Venezuela: clave estratégica del hemisferio occidental

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Por Juan Fernández

I. Nuevo orden Mundial

El segundo periodo de la Administración Trump en los Estados Unidos, la compleja situación de Europa afectada por la guerra entre Rusia y Ucrania, más el impacto de la inmigración masiva con un alto porcentaje de ilegales, el conflicto iraní en el Medio Oriente, los movimientos y acciones geopolíticas de China, el rol de Japón, Corea del Sur, la influencia de India y Pakistán, el viraje político en América Latina, los cuestionamientos hacia organismos como la ONU, la OTAN, la OEA, inclusive los organismos multilaterales, etc., están generando movimientos muy rápidos que vislumbran la llegada del nuevo orden internacional.

En este contexto, destaca con gran relevancia la búsqueda por parte de los países de su autosuficiencia energética vía un portafolio de fuentes diversas, las cuales deben mantener la competitividad de sus economías. Las estimaciones sobre consumo se centran en especial por el aumento esperado del consumo eléctrico, cuya demanda se incrementa con el desarrollo de nuevas tecnologías para apalancar la creciente evolución de la inteligencia artificial y todos los cambios que resultarán de su aplicación, además de satisfacer la demanda en transporte, industria, sector financiero, más el aumento poblacional, etc.

Lo anterior nos indica que Venezuela, dados sus inmensos recursos energéticos y una situación geográfica privilegiada, altamente competitiva en costos, tendrá una enorme importancia en este nuevo contexto y ciclo. El propósito es aprovechar esta nueva oportunidad con un rol relevante de suplidor confiable de energía y recuperar lo más rápidamente posible la senda del crecimiento económico, hacia una economía diversificada.

Por tanto, Venezuela enfrenta un gran desafío, evolucionando a lo que debe ser un inmenso polo de desarrollo y oportunidades comerciales en el hemisferio occidental. Sin embargo, el crecimiento económico de Venezuela enfrenta retos de gran envergadura, como lo son recuperar su estabilidad política, devolviendo al país la institucionalidad, el Estado de derecho, y un Estado promotor y regulador con una economía orientada al mercado que promueva el emprendimiento y al sector privado.

Dos objetivos prioritarios de la gestión gubernamental son resolver la profunda crisis humanitaria e impulsar oportunidades dentro de su portafolio energético, generando confianza para atraer inversiones desde el sector privado e implementar una arquitectura de cambios estructurales vitales como la recuperación del sector eléctrico, más el crecimiento sostenido de la producción de petróleo y gas natural. Es necesario volver a destacar acá la necesidad de ser un país confiable y estable políticamente, con instituciones respetables y un sistema de gobierno con independencia de poderes, un gobierno honesto, bajo reglas claras, estables, con rendición de cuentas y donde la gerencia de lo público se haga con procesos transparentes y competitivos.

II. El deterioro de dos décadas

En los últimos 20 años, el régimen gobernante dejó de lado las responsabilidades y obligaciones con la población para dar prioridad a un proyecto político totalitario que nos encerró en el atraso y la destrucción de la capacidad productiva; por tanto, el tejido social se deterioró significativamente. Es decir, su gestión es de un fracaso total.

Esta gestión irresponsable expropió propiedades, acumuló deudas, no ejecutó las inversiones y gastos de mantenimiento en infraestructura social básica y destruyó y politizó las organizaciones operativas en las áreas fundamentales de la economía, como lo son la electricidad, el petróleo y el gas natural.

1. La electricidad

Hasta los primeros años de este siglo, el sistema eléctrico venezolano fue considerado el más avanzado de América Latina y contaba con generación hidroeléctrica por parte del Estado y generación termoeléctrica privada y pública, con un sistema de transmisión interconectado que era la columna vertebral y cuya cadena de distribución y comercialización alcanzaba la mayor parte del territorio poblado nacional.

