También quiere volver a correr. Menciona el Parque del Este y un parque en Cardiff, donde vive su hijo menor. Recuerda que en 2023, mientras se encontraba en un bosque de esa ciudad, sintió que venían momentos difíciles y se preparó mentalmente para enfrentarlos.

Asegura que ese recuerdo le permitió afrontar el año siguiente con fortaleza y sobrevivir sus 535 días de encierro “con orgullo”, convencido de que los acontecimientos que había previsto terminarían ocurriendo.

La libertad después de la prisión

Rocha no sabe exactamente cómo será su vida una vez que pueda recuperar la libertad plena. La compara con la experiencia de una persona que recupera la vista después de años: primero mirar hacia los lados, tocar las cosas, caminar lentamente y, poco a poco, recuperar el ritmo habitual.

“Yo tengo un gran temor de qué voy a ser cuando sea libre otra vez plenamente”, reconoce. Al mismo tiempo, dice estar dispuesto a asumir la responsabilidad que implica esa nueva etapa.

En ese futuro, su prioridad parece haber cambiado. Ya no piensa únicamente en las grandes tareas políticas o jurídicas. Después de dos años de prisión, las relaciones personales y los momentos cotidianos ocupan un lugar mucho mayor.

El presente antes que el legado

Rocha tampoco parece preocupado por construir un legado. Dice que le interesa más el presente y, especialmente, la relación con sus hijos, familiares y amigos.

“No estoy preocupado ni ocupado por dejar un legado”, afirma. Lo que quiere es que sus hijos lo recuerden con afecto, de la misma manera en que él conserva el recuerdo de su padre.

Su mayor satisfacción, asegura, es haber mantenido la coherencia con sus propias convicciones. La experiencia le permitió comprobar que, a su juicio, vivir de acuerdo con los valores que uno defiende puede dar tranquilidad incluso en las circunstancias más adversas.

“Me llevo la satisfacción de sentirme fuerte y poder asumir sin miedo ningún otro reto que se me ponga la vida”, sostiene.

“Aunque el mal puede llevarte y puede matarte, tú eres más fuerte que el mal”

Entre los episodios que recuerda está una noche en la que fue sacado de El Helicoide junto con otras dos personas y trasladado a la oficina del entonces fiscal general, Tarek William Saab.

Rocha describe aquella situación como un intento de provocar una confesión y ejercer presión psicológica sobre los detenidos. Cuenta que permaneció esposado de manos y pies mientras Saab lo confrontaba de manera, según su relato, “muy grosera y muy violenta”.

Pero asegura que aquella escena produjo en él una sensación inesperada: calma.

“Algo ha pasado en mí que todo esto lejos de debilitarme me está fortaleciendo”, recuerda haber pensado. Para Rocha, la firmeza en las propias convicciones puede convertirse en una forma de resistencia.

“Aunque el mal puede llevarte y puede matarte, tú eres más fuerte que el mal simplemente por ser firme”, afirma.

A dos años de su detención, y después de más de 500 días en El Helicoide, Rocha mira hacia una eventual libertad plena con una mezcla de temor, esperanza y responsabilidad. Su experiencia, dice, terminó redefiniendo aquello por lo que quiere luchar: no solo recuperar su propia libertad, sino ayudar a quienes continúan privados de ella.

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