El clima global atraviesa una de sus alteraciones más significativas debido a la interacción entre los océanos y la atmósfera. En el centro de esta dinámica se encuentra el fenómeno de El Niño, una fase cálida del ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Este proceso consiste en un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, el cual se desplaza progresivamente desde las costas orientales de Australia hacia la costa occidental de América del Sur.
Por: Karla Pérez Castilla – El Nacional
Se trata de un evento que la Organización Meteorológica Mundial cataloga como de gran magnitud o muy fuerte, reservado para los eventos donde la anomalía de la temperatura superficial del mar supera los 2 grados Celsius sobre el promedio regular. A este fenómeno coloquialmente se le conoce como “Súper Niño”.
“¿Qué ha ocurrido este año? El Niño se ha catalogado como un evento muy fuerte. Ese es el término técnico. La OMM define que El Niño puede ser débil, moderado, fuerte y muy fuerte. El término Súper Niño es el término popular y el término técnico es un Niño muy fuerte, que es lo que está sucediendo este año”, aclara el ingeniero hidrometeorologista Valdemar Andrade.
Andrade, profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que este evento está fundamentado en anomalías térmicas precisas dentro del Pacífico central que alteran la circulación atmosférica global y modifican los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas regiones del planeta.
Mientras que en países como Ecuador, Perú, Chile y el sur de Brasil este ciclo suele desencadenar lluvias torrenciales e inundaciones —como las crecidas del río Paraná—, en el norte de Suramérica, Centroamérica y el Caribe el panorama es opuesto.
A diferencia de su fase contraria, La Niña —caracterizada por un enfriamiento marino que históricamente trae consigo precipitaciones superiores a lo normal en 64% de las ocasiones en Venezuela—, cuando hay un evento de El Niño en Venezuela, 72% de las veces llueve menos que el promedio, por lo que se registran años secos, así como una reducción en la disponibilidad de agua para los embalses de acueducto, riego y generación hidroeléctrica.

“El efecto del niño es un calentamiento de la masa del océano Pacífico de un núcleo de calor que se va moviendo desde la Costa Oriental de Australia hacia la Costa Occidental de la América del Sur. Entonces, es una masa de agua caliente. La clasificación de débil, moderado, fuerte y muy fuerte significa que esos valores superen 0,5, 1, 1,5 y 2 grados Celsius de aumento de temperatura sobre el promedio. Entonces, esa onda de masa de agua muy caliente o cálida cuando llega a la Costa Occidental de la América del Sur interrumpe la corriente de agua del Pacífico que viene desde el Polo Sur y va ascendiendo por la Costa Occidental de la América del Sur. A esa corriente se le llama la Corriente Humboldt”, explica el ingeniero.
Andrade recalcó que este incremento generalizado de la temperatura a escala nacional altera la frescura tradicional de los meses de cierre de año.
Los estragos de este ciclo climático ya se han hecho sentir con fuerza en los últimos meses tanto a escala nacional como regional. En Venezuela, las altas temperaturas sostenidas durante el día, sumadas a la baja humedad y la escasa nubosidad influenciada también por la declinación solar, han propiciado un ambiente sumamente caluroso que se extenderá durante todo el último trimestre del año.
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