Esta infraestructura aún consta de ocho plantas hidroeléctricas, en las que destacan sobre el río Caroní las represas de Guri, Macagua y Caruachi, las cuales constituyen el polo generador más grande del país, con una capacidad instalada de 15.000 MW, y a la espera de la completación de la represa Tocoma y otras inversiones y reparaciones requeridas en el bajo Caroní.

En el sector termoeléctrico, igualmente existe una red de plantas con una capacidad instalada relevante a lo largo del occidente, centro-norte y este del país de aproximadamente 20.000 MW, las cuales consumen gas natural, diésel y fueloil.

Esta infraestructura termoeléctrica se ha deteriorado de forma severa en los últimos 20 años, producto del abandono gerencial, la estatización y centralización de todas las empresas operadoras privadas y públicas con la creación de Corpoelec, la falta de criterios técnicos y profesionales en la toma de decisiones, la fuga de talento y personal experimentado, la politización organizativa, el abandono de las políticas y planes de mantenimiento, y la inmensa corrupción.

Venezuela tiene el reto de rehabilitar con inversión privada toda la infraestructura de generación hidroeléctrica y termoeléctrica, recuperar físicamente las plantas y estabilizar su operación, así como el sistema de transmisión. Esta tarea es esencial para impulsar el crecimiento de otros sectores económicos de la nación. Para ello se requiere un nuevo marco jurídico y regulatorio apropiado al Sistema Eléctrico Nacional, dirigido a lograr la total privatización del sector, la asistencia técnica de empresas calificadas, la total recuperación y completación de los trabajos en las plantas hidroeléctricas —en especial Guri y Tocoma—, la reparación del sistema de transmisión asegurando un suministro seguro y confiable de gas natural y el establecimiento de un sistema de precios y tarifas eléctricas que cubra los costos operativos, el adecuado retorno a las inversiones efectuadas y permita la competencia entre los distintos operadores.

2. El gas natural

Hoy el mundo ha incrementado el consumo de gas natural, entendida la diversificación de fuentes energéticas como una alternativa de suministro que, en el caso del gas natural, genera un efecto multiplicador importante en la economía para el desarrollo industrial, petroquímico, doméstico, etc. De aquí que la gasificación de Venezuela es un megaproyecto que será factor transformador de la economía interna, pero además abrirá oportunidades con los países vecinos en el suministro de gas, lo que constituirá una acción clave para la región.

Venezuela tiene un excelente potencial para mejorar la oferta de gas, pero su materialización requiere de la voluntad y el consenso político necesario para hacer cumplir, por un lado, los planes de largo plazo del sector y que el Estado cumpla con su rol de regulador y de árbitro ante la situación de monopolio natural que el negocio del gas representa hoy en día, para llevarlo a un mercado de competencia; y, por el otro, la amplia participación de empresas privadas con el debido músculo financiero, técnico y gerencial. De aquí que, sin contar con lo que pudiera aportar el esfuerzo exploratorio futuro —en especial en la plataforma continental—, los campos en Venezuela pueden ofrecer un potencial de gas para el mercado de 3.000 MMPCD en el corto y mediano plazo, y de 9.000 MMPCD en el largo plazo.

Para alcanzar estas metas volumétricas, se deben tomar un conjunto de acciones para aprovechar el gas natural y aumentar su oferta en Venezuela, de las cuales se pueden mencionar las siguientes:

  • Permitir la mayor participación posible del sector privado en toda la cadena de los hidrocarburos, cediéndoles la administración y control del negocio en la mayoría de los casos.
  • Promover la maximización de la producción de crudos livianos con relativa alta relación gas-petróleo, garantizando la recolección de la totalidad del gas producido mediante estrictas regulaciones de conservación y condiciones de precios que garanticen la viabilidad económica de la actividad.
  • Negociar y ofrecer condiciones para que los privados puedan justificar acometer el desarrollo faltante en los campos actualmente bajo licencias de gas.
  • Solucionar el grave problema de la quema y el venteo de gas a la atmósfera, y con ello acometer el mejor estudio posible para evaluar y determinar la conveniencia y oportunidades de desinfle en áreas del Norte de Monagas.
  • Ofertar la totalidad de las áreas del país con potencial exploratorio, sin distingo entre gas asociado y no asociado, y con condiciones fiscales competitivas con respecto al resto del mundo.
  • Finalmente, y no menos importante, establecer una política de precios y tarifas que permita una adecuada rentabilidad al productor y otros inversionistas en la cadena de valor, y un precio acorde para todos los consumidores.

No obstante, es importante resaltar acá que todas estas acciones requeridas para incrementar la oferta de gas —donde el gas asociado a la producción de crudo y el gas no asociado proveniente de la producción bajo licencias convergen como una oferta única de gas metano o gas seco— se deberán dar en simultáneo con el proceso de apertura a la máxima participación privada en toda la cadena de valor, durante la reestructuración y redimensionamiento de Pdvsa y de la industria petrolera en general.

Aunque la mayor producción de gas natural para el mercado interno proviene del oriente del país, la red de transporte primaria de gas natural está totalmente interconectada y cubre todo el occidente, centro, oriente y sur del país. La llegada de inversión privada deberá traducirse en mejoras en la confiabilidad del suministro en los sistemas de transporte, distribución y comercialización de gas natural, beneficiando no solo al sector eléctrico, sino también al petroquímico, al industrial y a la población en general. De este modo, el conjunto de plantas del sistema termoeléctrico nacional —previamente recuperado y operativo a lo largo del país— y su potencial expansión para ofrecer mayores capacidades de transmisión eléctrica, no deberán confrontar problemas relacionados con la oferta de gas.

Adicional a lo anterior, el déficit de gas metano en el occidente del país puede corregirse con diversas acciones, entre ellas con el incremento de la producción en la licencia del área Cardón IV. Para ello se deben dar las condiciones requeridas por el operador actual con base en una apropiada negociación de la deuda y los condensados producidos. Asimismo, se debe facilitar la expansión del gasoducto Ule-Amuay y la rehabilitación y completación de pequeños tramos de gasoductos hacia las plantas termoeléctricas no conectadas. Estas acciones pudieran incluso lograr la exportación de excedentes de gas natural a Colombia.

Es indispensable que ambos sectores, eléctrico y de gas natural, se recuperen en simultáneo y que todos los actores con responsabilidad política en el futuro nacional tomen conciencia de ello.

3. El petróleo: motor de arranque

Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo. Cualquier número que se tome de las estimaciones existentes siempre será muy grande, por lo que los objetivos para la recuperación de la producción se apoyarán en contar con un adecuado y competitivo marco jurídico y fiscal, políticas de estímulo a la máxima participación privada sin la intervención del Estado, y una Agencia Regulatoria que estimule la producción y el logro de oportunidades; acciones todas contenidas en una moderna Ley Orgánica de Hidrocarburos, proyecto que hemos elaborado y que está a la espera de su aprobación por una nueva y legítima Asamblea Nacional.

Venezuela cuenta con reservas importantes de crudos livianos y medianos, las cuales son similares a todas las reservas de los EE. UU. No obstante, la mayor cantidad de reservas explotables se encuentra en la Faja Petrolífera del Orinoco. Este inmenso reservorio de crudos pesados contiene crudos que varían desde los 8,5° API hasta los 14° API; su recuperación o explotación comercial ha sido un gran laboratorio de uso tecnológico y hoy en día —mediante el uso de dilución con crudos livianos, nafta o condensado, o mediante el uso de mejoradores— permite alcanzar un menú de opciones que se adaptan a la demanda del mercado internacional.

En la actualidad se estima que Venezuela produce alrededor de 1 millón de barriles diarios; sin embargo, la aceleración de la producción en el tiempo dependerá de la confianza y el apetito del inversionista privado. Estimaciones diversas sitúan la evolución de la producción posible en los 6,0 millones de barriles en los próximos 10 años, aun cuando la potencialidad de producción puede ser mayor dependiendo del apetito inversionista. Los mercados fundamentales están en la costa este de los Estados Unidos, el Caribe, Europa y, marginalmente, Asia.

Al igual que el sector eléctrico, el petróleo necesita de un nuevo marco jurídico, en especial cambios en la gobernanza del sector, condiciones competitivas en cuanto a regalía, impuestos y la libre participación del sector privado en toda la cadena de valor del negocio, entre otros aspectos.

4. Régimen interino: insuficientes reformas legales en los sectores eléctrico, gasífero y petrolero

Dentro de las reformas realizadas por la Asamblea que sirve al régimen interino, tanto en la Ley Eléctrica como en la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la estrategia ha sido mantener por un lado el control de la actividad, permitiendo solo una participación minoritaria en las empresas mixtas o fungiendo como contratista del ente del Estado, a lo que se suma la alta discrecionalidad del Ejecutivo, en especial para los aspectos clave y definitorios de la decisión de inversión por parte de los privados. Además, tal como ha sido en estos pasados 25 años, se mantiene la opacidad en la gestión, ya que no se conocen cuáles son las condiciones del otorgamiento de esos contratos, ni cómo se determinan los participantes, ni si existen condiciones preferentes, etc.

La realidad nos dice, por ejemplo, que las empresas grandes en su mayoría solo han firmado memorandos de entendimiento, y en el caso del petróleo los socios están dando prioridad a recuperar la deuda, con un crecimiento por etapas que garantice la recuperación de la inversión; es decir, con un crecimiento cauteloso. Por otro lado, varias de las empresas pequeñas y medianas tienen como modelo de negocio, vía contratos de producción compartida, adquirir la opción para posteriormente —con el cambio político esperado— monetizar y traspasar la inversión para que un tercero la ejecute.

Asimismo, hay un elemento central para la toma de decisiones de los privados (que ya lo observamos en el sector eléctrico) que se resume en: ¿Cómo me van a pagar? La situación financiera del país es crítica y no hay claridad en cuanto al tratamiento de las deudas comerciales y financieras de la República.

El régimen interino hace mucho esfuerzo mediático y propagandístico para dar la sensación de una avalancha de inversiones. Sin embargo, no es el anuncio lo importante, sino la ejecución física, y hasta el momento muy poco se puede comprobar en este sentido.

5. Un cambio fundamental y estructural del país

Venezuela ha entrado a partir del 3 de enero del presente año, con la salida de Nicolás Maduro y el debilitamiento de su régimen, en un periodo de tutelaje por parte de la Administración de los Estados Unidos de América que conlleva un proceso de cambios estructurales, los cuales tienen como objetivo la estabilidad política, la creación de nuevas instituciones democráticas estables en el tiempo y la elección de un gobierno legítimo electo por los venezolanos. Por ello, confiamos en que —con el desarrollo de toda nuestra potencialidad y todas las acciones que estamos llamados a ejecutar— nuestra oferta energética nos hará únicos y con seguridad estaremos destinados a convertir a nuestro país en un gran exportador de crudos, productos refinados y gas natural licuado, en un polo de atracción para los centros de datos en busca de gas natural y electricidad, así como en un lugar de amplias oportunidades de inversión.

Los cambios en el modelo económico del país y su reestructuración deben estimular el emprendimiento y la participación privada mediante una política gubernamental para el desarrollo del portafolio energético de Venezuela, siendo así una fuente de oportunidades para que empresas pequeñas, medianas y grandes, y en especial los ciudadanos de a pie, tengamos acceso.

El desarrollo de una alianza energética con los Estados Unidos —considerando que es el mercado que mayor valor le da a nuestro portafolio de petróleo— es una tarea estratégica que debemos organizar, acordar y estructurar para lograr el mayor beneficio para ambas partes. En el próximo artículo tocaremos este tema.

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